Archivo de la categoría: Extractos

CAPÍTULO 4 DE “BORN OF DEFIANCE”

–Sí, todos nosotros tenemos vergüenza de las siglas de identificación al principio, pero normalmente desaparece después de una o dos peleas. Rara vez suceden dentro de nuestra nave.

Felicia arqueó una ceja a Talyn.

–¿Así que tú no fuiste siempre Pit Viper?

–No. Fui un tonto mestizo, hasta que me cansé del gigante y arrogante bastardo, el cual me lo puso. Él se estaba burlando de mí como de costumbre y luego cometió el error de hablar mal de mi madre. Me congelé en un momento y, sin previo aviso, lo tiré con un solo golpe. De ahí el nombre. Cuando estoy así, tienes que correr. Significa que estoy acechando y a punto de atacar… con consecuencias fatales.

Ella le dio de comer más hielo.

–Así que Blister es la única cosa que recuerdas de toda la pelea, ¿eh? Creo que tengo que hacer una evaluación psicológica acerca de eso.

Sonriendo por sus juguetonas burlas, él apartó la mirada. Hasta que recordó algo.

–Ahora que lo mencionas, creo que estaba hablando de Syndrome cuando mi nave subía.

Felicia se quedó helada al oír el nombre.

–¿Syndrome?

–Una mujer de mi equipo… ¿por qué estás tan enfadada?

Ella trató de reprimir su ira, pero era imposible. Una parte de ella quería golpearlo. Por encima de todo, quería encontrar a esa hembra y asegurarse de que entendiera los inseguros términos que Talyn tuvo con aquella persona en su vida.

Con un movimiento de la barbilla, ella indicó los ramos de flores y los globos que se alineaban en el estante frente a su ventana.

–Syndrome envió eso para ti… uno nuevo cada día que has estado aquí. A ella realmente le debes de gustar.

Talyn se frotó la cabeza mientras trataba de recordar.

–En realidad no. Ella por lo general gruñe un insulto con una mirada en mi dirección. –Había un recuerdo de algo acerca de Syndrome en su mente, pero él no podía encontrarlo–. Debí haber recibido un blaster por ella. O algo se estrelló contra mí. Tal vez.

–Te dispararon. –Dijo su madre mientras se reunía con ellos–. ¿Realmente no oíste las alarmas que te avisaban de que habías sido visto?

Él negó con la cabeza.

–Hubiera tomado una acción evasiva de haberlas oído.

–¿Qué significa eso? –Le preguntó Felicia a su madre.

Talyn se lo explicó por ella.

–Siempre que un enemigo tiene un objetivo sobre nosotros, nuestras alarmas se apagan para advertirnos que estamos a punto de ser disparados, para que podamos salir de su camino.

–¿No funcionaron?

–Posiblemente.

Su madre cruzó los brazos sobre su pecho.

–Hablé con el personal de tierra que peinó los restos de tu nave ayer. Están bastante seguros de que fuiste golpeado por un fuego amigo.

Aun así, no lo podía creer.

–¿Cómo? Nuestros sistemas no se pueden bloquear los unos a los otros, o se encenderían. Están bloqueados.

Su madre no estaba dispuesta a dejarlo.

–Se ha sabido que sucede, de vez en cuando.

–¿Podría ser que los Tavali utilizaran nuestro sistema de armada? –Preguntó Felicia–. Tal vez realmente fueron ellos.

Él negó con la cabeza, de nuevo.

–Hay un programa especial de lucha que utilizamos. Incluso si tenían uno de nuestros sistemas, no proporcionaría el código correcto para silenciar las alarmas en mi caza. Cada batalla tiene un nuevo y único código que no se genera hasta que vayamos para esa pelea específica.

La furia oscureció la mirada de su madre.

–Cuando me entere de quién te disparó, habrá sangre derramada por ello.

Talyn se quedó mirando a la pared sin responder. Sólo un Andarion se habría atrevido a hacerlo.

Anatole.

Él no tenía ni idea de por qué ese bastardo tenía un tipo de enganche con él. Pero lo tenía. Y no había nada que su madre pudiera hacer. Ni siquiera podía conseguir que Talyn fuera reasignado a otro puesto. Así que no dijo nada. Toda la verdad la molestaría. Ella nunca se había manejado muy bien cada vez que algo estaba fuera de su control. Sobre todo cuando él y su bienestar estaban involucrados. Entonces su culpa aparecería y Talyn odiaba verlo en sus ojos.

No era su culpa que su padre la hubiera abandonado, mientras que ella había estado embarazada. Eso pesaba únicamente en los hombros de Fain Hauk. Él era el hijo de puta irresponsable que la había embarazado y alejado sin mirar atrás.

Lo único que había hecho mal era renunciar a su vida y su prestigio para mantener a Talyn. Aunque hubo momentos en que deseaba que nunca hubiera nacido, nunca había lamentado que su madre se quedase con él. Su vida habría sido infinitamente peor si ella se hubiera dado por vencida. Mientras que los huérfanos sin paternos o maternos linajes estaban técnicamente por encima de su linaje en su rígida sociedad, eran totalmente excluidos para los militares. Su papel habría sido la de un mero siervo, forzado a la más baja categoría de los trabajos.

Tomando la mano de su madre, se lo acercó a su corazón.

–Te amo, Talyn. –Susurró, besando su sien.

Talyn aumentó la presión sobre la mano de su madre, pero no habló. Su gratitud hacia ella era demasiado grande para ser trivializado por palabras que no podían transmitir la profundidad de lo que realmente sentía.

Buscó a Felicia y la tomó de la mano, también.

–Mis dos munataras. No podría pedir una mejor compañía.

–Bueno, mira esto… y aquí yo sintiendo lástima por su culo podrido. Infiernos, por estas dos magníficas hembras consintiéndome, me pondría a tiro, también.

Resoplando, Talyn miró hacia la puerta para ver a Erix como se unia a ellos.

–Claro. Lloras hasta por un rapado.

Con los brazos cruzados sobre el pecho, Erix se trasladó hasta los pies de la cama para fruncir el ceño a Talyn.

–¿Cómo te sientes, chico?

–Al igual que si fuera a unas cuantas misiones contigo.

Erix chasqueó la lengua.

–La adulación sólo obtendrá una hora extra de vueltas.

–Siempre amenaza sobre eso, pero nunca lo hace.

–Porque eres tan bonito, que me recuerdas a mi hija. –Erix miró a la madre de Talyn–. ¿Alguna palabras de cuándo puede irse?

–Una vez que le den alimentos sólidos durante un día completo sin ningún tipo de complicacion, le dejarán que se vaya a casa.

Él asintió con la cabeza.

–Tendré a Ferrick reprogramando algunas peleas.

–Ferrick me va a matar.

Erix se burló.

–No te preocupes por ese viejo buitre. Yo me ocuparé de él. Tú céntrate en mejorar.

Talyn asintió.

–Saldré de aquí tan pronto como sea posible.

No tenía intención de permanecer en esta cama un minuto más de lo que fuera absolutamente necesario. Pero mientras escuchaba a su madre y a Erix hablar, su memoria empezó a llenarse poco a poco de los detalles de su misión.

Más que eso, se acordó de por qué Syndrome le había enviado flores.

Anatole estaba abusando seriamente de su poder y Talyn lo había desafiado. Al parecer, se trataba de cómo el capullo real respondía a una invitación válida.

Con la traición.

Bien, perro. Si Anatole no quería enfrentarse a él en el Anillo como un verdadero Andarion, Talyn iría por su cabeza y se presentaría.

De una forma u otra, acabaría esto.

*********************************************

A solas en su habitación, Talyn se burló de la noticia que cubría su batalla contra los Tavali.

–El coronel Anatole emergió como el héroe del día. Con siete muertes, él solo salvó la unidad y la vida de cada Andarion que lucharon junto a él. Andaria tiene una deuda tremenda con el miembro de la familia real. Tenemos suerte de tener a alguien como él a nuestro lado.

Talyn lo apagó antes de que se lanzara, justo sobre el jefe. Ridículo.

Su enlace zumbó. Pensando que era su madre o Felicia para comprobarlo, él respondió sin revisar la ID.

Era el Mando.

–Major Batur, hemos recibido su informe y el comandante de primera lo ha revisado. Queríamos asegurarnos de que está dispuesto a defender lo que ha escrito, ya que contradice seriamente lo que los coroneles Anatole y Pinara han informado.

Él frunció el ceño.

–¿Qué quiere decir?

Un archivo apareció en su enlace.

–Ellos dicen que usted es el que ha ido dando proposiciones a las hembras de su escuadrón, y el coronel Anatole ha jurado el testimonio de seis mujeres diferentes que dicen que se ha comportado de manera inapropiada con ellas. El comandante está revisando el resto de su archivo para ver si un descenso de categoría está en orden. Así que de nuevo, me pregunto, ¿desea presentar su informe y hacer que forme parte de su expediente?

Talyn no podía respirar cuando esas palabras se hundieron en él y se dio cuenta de que Syndrome lo había arrojado a los lobos por atreverse a ayudarla.

–¿Qué es exactamente lo que dijo la coronel Pinara?

–Ella dice que la ha acosado en dos ocasiones separadas, y que ella le ha visto a usted exhibiéndose con otras mujeres de su equipo.

Talyn apretó los dientes. Así, que él puso su culo en la línea de fuego por Syndrome y ella le había vendido. Jodido infierno. ¿Por qué estaba incluso sorprendió?

–¿Quiere continuar con su informe, comandante?

La parte suicida de Talyn estaba lista para llevarlo a cabo, pero la mitad más sana de su cerebro lo sabía mejor. Él era un bastardo Vest. Sin corroboración, nadie le creería. No contra un miembro de la familia real.

El clavo que sobresale debe martillarse. El viejo proverbio Andarion pasó por su cabeza. Y estaba cansado de recibir esos golpes. Al diablo con esta mierda.

–No. Por favor, destruye el informe.

–Muy bien. Usted debe saber que cuando regrese al deber, el comandante quiere que se presente en su oficina para una acción disciplinaria.

Por supuesto que iría.

–Anotado. –Talyn colgó y luchó contra el impulso de destruir su enlace.

Esto era una mierda.

Acababa de poner su enlace lejos cuando sonó con el tono de la armada. ¿Qué diablos era esto? No había manera de que pudiera ser bueno.

Con su intestino anudado, respondió para encontrar a Anatole en el otro extremo.

–¿Te crees inteligente, mestizo? Tienes suerte de que me asignaran esto. Y te prometo que tan malo como piensas que lo has tenido, no es nada comparado con lo que te vas a enfrentar cuando estés limpio para el servicio de nuevo. Te lo juro, te vas a arrepentir del día que decidiste ponerte un uniforme Andarion. Después de todo, soy dueño de tu lamentable culo. Y tengo la intención de hacer que te inclines ante tus superiores y lamas mis botas. –Anatole colgó.

Talyn gruñó bajo en su garganta mientras se daba a sí mismo con fuerza. ¿Por qué se había molestado en respaldar a otra persona? Ahora…

Él iba a quemarse y nadie estaría allí para ayudarle a través de eso. Nadie.

Ta-lyn No-kin

Nacido en el pecado.

No importa el qué, nunca ganarás…

En ese momento, él quería la garganta de cada Andarion nacido. Pero no más que la de su propio padre.

Y la de todos los miembros de la línea de sangre de Anatole.

###########

–Gracias a los dioses que está aquí.

Felicia frunció el ceño ante la enfermera mientras salía del ascensor y se acercaba a su puesto por el pasillo. Su corazón latía con miedo. Ella sólo había dejado a Talyn el tiempo suficiente para ir a su examen final. ¿Había dado un giro para peor durante su ausencia?

Nunca debí dejarlo.

–¿Qué ha pasado?

Con su rostro con una máscara de terror, la enfermera hizo un gesto hacia la habitación de Talyn.

–¡Ese…hombre es lo más tosco, irritante y desagradable bestia, que alguna vez haya respirado! Estamos abajo sacando palillos para ver quién tiene que ir a revisar sus signos vitales.

Felicia miró boquiabierta a la mujer.

–¿Qué?

–¿Sabes que él firmó ayer una orden la cual no podíamos darle nada sin su aprobación expresa?

–Sí.

–Bueno, ahora, está con un dolor extremo y él se niega a comer. No puede dormir. Echa a cualquiera que se acerca. Y si no le damos alimentos, tendremos que insertarle un tubo de alimentación. Y ninguno de nosotros quiere hacer eso, por miedo a lo que vaya a hacernos por tomar represalias… El médico está en una reunión en este momento, tratando de revocar el derecho de Batur a rechazar el tratamiento o echarlo.

Felicia estaba horrorizada.

–¿Dónde está su madre?

–Ella tuvo que irse poco después de que tú te fueras. Ha estado imposible desde entonces.

Felicia negó con la cabeza.

–Bien. Yo me encargo de él. ¿Dónde está la comida?

La enfermera fue a su puesto y regresó con una bandeja. Ella se la entregó a Felicia.

–Que los dioses estén contigo.

No estando segura de lo que iba a hacer, se dirigió a su cuarto y empujó suavemente la puerta abierta para encontrar a Talyn con su brazo doblado sobre sus ojos.

–Te lo dije, no quiero ser molestado. –Gruñó–. ¡Lárgate!

–Bueno. Si eso es realmente lo que quieres. Me iré.

De inmediato se descubrió los ojos.

–¿Licia? –Él respiró su nombre como una oración.

Ella estaba en la puerta con la bandeja.

–¿Quieres que me quede o que me vaya?

–Por favor, quédate.

Acercándose a su cama, miró sus monitores y se encogió ante lo que vio allí. Ella dejó la bandeja a un lado.

–Oh, cariño, tienes que tomar algo para el dolor.

–No puedo. Una vez que ellos me dejen salir, no podré tomar nada. Lo sabes. Lo necesito fuera de mi sistema tan pronto como sea posible.

–Tay…

–Lis, sabes que no puedo. Por favor, no me regañes. Tengo bastante con el dolor.

Ella puso la mano en su mejilla.

–Bueno. ¿Puedo utilizar los puntos de presión contigo?

Él asintió con la cabeza.

Tragando saliva ante el compasivo dolor que sentía por él, se sentó en la cama y empezó a frotar sus sienes. Una lágrima se deslizó por el rabillo de su ojo. Lo besó antes de que ella se moviera a su cuello para que pudiera darle masajes. Él no habló una sola palabra mientras ella trabajaba.

En unos minutos, ella tenía su presión arterial casi de vuelta a un rango normal.

–Respira conmigo. –Susurró ella–. Profundamente. Espera. Uno. Dos. Tres. Ahora expulsa. –Ella lo siguió haciendo hasta que sus constantes y la frecuencia cardíaca bajaron, también–. Buen Martillo.

Él realmente dio una media risa ante eso.

Se movió a frotar su brazo y su hombro mientras ella le seguía obligando a respirar profundamente.

–¿Mejor?

–No. –Él hizo una mueca con irritación–. ¿Cuánto puede herirse un cuerpo y no matarte?

–Mucho. Pero eso lo sabes mejor que yo.

Apretó los dientes.

–Respira, bebé… –Ella utilizó el punto de presión en su mano para distraer su mente de lo que le estaba haciendo daño.

Él siguió su ejemplo.

–Ahora, ¿puedes comer por mí? Si no lo haces, tendrás que volver y pelear en la División de Peso Medio. Piensa en todos los hombres insignificantes que tendrás que pasar para llegar de nuevo a Zoftiq.

–No eres graciosa.

–Soy de aspecto gracioso. Tengo orejas grandes. Es por eso que mantengo mi pelo largo y nunca lo recojo.

Él levantó la mano para tocar su lóbulo.

–Tus orejas son perfectas.

–Estas delirando por el dolor.

Él se echó a reír de nuevo.

Felicia sacó la bandeja de soporte de la cama y destapó su comida.

–Vamos a ver lo que tenemos aquí. Hmm… tiene que ser mejor que la mierda que comes normalmente.

–Nunca te he oído jurar antes.

–No lo hago normalmente. –Cogió la pequeña taza de pudín y le dió de comer un bocado–. ¿Cómo está?

–Sabe como la mierda.

Ella entrecerró los ojos ante su tono hosco antes de que le diera un mordisco ella.

–¡Hey!

–Lo estoy viendo por mí misma. Y está bastante bueno. Creo que la mierda que llamas comida ha destruido tu paladar.

Talyn acarició su mejilla con el dorso de los dedos. Desde la llamada de Anatole, se había sentido como absoluto infierno. Pero de alguna manera, sólo su presencia gentil le hacía sentirse mejor.

Él daría cualquier cosa si pudiera quedarse con ella y olvidarse de todo lo demás en su vida. Pero los dioses nunca habían sido tan misericordiosos con él.

–¿Cómo fue tu prueba?

–Bastante segura de que la bordé. Tu madre es una gran compañera de estudios. Ella realmente sabe mucho.

–Sí, ella creció en un hospital, con sus padres.

Le dio de comer un bocado del blando sandwich antes de que le pasara el dedo a lo largo de la barba.

–¿No te afeitaron?

–No les dejaría. Fui tan capullo que temí que podrían cortarme el cuello si les dejaba acercase a mí con una navaja.

Ella bufó.

–No debes ser así.

–Lo sé. Estaba tratando de ser bueno. Pero me duele tanto… y no me gusta tanto como tú.

–Sí, pero hay que ser amable con los Andarions que quieres disparar.

–Si tú lo dices.

–¡Queridos dioses! ¿Qué hiciste? ¿Llevaste a cabo un exorcismo?

Riendo, Felicia miró hacia la puerta para ver a su médico boquiabierto.

–No. Sólo lo golpeé. Puedo ser más pequeña, pero soy más mala.

El médico resopló mientras se acercaba para revisar los signos vitales de Talyn mientras ella continuaba dándole de comer.

–Es una buena cosa que tu novia llegara cuando lo hizo. Acabo de ir por encima de ti para obtener el permiso de darte una paliza hasta dejarte inconsciente si estás inmanejable de nuevo.

–Lo siento.

El médico se quedó boquiabierto de nuevo.

–Él incluso se disculpa. Santa Andaria. –Miró con incredulidad a Felicia–. Eso es todo. Voy a llamar a su escuela y decirles que envíen un supervisor para sus exámenes. Usted no tiene permiso de salir hasta que lo dejen salir. Lo digo en serio. ¿A qué escuela asiste usted?

–Al North Eris.

–No es de extrañar que su matrícula sea tan alta. –El médico frunció el ceño a los signos vitales de Talyn–. Esto es lo mejor, que lo hemos visto desde que lo admitimos. Increíble. ¿Qué hiciste?

–Puntos desencadenantes básicos. Un pequeño masaje PT.

–Seguid así. ¿Puedo conseguir cualquier otra cosa?

Echó un vistazo a la bandeja.

–Él necesita más proteínas que esto y le gusta la fruta cítrica. ¿Podría usted por favor, poner una orden sobre ello?

–Absolutamente. Si necesitas algo más, házmelo saber.

–Gracias.

Talyn tiró de su ano a los labios para poder mordisquear sus dedos.

–Un poco de privacidad estaría mejor.

–No estás lo suficientemente bien para eso.

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

CAPÍTULO 1 DE “BORN OF BETRAYAL”

Era la guerra total.

La Primera Comandante Galene Batur se quedó mirando el informe del ataque de La Liga en un puesto de avanzada Andarion, donde casi dos centenares de civiles habían sido masacrados sin piedad.

¿Y para qué?

¿Vanidad humana? Cómo odiaba a sus especies inferiores. Los seres humanos nunca habían traído otra cosa que la miseria absoluta. Ahora habían traído, toda una nueva y sangrienta guerra que costaría la vida de innumerables Andarions. Costó la vida de sus fieles soldados que se vieron obligados a proteger a sus repugnantes especies…

Cómo deseaba poder bombardear a toda la raza humana hacia el olvido.

–¿Comandante?

Ella miró por encima del hombro a la llamada de su teniente comandante. Vestido con el uniforme standard de comando Andarion rojo y negro, Talyn no era sólo su segundo al mando y ayudante, era el único varón en el que había confiado tener a su espalda.

Con veintinueve años, ella le llegaba a los hombros, como la mayoría de los demás. Musculoso e increíblemente guapo, llevaba recogido el largo y negro pelo en pequeñas trenzas al puro estilo de guerrero Andarion, que mantenía apartadas del rostro por una banda roja. Su única queja con él era el bigote y la perilla bien recortada que había empezado a llevar últimamente. Era una tendencia de la moda actual que no le importaba para nada. Pero él pensó que le daba un aspecto más masculino y sexy.

Como si necesitara ayuda en cualquiera de esos departamentos.

Sin embargo, su presencia hizo que su corazón se ablandara. Se aferró a todo lo que tenía para no extender la mano y colocarla en su amada mejilla. Pero él no aprobaría tal afecto en público delante del resto de sus tropas.

Su Talyn siempre era formal y correcto. Siempre circunspecto.

–¿Sí?

–Tengo un mensaje urgente para ti de la casa real. –Saludó Talyn.

Galene se obligó a no hacer una mueca. Debe ser la reina que desea información sobre el ataque y que aún tenía que recabar.

Suspiró porque no tenía más informes que ofrecer. Se dirigió hacia la línea segura y se colocó el enlace en su oído antes de abrir el canal.

En lugar de Tadara Cairistiona Eton Anatole, fue Tahrs Nykyrian quien apareció en su monitor. A diferencia de su hermano gemelo, que había sido retirado de la sucesión, Nykyrian parecía humano con su cabello rubio casi blanco y ojos verdes. La única parte de él que traicionaba sus raíces Andarion, eran sus colmillos. . . junto con su altura y destreza militar. Mientras que ella no podía apreciar su mitad humana, respetaba profundamente su ejemplar historial en la guerra y sus habilidades en la batalla.

Le hizo una breve reverencia.

–Su alteza ¿A qué debo este honor?

–Sé que estás ocupada, Comandante, y odio tener que desviar tu atención de nuestras tropas incluso un segundo, pero tengo asuntos serios que discutir contigo. La Alianza ha decidido que necesitamos un líder militar en el que podemos confiar para supervisar nuestras fuerzas conjuntas y ejércitos mientras luchamos contra La Liga. Tu nombre fue el primero que vino a nuestras mentes, y todos estamos de acuerdo. Nos gustaría ofrecerte ese cargo.

Aturdida, lo miró, sorprendida por la oferta.

–Me siento honrada, Alteza.

–Si necesitas tiempo para pensarlo…

¿Hablaba en serio? ¿Quién en su sano juicio podría rechazarlo? Esta era la cita de ensueño por la que cualquiera mataría por tener. Una oportunidad que se da una vez en la vida.

Galene lideraría al único y mayor movimiento militar en toda la historia de su Sistema Unido de Planetas.

–No, Alteza. Me encantaría liderar a las fuerzas de la Alianza. Sólo tengo una preocupación. Sé que parte de nuestras fuerzas son Phrixian y Caronese. Tropas misóginas y ejércitos que se resisten fuertemente a recibir órdenes de una comandante femenina.

–Se le asignará un ayudante masculino para manejarlos… un comandante Tavali muy respetado. De la misma manera, usted será la responsable de tratar con la Qillaq directamente ya que van a recibir órdenes de un hombre.

Eso era cierto.

Era raro que cualquier ejército estuviera integrado por ambos sexos como el Andarion. No importaba que fuese hombre o mujer, solo importaba la competencia y la habilidad letal.

–¿Cuándo le gustaría que empezara? –Preguntó.

–Inmediatamente. Ahora mismo los Tavali van de camino hacia ti. Con un transporte y tu nuevo ayudante. Ambos volareis a su base situada más al norte, donde la Liga ha estado atacando con fuerza. Todo lo que necesitamos es que nombres a tu sucesor para la armada Andarion, hasta que la guerra haya terminado.

Galene hizo un gesto hacia Talyn.

–Veremos que se haga.

Nykyrian inclinó la cabeza hacia ella.

–Bienvenida a bordo, Comandante. Que los dioses os sonrían. Siempre.

–Gracias, Su Alteza. Lo prometo. Hare que Andaria, su madre y usted se sientan orgullosos.

–Sé que lo harás. –Cortó la transmisión.

Galene se quedó mirando la pantalla en blanco mientras consideraba esto último giro del destino.

Wow. Ella, la hija que sus padres habían arrojado cruelmente fuera de su casa cuando apenas era una niña, iba a liderar sus fuerzas combinadas en la guerra contra La Liga. Si ganaban, sería eternamente famosa.

Si perdían, sería ejecutada por traición.

Un infierno de apuesta. Ya que, como primer comandante de la armada Andarion,  moriría si perdían, de todos modos. Al menos como su líder militar, estaría todo en sus manos y, si fracasaban,  solo ella tendría la culpa.

Emocionada y un poco asustada, se volvió hacia Talyn.

Sus hermosos ojos blancos brillaban con cariñoso orgullo.

–Felicidades, Comandante.

Ella le sonrió.

–Te nombraré el nuevo primer comandante de la armada.

Él negó con la cabeza.

–Iré contigo a lo de Tavali.

–No… tu perteneces aquí.

–Pertenezco a tu espalda, Comandante. Protegerte. Siempre.

–Talyn…

–Mamá –enfatizó la palabra, haciendo que ella se diera cuenta que había dejado caer, por primera vez,  su estricto comportamiento militar, al usar su nombre de pila.

–No voy a quedarme aquí mientras interactúas con otros que podrían traicionarte. Necesitarás personal de apoyo que sea leal a ti y por encima de todo reproche. Ahora más que nunca. Si piensas por un momento que voy a quedarme atrás mientras arriesgas tu vida por todos nosotros, no me conoces en absoluto. -Su mirada ardió en los ojos de ella.- Tu vas. Yo voy.

Quería golpearlo. Pero, ¿cómo podría?

–Siempre eres mi orgullo.

–Y tú eres siempre mi querida madre.

Sonriendo, ella tiró de su cabeza hacia abajo para que pudiera presionar su mejilla a la suya.

–Te amo, mi tana.

–También te amo.

Ella empuñó su mano en su cabello.

–Debería ordenarte que te quedaras.

–Sólo si deseas verme en un consejo de guerra.

Ella tiró de su cabello.

–No me tientes, bribón. –Soltándolo, se alejó con el ceño fruncido.

–Llama al Comandante Ilkin. Podemos ascenderle.

–Sí, señora. Y reuniré personalmente un destacamento de seguridad Andarion para ti.

Galene puso los ojos en blanco por su paranoia; como si ella no pudiera protegerse a sí misma. Lo discutiría con él, pero era mucho más terco que ella cuando se trataba de ese tipo de cosas. Años de lucha contra su acero le habían enseñado eso.

–Mira para abajo rápidamente.

Él la saludó.

–Sí, señora.

Su corazón estaba henchido de amor y orgullo, Galene lo vio salir para llevar a cabo sus órdenes. En todo el universo, él era la única familia que tenía. La única familia que ella necesitaba.

Deberías haber sido un cirujano, Talyn. Era en lo que había insistido con él desde la cuna. Pero su siempre desafiante hijo se había negado, y la siguió en el ejército tan pronto como se graduó de la escuela primaria.

Pequeño y perverso mocoso. Obstinado y cabezota…

Al igual que su padre.

Nadie podía decirle lo que debía hacer. Los dioses sabían que ella lo había intentado. Muchas veces.

Ahora él la seguiría a la guerra. Fue lo último que ella había querido para él. Pero no había manera de mantenerlo fuera de ella. Había llegado el momento para todos ellos de elegir un bando.

Al menos de esta manera puedo mantener un ojo sobre él.

Y ella destrozaría a cualquier persona que amenazara a su bebé.

Suspirando, Galene se tomó un momento para mirar alrededor del centro de comando Andarion que había sido su hogar desde que Cairistiona había derrocado a su madre y asumió el trono. Talyn había estado aquí, a su lado, casi todo el tiempo que había liderado a su armada. Sería raro adaptarse a un nuevo ejército. Una nueva forma de hacer las cosas.

Pero ella se adaptaba.

Bueno, no realmente. Odiaba el cambio apasionadamente. Pero le gustaba mentirse a sí misma por su flexibilidad inflexible.

Aun así, un nuevo capítulo estaba a punto de comenzar, tanto para ella como para Talyn. Ella no sabía lo que les esperaba, pero no podía esperar para ver a dónde la llevaba.

El buen viento sopla todas las cosas malas.

Un escalofrío le recorrió la espalda al recordar viejo dicho de su padre. Ella sólo rezaba para que esta vez, estuviera equivocado.

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

EXTRACTO DE “INSTINCT”

Nick miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie más en el baño con ellos antes de que les dirigiera a casa de Caleb. Era el único lugar seguro en el cual podía curar a Caleb, donde ninguno de los enemigos de Caleb lo pudieran atrapar.

—¡Zavid!

El demonio Aamon Zavid, quien vivía con Caleb, apareció a su lado inmediatamente, luego dio un paso hacia atrás tan pronto como vio la debilitada condición de Caleb y escuchó sus balbuceos. Al igual que Caleb, Zavid tenía el pelo oscuro y el tipo de constitución y buena apariencia que dejaban a Nick sentirse inferior.

—¿Qué le hiciste Malachai?

—Nada. Se enfermó.

Eso no ayudó a la actitud de Zavid hacia Nick. En todo caso, sólo se volvió más suspicaz.

—No nos enfermamos.

Caleb comenzó a toser sangre mientras se tambaleaba lejos. Lo hizo solamente hasta las escaleras antes de que se sentara y se apoyara contra la pared.

Nick se encogió ante lo mal que veía y sonaba su amigo. Esas eran toses bronquiales profundas como Nick solía tener cuando él era un niño. No tenía ni idea de qué hacer por él. Dudaba seriamente que un inhalador lo ayudara.

—Siento como si debiera hacerte sopa de pollo o algo así.

Con su respiración dificultosa, Caleb lo miró fijamente.

—¿Cómo alguien puede resistir esto?

—¿Por lo general? Con una gran cantidad de lloriqueos y rogando para que mi mamá venga a mimarme.

Zavid frunció el ceño.

—¿Esto no es una broma? ¿Realmente está enfermo?

—Sí.

Zavid miró de Nick a Caleb y viceversa.

—¿No lesionado? ¿Enfermo?

—Enfermo.— Nick repitió.

Con los brazos en jarras, Zavid estaba en un estado de absoluta incredulidad mientras Caleb se sentaba en las escaleras con la cabeza entre las manos.

—¿Cómo es posible?

—No tengo ni idea. ¿No hay un médico demonio o algo donde me lo pueda llevar? ¿Qué es lo que hacen cuando se ponen enfermos?

—Nosotros. No. Ponernos. Enfermos. —Zavid pronunció cada palabra lentamente—. Nunca. Nos lesionamos. Nos cabreamos. Nos morimos. Nunca nos enfermamos.

Nick hizo un gesto hacia Caleb.

—Obviamente, has sido mal informado.

Zavid puso los ojos en blanco.

—¡Liv!— Ladró, dando por hecho de que era un demonio-lobo en su otra forma.

Vestida con un camisón fluído blanco y con el pelo largo y negro, Livia apareció al instante al lado de Zavid. Increíblemente hermosa, también era un demonio en general que era aún más sanguinaria que los chicos. Eso hizo que Nick estuviera contento de tenerla de su lado.

Bostezando, se frotó los ojos. Obviamente, había estado profundamente dormida cuando le gritó. —¿Qué?— Dijo con irritación.

—¿Has oído hablar de un demonio enfermo?— Preguntó Zavid.

Ella frunció los labios.

—¿De los humanos? Todo el tiempo. Es para lo que vivimos.

Zavid rió.

—No. De un resfriado.

—Oh…— Bostezando de nuevo, se frotó la cabeza. —No seas estúpido. Los demonios son inmunes a los gérmenes.

—Y estamos de nuevo donde empezamos. Estoy empezando a sentirme como si estuviera montado en una rueda de hámster.— Nick saltó lejos cuando Caleb comenzó un gorjeo como había hecho justo antes de que hubiera destrozado los zapatos de Richardson—. Probablemente debería mencionar que C no tiene sus poderes por lo que uno de vosotros que debería llevarlo más cerca de un cuarto de baño. Sólo en caso de que reviente.

Zavid volvió su atención a Livia.

Livia miró boquiabierta a Zavid, después a Nick.

—¿Qué? ¿Porque soy mujer soy una nodriza?

—Bueno, sí…tienes la anatomía que nos falta.— Dijo Zavid sarcásticamente.

Nick se encogió de hombros.

—No me mires a mí para esto. Como ha dicho, me falta el equipo femenino necesario. Y una vez maté a un cactus y unos peces de colores de Bubba que cuidaba. Sin ánimo de ofender, no quiero matar a Malphas o encontrar un baño lo suficientemente grande como para limpiarlo. Ni siquiera estoy seguro de cómo darle de beber o de comer. Ahora que lo pienso, no recuerdo verle comer cualquier cosa a mí alrededor. Nunca. La última vez, me dijo que necesitaba sangre para curarse, y sólo se puede obtener en la Cruz Roja.

Caleb miró a Nick con el labio curvado, pero no hizo ningún comentario al respecto. —¿Puede alguien por favor llevarme a la cama? No creo que pueda hacerlo por las escaleras. Y tú debes estar agradecido, Gautier. Si tuviera la energía suficiente, probablemente te estrangularía. O tomaría una donación de sangre involuntaria de tu yugular.

Se desvaneció al instante.

Zavid se acercó a Nick.

—Le envié a su cama. Pero en realidad, ¿qué está pasando? ¿Cómo puede Malphas estar enfermo y sin sus poderes?

—No lo sé. ¿Hay algún tipo de demonio que nos cace?

—Muchos.— Dijeron al unísono.

Nick gimió.

—Genial. Es bueno saberlo.— Caleb había estado en lo cierto. Nunca debería haber dicho que el día iba bien. Todo se había descarrilado de los carriles hasta la salida de mierda a la Villa del Embrujo.

—Pero.— Zavid interrumpió su angustia mental—. Nunca he oído hablar de algo como esto.— Miró a Livia. —¿Tú?

Ella negó con la cabeza.

—No con un demonio tan poderoso y antiguo como Malphas. Si tenían esa clase de capacidad de despojarlo de sus poderes, habrían atacado al Malachai después de él.

—Sí, pero por una vez, nada me golpeó.

Caleb dejó escapar un misterioso y doloroso aullido. Aterrorizado debido a que algún nuevo enemigo estuviera tratando de matar o comerse a su mejor amigo, Nick subió corriendo las escaleras y hacia el dormitorio para encontrarse a Caleb inmóvil entre las sábanas negras.

Su corazón se detuvo. Caleb parecía muy muerto. Su tez oliva normalmente oscuro tenía un tono gris azulado.

Por favor. Por favor, que no haya muerto. En realidad no estaba listo para decirle adiós a su amigo.

No así.

Nick se acercó a la cama lentamente y con cautela. Era imposible saber lo que podría estar pasando. Aterrorizado, extendió la mano para comprobar la respiración de Caleb. Era débil, pero todavía estaba allí.

Abrumado por el alivio, Nick se puso de rodillas junto a la cama y le susurró una agradecida oración. —Aguanta ahí, amigo. Voy a encontrar una respuesta para esto. Y voy a conseguir que estés bien de nuevo. Te lo prometo.

Él no tenía ni idea de cómo, pero tenía que haber alguna manera de curarlo. Alguna manera de restaurar a Caleb. Tenía que haber un hechizo, una maldición o el pelo de un perro rabioso, o algo extraño que estuviera causando esto. Y si lo había, entonces se podría deshacer.

Prometedor, regresó con Livia y Zavid que esperaban en la puerta del dormitorio. —Mírenlo y asegúrese de que ninguna otra cosa le suceda.

Zavid cogió el brazo de Nick.

—¿Adónde vas?

—A encontrar una cura.

—¿Y si no puedes conseguirla? —Preguntó Livia.

Nick miró a Caleb y en su mente vio el futuro en el que perdía a todo el mundo que él amaba. Se vio a sí mismo solo, rodeado de llamas y destrucción. Era un futuro que se negaba a aceptar.

Su genética, familia y nacimiento nunca definirían su destino. Él sólo controlaría su destino. No los dioses y no una profecía de mierda.

Se encontró con la mirada de Livia y respondió a su pregunta con cada pedacito de terquedad Cajún que poseía. —Le salvaré de esto. Cueste lo que cueste. Caleb ha luchado muchas batallas por mí para que le dé la espalda ahora.

Zavid inclinó la cabeza respetuosamente a Nick.

—Lo protegeré con todo lo que tengo.

—Gracias. Estaré de vuelta tan pronto como pueda.

Decidido, Nick regresó a la escuela. Salió del baño para encontrarse a Kody esperándolo en el pasillo.

Miró sobre el hombro de Nick, hacia la puerta.

—¿Lo dejaste ahí?

—Lo llevé a casa.

Ella dejó escapar un suspiro de alivio.

—¿Cómo está?

—No es bueno. Está en coma o algo así.

Boquiabierta con incredulidad, palideció.

—¿Qué? ¿Cómo es eso posible?

Nick se encogió de hombros.

—No lo sé. ¿Qué hacemos, Kody? Ni siquiera tengo una idea de cómo empezar a hacer lo mejor.

—Yo tampoco. Nunca he oído hablar de esto. ¿Qué dijeron Zavid y Liv?

—Los demonios no se enferman.

—Tienen razón.

Nick miró hacia la puerta donde el jinete se había desvanecido antes de clase.

—¿Viste o sentiste algo antes?

—¿Qué quieres decir?

—¿Antes de que la clase comenzase? ¿Cuándo estabas tratando de llamar mi atención? Vi el jinete sobre un caballo negro con escamas destrozando el pasillo. Cabalgó directamente a través de mí y de la puerta.

Ella arqueó una ceja ante lo que estaba diciendo.

—¿Yrre? ¿Viste a Yrre? ¿Aquí, en el pasillo?

Se encogió de hombros.

—Supongo. ¿Era eso Yrre?

—¿Vestida todo de blanco?

—Sí.

Ella asintió con la cabeza lentamente.

—Pero Yrre no es un hombre. Es una mujer.

—Oh. No lo sé. No pude verle el rostro o el cuerpo. Todo lo que vi fue el caballo y la toga y las escamas… ¿Crees que ella tuvo algo que ver con esto?

Ella se tomó un minuto para considerarlo antes de contestar.

—Tú y Caleb cerraron la puerta, ¿no? ¿Sellaste todo?

—Caleb dijo que lo hicieramos.

—Entonces no hay manera de que Yrre esté libre. El ušumgallu no puede reunir ni montar sin el Malachai para guiarlos. Tú eres su líder y necesitan tu sangre para hacerlo…Creo que ha sido otra de tus visiones. Es probablemente por qué no sabías que era una mujer y no pudiste ver su rostro. ¿Tal vez estaba tratando de llegar a ti para que la liberes?

Eso, entonces, tenía sentido. Ella tenía razón. En el pasado, Nick siempre había visto a los jinetes en sus verdaderas formas. Bane, Laguerre y él conocían al Grim en persona. Habían llegado hasta él como seres de carne y hueso, no como el Jinete Fantasma de St. Richard de Antes de la Campana.

Pero algo estaba atacando a Caleb. Algo que había salido para perjudicarlos a todos.

—¿Crees que podría ser una enfermedad que el Arelim ha enviado para debilitarlo y vengarse de mí? —Como antigua sociedad de protectores divinos para los seres humanos, los Arelim eran los encargados de mantener el orden y garantizar que el demonio Malachai se mantuviera inactivo. Por desgracia, algunos de ellos habían decidido que la mejor manera de hacerlo era matar a Nick antes de que él tuviera sus plenos poderes de Malachai. Eran los únicos que habían resucitado en un principio a Nekoda después de su muerte en una batalla futura, y la enviaron atrás en el tiempo para matarlo antes de que madurara.

Ahora que habia heredado los poderes de su padre, deseaban verle muerto antes que dominara mas sobre ellos. Y porque Kody se había negado descaradamente a llevar a cabo las órdenes de asesinato, no estaria en buenos términos con ellos nunca mas.

Su secta rebelled deseaba verla muerta tanto como a él.

Kody movió su cabeza.

—Si fueron capaces de hacerle eso a Caleb, irán tras de ti después.

Todo se reducia a ese hecho básico que encogía el estomago. Mientras que el Arelim estaba en medio de una sangrienta guerra civil, Nick era el objetivo número uno para los rebeldes. Darían cualquier cosa para ponerle la manos encima.

Kody tenía razón. Si hubieran tenido algo lo suficientemente poderoso como para derribar a Caleb, no lo habrían usado sobre el protector de Nick.

Lo habrían desatado sobre Nick y llevado su cabeza como trofeo.

—Este día no podía ser mas extraño—. Tan pronto como pronunció aquellas palabras, las luces se apagaron en la escuela y el edificio se sacudió mientras un fuerte trueno sonó justo antes de que cayera granizo.

Duro.

—Nick. . . tienes que dejar de decir esas cosas

—Sí. Si…

Kody cubrió la boca de él con las manos antes de que pudiera decir una palabra más. —No estoy bromeando. Eres uno de los pocos seres que puede invocar un Armagedón y por el aspecto de las cosas, lo hiciste. Felicidades. Ahora hasta que tengamos más información, debería permanecer mudo.

Ese era un buen consejo.

Por una vez, lo tendría en cuenta.

Al principio, Nick sólo pensaba que la tormenta que había visto antes había llegado. Pero había algo inquietante en aquello. Algo pesado en el ambiente que no estaba del todo bien. Cada parte de él lo sentia. Y no estaba solo. De repente, todos en la escuela parecían estar con los nervios de punta.

A medida que la tormenta cogía fuerza y el granizo comenzaba a golpear el viejo edificio de ladrillo, con la fuerza suficiente como para romper las ventanas, los maestros llevaron a los estudiantes hacia el pasillo como en los ejercicios en caso de tornado.

Nick desvió su mirada hacia Kody.

—¿Sabes? He pasado una buena parte entre huracanes y tornados… Nunca he oído nada como esto. ¿Qué pasa contigo?

—Suena apocalíptico.

Y desde que había pasado por uno o dos de ellos, ella lo sabía.

Le dirigió una dura mirada.

—Cuando Caleb y tu cerrasteis la puerta del infierno y liberasteis los poderes de tu padre ¿Estás seguro de que lo sellasteis correctamente? ¿Verdad? —Preguntó de nuevo.

Él le dirigió una mirada divertida.

—¿Me estás preguntando seriamente si dije todas las palabras? Porque sí, básicamente las dije. Sí. Casi en el orden correcto. Con todas las sílabas correctas.

Ella puso los ojos en blanco como en una de sus películas favoritas, Ejército de las Tinieblas que él había hecho que la viera las suficientes veces como para que ahora gimiera ante la mera sugerencia de ella. —Sí, fue sin duda una palabra con N …necktie . . . níquel. . . néctar.

—Nekoda.

—No es gracioso. . . Nick

—Sí, lo sé. Sueno como un novio come mierdaS.

Kody resopló.

—No. No, no lo haces. En otros aspectos…— Ella sacudió su mano en él.

—Gracias.

Esbozó una sonrisa atractiva y le guiñó un ojo.

—En cualquier momento, bebé, en cualquier momento. Salve a la Reina —

De repente, Stone comenzó a hacer un ruido aullando desde donde se encontraba con su clase, alineados contra la pared opuesta. Y él no era el único. Mason. Alex. Justin.

Cada uno de los cambiaformas. Estaban casi gimiendo y ladrando.

Bueno, eso no podía ser bueno. Especialmente cuando se añadía a todo lo sucedido. Era como si estuvieran reaccionando a algo que sólo sus sentidos animales pudieran detectar. Al igual que los animales huían o eran presas del pánico ante los desastres naturales.

Esto se pone cada vez mejor y mejor.

Los maestros y personal que se ocultaban como Escuderos, sabían acerca de los estudiantes sobrenaturales, empezaron a ponerse nerviosos debido a que los cambiaformas estaban a punto de exponerse a los —baretos— o seres humanos normales que no sabían nada sobre el mundo sobrenatural que convivía con ellos y asistía a St . Richard. Los Escuderos eran los encargados de proteger y ocultar la identidad y existencia de los Were-Hunters.

—¡Atención, estudiantes!—, Dijo el Sr. Head por el megáfono mientras caminaba por el pasillo. —Vuestros profesores os dividirán en grupos, hacia la cafetería o el gimnasio hasta que hayamos restaurado la electricidad. Por favor, moveros con rapidez y en silencio hacia el área asignada.

Bien. Buena manera de dividir el alumnado sin los baretos, era lo más prudente. De esta manera si algo hacía que los cambiantes se transformaran en su forma original, no se asustarían o pondrían en peligro a los no iniciados. O traicionar la existencia de los Were-Hunters.

Desafortunadamente, debido a que los miembros del personal no la conocían bien y no tenían ni idea de que ella era en realidad un fantasma corpóreo, Kody se coló en el grupo de baretos. Nick, que trabajaba a tiempo parcial como escudero para un guerrero inmortal, fue enviado al gimnasio con los cambiaformas y los seres humanos que sabían de ellos. Era tan molesto guardar secretos. Pero por mucho que los humanos pensaran que sabían, había mucho más en este mundo que ni siquiera sospechaban.

Y nadie podría saber quién o qué era Nick realmente. No con la recompensa por su cabeza. Incluso un Escudero podría verse tentado a dispararle. Había muy pocos en los que podía confiar con ese conocimiento.

Cuando Nick entró en el gimnasio, Brynna, cuya familia entera había sido Escuderos durante generaciones, se acercó a él.

—Aterrador ¿No?

—Muy inquietante.— Nick miró a Stone que parecía estar luchando por aferrarse a su forma humana. Estaba sudando y temblando. Pálido. Pese a que ambos nunca se habían llevado bien, Nick casi sintió lástima por el hombre lobo.

No, en realidad no. Stone era demasiado matón y como un animal de carga para eso. Disfrutaba usando su fuerza sobrehumana y poderes psíquicos para empujar a otros alrededor.

Como si fuera una señal, Stone empujó a su novia Casey cuando se acercó a él para cómo estaba, y le lanzó un feroz gruñido.

Casey arrugó la cara mientras retorcía su brazo para desasirse de su feroz agarre —¡Uf! Espero que mueras de la rabia que padeces, Stone.

Stone siseó, y luego hizo una mueca a Nick.

—¿Qué estás mirando, chico de caravana?.

—No mucho.

Pero eso hizo que Nick sintiera curiosidad por una cosa.

—Hey, Bryn. . . si los Were-Hunters se transforman en sus formas alternativas, ¿Cuánto de humanos queda en ellos?

Ella miró por encima de Stone.

—En teoría, sobre todo en el caso de Stone, los que tienen corazón humano seguirían siendo conscientes de su comportamiento y control de sí mismos.— Su mirada fue hacia Alex Peltier. —Los que son Katagaria. . . —Ellos son los que tienen corazones de animal y no son tan humanos como sus primos Arcadios.

—Déjame adivinar ¿Estaríamos en su menú?

—Como Brian sobre Scott,— dijo ella, utilizando el nombre del jugador de fútbol que había dado un mordisco a su mejor amigo después de haber jugado al juego endemoniado de Cazador de Zombies de Madaug. —Sin embargo, tenemos suficientes Escuderos que deberían ser capaces de calmarlos antes que eso suceda.

—El deberían, de esa frase no me inspira mucha confianza.

Ella se rió y luego se volvió hacia LaShonda para hablar de los deberes.

El sentido demoniaco de Nick detectó algo. No estaba seguro de qué. Pero él había aprendido de encuentros pasados, el prestar atención a aquella sensación de vértigo. Era peor que el sentido arácnido.

Especialmente mientras lo sentía junto con el tiempo tan antinatural que hacia afuera. Era sólo un estado como aquel que había anunciado la llegada de Zavid cuando enviaron al Aamon tras él. Y no para jugar Parchís y ver vídeos.

Una vez más, sintió una desaceleración rara en el tiempo antes de que todo se acelerara como una especie de juego de ordenador.

¿Qué diablos?

Su visión se oscureció de esa manera tan peculiar que le hacía saber que ya no veía el mundo a su alrededor como un ser humano. Ahora estaba viendo el mundo con su perspicacia.

Eso no era inusual.

Nah. Lo que le asustó fue la visión de las extrañas criaturas que se movían a través de sus compañeros de clase y a su alrededor como buscando algo muy específico. Enormes y con aspecto de pájaro, que le recordaban a los doctores de las plagas momificadas que fueron armados con hoces diamantinas y llevando negros sombreros de cavalier llenos de sangre.

Invisible para el resto de su clase y profesores, se detuvieron y se volvieron en su dirección. Al instante siguiente, se dirigieron directamente hacia él.

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

CAPÍTULO 3 DE “BORN OF DEFIANCE”

Talyn se detuvo cuando pasó junto al mostrador de la joyería en el BX. Después de su llamada con Felicia, había ido de camino a los cuarteles para reemplazar las botas de vuelo que estaban empezando a rozar sus talones y a recoger un nuevo kit de latón, y la carga para sus blasters.

Mientras que él sabía que la sección de joyería estaba aquí, nunca le había prestado atención antes.

Pero la pequeña caja frente a él era una colección de amorosos anillos con un corazón que eran un popular regalo que los pilotos compraban para sus parejas. Un corazón de plata grande estaba enrollado alrededor de uno más pequeño de oro como si lo abrazara o lo protegiera. Uno en particular estaba hecho de oro color rosa pálido y con incrustaciones de diamantes. Por alguna razón, pensó que Felicia le gustaría. Parecía suave y cálido. Pequeño.

Al igual que ella.

–Comandante. –Le saludó la dependienta mientras se acercaba desde el otro lado del mostrador–. ¿Necesita ayuda?

Talyn comenzó a caminar, pero él no quería hacerlo.

–Estaba mirando los anillos.

Ella sonrió brillantemente.

–Ah, sí. El anillo Recuérdame. Sabe usted, dicen que da buena suerte. Es por eso que son los más vendidos.

–¿Y eso?

Metió la mano en la caja para sacar el expositor.

–Usted le da uno a su mujer especial para guardarlo y, siempre y cuando ella lo lleve, te traerá a salvo a casa entre sus brazos.

Talyn sonrió ante la idea mientras buscaba el que le había llamado la atención. De cerca, parecía más bien grande. Felicia tenía unas diminutas y gráciles manos.

–No sé qué tamaño tiene.

–Te puedo dar un vale y ella puede llevarlo a cualquier joyería para la talla.

Él se lo dio a ella.

–Me gustaría éste, entonces.

–Muy bien. Sólo tengo que ver su identificación.

Sacó su billetera, la abrió y sostuvo su placa ante ella.

La dependienta se quedó sin aliento al momento en que su mirada se posaba en la tarjeta negra que estaba atravesada en diagonal por una raya de Borgoña. Retrocedió ante su placa como si fuera venenosa.

–Lo siento, Comandante Batur. No puedo venderle esto a usted. –Ella inmediatamente devolvió el anillo al expositor y cerró la caja.

Confundido, él frunció el ceño.

–No entiendo.

Ella hizo un gesto en dirección a su tarjeta.

–Es un bastardo de Vest. Su clase no puede comprar un anillo, para nadie. Si se lo vendiera a usted, ambos seríamos arrestados.

Herido y aturdido, él la miró con incredulidad.

–Tengo un contrato legal con mi mujer.

Su boca se abrió como si ella no lo pudiera creer. Rápidamente chasqueó los labios.

–No importa. Esta en contra de la ley permitir que los Vest compren un anillo. Para nadie. –Repitió ella con dureza.

Sintiéndose abofeteado y humillado, Talyn la observó mientras ella rápidamente se acercaba a otro mostrador para ayudar a unos atolondrados, hombre y mujer que estaban allí para recoger los anillos de compromiso.

Algo que él nunca sería capaz de hacer legalmente. Esa realidad lo golpeó como una patada en la entrepierna.

Mientras se alejaba, la ira quemaba cada molécula de su ser. Siempre había odiado mostrar su identificación. Desde que fueron codificados por colores, lo único que tenía que hacer era ver que el suyo era negro y al instante sabían su linaje. Ahora esa misma tarjeta maldita le impedía comprar a Felicia un simple regalo.

¡Esto es una mierda!

–¿Comandante?

Talyn vaciló al oír la llamada de un hombre mayor mientras se movía para cortar el camino de Talyn para el registro. Él sólo miró al hombre mayor.

–Te escuché con Vyra, y lo siento mucho acerca de la ley.

Realmente no queria volver a vivir eso. Él ya fue humillado lo suficiente.

–Disculpe. –Talyn comenzó a rodear al hombre.

Este le cortó el camino de nuevo y le lanzo una sonrisa paternal.

–Soy un gran admirador suyo, Comandante. Y ya que no podemos permitir que usted compre un anillo, yo quería hacer esto por usted. Si usted lo quiere, le descontaré el precio a la mitad.

Todavía molesto, Talyn miró hacia abajo para ver un bonito collar en forma de corazón que hacía juego con el anillo que él había querido comprar.

–Incluso puedo renunciar a la tarifa de mensajería para su entrega. Si su mujer vive aquí en Eris, puede conseguirlo para ella esta noche.

Presionando los labios, Talyn recogió el collar para verlo mejor.

–Tiene la misma leyenda de traer la buena suerte. Una gran cantidad de pilotos envían ésto a sus madres y esposas, en lugar de los anillos.

Talyn quería tirarlo al suelo y pisarlo. Pero este hombre no tenia culpa de las leyes. Y no era necesario privar a Felicia de algo que le gustaría porque sus propios sentimientos habían sido heridos.

Si la hacía sonreír, merecería la pena.

Devolvió la caja al vendedor.

–Gracias. Me lo llevo. Su apartamento está en Brooksyn, North Eris.

–Muy bien. Se lo enviaré en menos de dos horas.

Talyn asintió antes de que fuera a pagar por ello. Pero aun así, el fuego estaba en su sangre. Un calor latente que sólo aumentó una vez que regresó a sus cuarteles y vio que alguien había colocado un collar y una correa en su casillero con una tarjeta negra adjunta. Ja, ja. Jodidamente divertido. Uno pensaria ahora que aquella broma era para ellos tan vieja como lo era para él. No obstante, sabia mejor como alimentar aquella mierda juvenil.

Apretando los dientes, lo recogió sin comentarios y guardó sus compras.

Cogió una toalla y se dirigió a las duchas.

–No es la hora del mestizo, Batur. Hay un Vested en la letrina.

Reprimiendo una réplica desagradable, Talyn volvió a su litera a esperar mientras escuchaba a los otros hablando de sus planes de futuro.

Con nada más que hacer, sacó su enlace y empezó a buscar las estadísticas sobre su próximo rival en el Anillo.

–¿Estás bien, Pinara? –Uno de los capitanes preguntó.

Talyn echó un vistazo al capitan, que era un año mayor que él. El hombre era un primo de la piloto, Syndrome, que volaba en la escuadra de Talyn.

Inquieto, Pinara mantuvo su latón brillante, y mirando a su alrededor como si esperara que algo malo sucediera.

–Bien.

Sí, él estaba mintiendo como el culo. Pero como todo el mundo aquí, Talyn sabía lo que significaba esa palabra. Algo había ido mal con los de arriba y el capitan no estaba en libertad de hablar de ello.

Pinara echó un vistazo y atrapó la mirada de Talyn.

–¿Qué estas mirando tan fijamente, mestizo?

Sin decir una palabra, Talyn volvió su atención a su enlace. Mientras estaba conectando, cinco Provost entraron y rodearon a Pinara.

–Capitan, está detenido en custodia.

Pinara se puso pálido.

–¿Por qué?

Ellos no dijeron nada cuando lo esposaron y se lo llevaron fuera.

El silencio se hizo eco en los cuarteles mientras todo el mundo trataba de ocultar que estaban perturbados por algo que era mucho más habitual de lo que debería. Podría haber sido cualquiera de ellos, y lo sabían.

Normalmente, era Talyn quien era señalado por inventadas infracciones de mierda y castigado. Le hizo preguntarse cual de los altos linajes había hecho Pinara para conseguir ver el lado malo de Anatole.

–La justicia de la WAR…

–¡Joder!

Talyn frunció el ceño ante el intercambio silencioso entre dos de sus compañeros de litera. La WAR era una organización anti-gobierno que había surgido contra la reina Andarion y su familia. Desde hace años, habían estado tratando de derrocar a Eriadne.

Y cualquiera que se encontrara con la parafernalia de la WAR o con cualquier vínculo con su grupo era sumariamente detenido y ejecutado. Sin juicio.

–¡Batur!

Talyn hizo una mueca ante el fuerte ladrido. Poniéndose de pie, saludó al OOD.

–¿Señor?

–Cubre la mision de Pinara. Él iba a volar en quince minutos.

Talyn empezó a recordarle que él ya hizo sus diecisiete horas de cuota en la patrulla a lo largo de la semana, pero el OOD lo sabía incluso mejor que Talyn.

–Sí, señor.

Mientras se movía para alcanzar su traje de vuelo, oyó al copiloto de Pinara, Mannan Xu, maldecir.

–¿Por qué estoy siendo castigado? Yo no quiero volar con una perdedor Vest. ¿Sabes quiénes son mis padres?

El OOD miró al comandante.

–¿Insubordinación?

–No, señor.

–Entonces, parte. Con Batur.

Xu le echó una mirada a Talyn para hacerle saber lo mucho que odiaba ser asignado con él.

No es ninguna alegría para mí tampoco, giakon.

Tan pronto como se cambió, Talyn abandonó el cuartel y se dirigió al hangar para hacer el prevuelo. Cuando se acercaba a su caza, Xu lo acorraló.

–Será mejor que recuerdes tu lugar, perro. Detrás de mí, limpiando después a tus superiores.

Un tic empezó en la mandíbula de Talyn. Quería golpear al bastardo tanto que era lo único que podía hacer para abstenerse. Pero sabía por experiencia que si decia una palabra, él perdería el poco tiempo libre que tenía y este capullo no valía la pena.

Piensa en Felicia. Por fin tenía una razón ahora para permanecer fuera del problema y fuera de los informes. Ninguno de ellos merecía la pena el tiempo de patrulla adicional.

Ojo en el objetivo, Batur.

Y eso era una preciosa mujer que finalmente lo hacía sentirse como algo más que la tierra debajo de sus pies.

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

CAPÍTULO 1 DE “INSTINCT” EN ESPAÑOL

– ¿Nickaboo? ¡Apúrate, niño! ¡O llegarás tarde a la escuela!

Nick Gautier dejó caer la toalla con la que estaba secando su cabello húmedo mientras miraba de reojo el reloj en su mesa de luz para confirmar el hecho de que su madre aún era la más precisa y acosadora alarma personal en la historia de la humanidad.

Al menos en lo relacionado con sus horarios del hogar, de la escuela y el trabajo.

Qué raro… luego de salir de la ducha, había dispuesto de casi cuarenta y cinco minutos.

¿Cuánto tiempo le llevaba ponerse un par de jeans y una horrible camisa hawaiana?

Aparentemente treinta y cinco minutos.

– Diablos, sí que me muevo lento en las mañanas – menos mal que sus enemigos mortales no lo sabían. Sería picadillo de cajún.

Tirando la toalla en el baño, corrió a la cocina y casi se tropezó con la nueva adición peluda de la familia.

 Xevikan, quien dejó escapar un fuerte siseo a modo de protesta antes de dirigirse a una esquina y arquear su espalda contra la pared.

Nick quiso gruñirle en respuesta, pero como su madre no sabía que su nueva mascota era en realidad un antiguo cambia formas que Nick y sus amigos habían liberado de una dimensión infernal para luego acogerlo, se contuvo. Con su suerte, ella pensaría que se había contagiado moquillo o algo y lo llevaría a vacunarse. – Perdón, Señor Botas Peludas – .

Xev le clavó la mirada antes de proyectarle mentalmente su ira.

– Realmente odio ese nombre que le diste a mi encarnación felina, Gautier.

Nick le dio una rápida sonrisa al enorme Mau egipcio que lo miraba indignado.

–¿Por qué piensas que te llamo así?

Xev sacó sus garras para limpiarlas pero Nick vio la que estiró en su dirección. Divertido por el insulto con el dedo medio que Xev había copiado de Caleb, Nick se estiró hacia el tocino solo para darse cuenta que su peludo huésped le había ganado de mano. Otra vez. Si, era algo bueno que sintiera lástima por Xev.

Realmente. Por miles de años, el antiguo ser había sido prisionero en un reino sin amigos o familia. Ahora era demasiado cauteloso con un mundo que no entendía, y era antisocial, por lo cual decidieron que lo mejor era dejarlo en casa de Nick para que descansara mientras Nick iba a la escuela o al trabajo. Y todos estaban felices de esa forma. Además como Xev sufría de un severo trastorno post-traumático combinado con increíbles poderes y casi nada de paciencia o tolerancia, había menos posibilidades de que el mundo llegara a un final violento si Xev se mantenía alejado de los eventos que pudieran elevar su nivel de estrés y lo tentaran a un asesinato en masa.

– ¿En serio, Nick?

Nick se dio vuelta para encontrarse con su madre, bajita y rubia, que lo miraba con bronca. Diablos, nunca sería capaz de entender como una mujer tan pequeña como Cherise Gautier pudiera ser tan aterradora cuando se enojaba. Pero bueno, su novia, Nekoda Kennedy, tenía los mismos poderes para absorber la testosterona.

Y todo lo que Kody debía hacer era fruncir los labios en su dirección.

– ¿Qué?

Cerró la puerta de la heladera, y movió el pote vacío de leche en su dirección.

– Primero decime ¿por qué te tomaste toda la leche anoche, después de que fuera a acostarme? Y segundo ¿por qué dejaste el envase vacío en la heladera?

Él cerró la boca y desvió su mirada al verdadero culpable, quien probablemente había tomado la leche directamente del envase sin usar un vaso para rematarlo. Pero su madre pensaría que estaba loco si culpaba al gato, el cuál no tenía pulgares. Así que cuadró los hombros y aceptó la culpa por su amigo.

– Porque soy un estúpido. Es lo que ocasiona que haga las cosas mal aunque no tenga intención de hacerlas.

Ella revoleó los ojos, y tiró el envase vacío a la basura.

– Ve antes de que vuelvas a llegar tarde. Te amo aunque me vuelvas loca.

– Yo también te amo. –Tomó su mochila del piso, besó su mejilla y miró mal al gato–. Hasta luego, Botas Peludas. ¡Y no profanes mis sábanas!

Era demasiado tarde. Xev ya se enfilaba para la habitación de Nick, era su turno para usar la cama. Suspirando ante lo inútil de advertirle a Xev cualquier cosa, miró a su mamá.

– Compraré más leche de camino a casa del trabajo.

– Gracias Boo. Que tengas un buen día.

– Y tú también. No trabajes demasiado duro. –Nick se dirigió a la puerta trasera y cruzó el estacionamiento del condominio hasta la pared de ladrillo que lo separaba del patio de la escuela. Aunque había nubes de tormenta agrupándose a la distancia, dirigiéndose hacia el rio, se tomó un momento para apreciar el día.

Subió el cierre de su chaqueta e inhaló el aroma familiar de café y beignets que venía con la brisa, desde los restaurantes y negocios.

Honestamente, estaba agradecido de sentirse en casa en el French Quarter, y rodeado de sus amigos y familia.

De estar parado en este lugar, en la ciudad más linda del mundo.

Si, era un buen día para estar vivo. Su amigo Acheron, quien era un antiguo atlante, tenía razón. Cada día debía comenzar con propósito y debía vivirse con gratitud. Después de que lo forzaran a vivir como alguien más por un breve período de tiempo, Nick había decidido que aunque su vida fuera retorcida y peligrosa, la prefería sobre cualquier otra.

Esta existencia y el mundo  podían no ser perfectos. Pero eran perfectamente suyos.  Lo único que  cambiaría en este punto sería el número de criaturas paranormales que lo querían ver muerto. O esclavizado.  Sí, sería bueno estar fuera de un par de listas por un tiempo. No se quejaría de eso.

Eh, Ca c’est bon. Así era la vida. Algunos días te comes lo sobrenatural, otros lo sobrenatural te devora a ti. Y en esta ciudad y más específicamente, en su jodida vida, esa frase tenía significado.

Corrió por las escaleras de la Escuela Secundaria St.  Richard, y entró en el edificio de dos pisos, hecho de ladrillos rojos  y se dirigió a su casillero para cambiar sus libros y así poder comenzar correctamente su día con tan poco drama como fuera posible. Lo cual sería un muy buen cambio de ritmo.

– ¿Por qué estás sonriendo, Gautier? – Nick sonrió aún más cuando cerró su casillero y se volvió para hacerle frente a su obstinado  guardaespaldas.

–Son casi las 8 a.m. y nada ha tratado de matarme o comerme todavía. Es un buen día, si me lo me preguntas.

Revoleando los ojos, Caleb lo rodeó para abrir su propio casillero.

– Realmente odio a la gente alegre en la mañana. Pienso que debería haberte dado de comer a tus enemigos con mis propias manos anoche. –Nick se rió.

– Pero no lo hiciste –bromeó contra todo sentido común, con un tono de voz cantarín, el cual había aprendido de un demonio Caronte muy especial llamado Simi, mientras Caleb sacaba sus libros y los introducía en su mochila de marca.

– Lo que quiere decir que piensas que soy todo lindo y esponjoso. Además, me extrañarías si me fuera. –Con un grosero bufido, Caleb subió el cierre de su mochila para cerrarla.

– Cuidado, Cajun. Yo no probaría esa teoría, si  fuera tú .–Nick se apoyó contra el banco del casillero y trató de no envidiar la oscura y perfecta apariencia de actor de Hollywood de Caleb que hacía que todas las mujeres en su escuela le dieran una mirada de anhelo mientras pasaba caminando a su lado. Estudiantes y profesores.

– No tendrías que cargar este peso si te fueras de aquí.

– ¿Qué quieres decir?

– Tú dijiste que cuando el demonio de mi padre muriera no tendrías que estar nunca más en esta escuela cuidándome. Ahora él se ha ido, y sin embargo, te quedaste… mi fiel, y guapo protector.  –Nick batió sus pestañas jugando. Ignorando el fingido coqueteo de Nick, Caleb cerró el casillero y se pasó la mano por el elegante peinado de su cabello negro azabache. Sus oscuros ojos oscuros se tornaron naranjas por un momento, mientras miraba a Nick con dureza.

– Sí, bueno, mi instinto de conservación y el sentido común se activaron. Si algo te come, heredara mi alma y servidumbre. Aunque seas molesto la mayor parte de los días, prefiero tratar contigo que con otras de mis posibles opciones. Porque seamos sinceros, mi suerte y experiencias pasadas me dicen que nunca sería un súcubo sexy que pase sus días trabajando como una supermodelo en bikini, sino más bien una escamoso anciano exhibicionista al que le gusten sacarle las alas a los daeves y pegarlos en tarros. . . o clavarlos en  las paredes. –Él empujó un libro de química hacia Nick–.  He estado allí. He hecho eso. El círculo vicioso es una mierda y quien lo diseñó debería ser relegado al nivel mas bajo del pozo especial de Thorn.

Nick chasqueó la lengua.

– Pobre Caleb. Tienes mil años de antigüedad y todavía estás en la escuela secundaria. Hombre, en serio necesitas hablar con un consejero acerca de su expediente académico.

– No me presiones, Gautier. Mis instintos maternales no empiezan sino hasta el mediodía.

Riendo, Nick se apartó de los casilleros, para que LaShonda pudiera abrir el suya. Vestida con un traje azul marino, de estilo j-pop tenía su rasta recién hechas recogidas con un moño que hacía juego.

– Buenos días, Miss Sunshine.

 LaShonda frunció el ceño mientras sacaba los libros para su primer período.

– Alguien está de buen humor esta mañana.

Nick le guiñó un ojo.

– ¿Qué puedo decir? Ver tu hermoso rostro puede animar mi estado de ánimo más agrio.

– No dejes  que su novio o su Kody te escuchen hablar con ella de esa manera, Gautier, o ellos tendrán Nuggets de cajún fritas para el almuerzo.

Sonriendo, Nick se hizo a un lado para que Brynna Addams, la mejor amiga de LaShonda, y una de las pocas personas en las que que sabía que podía contar en los momentos de mayor importancia. A diferencia LaShonda, con su estilo audaz, Brynna era mucho más tranquila en su elección de vestuario, con un pantalón marrón y una camisa blanca.

– Buenos días, mi otra Miss Sunshine. Siempre es un placer verte.

– Estas de muy buen humor.

Brynna  frunció el ceño hasta que su mirada fue más allá de él. Por el cambio en el aire, sus instintos le dijeron que alguien con un alto nivel de habilidades sobrenaturales se acercaba por detrás. Alguien letal y que podría matarlo en un santiamén. Y sin mirar, sabía exactamente quién era. Un talentoso ser celestial cuyas cualidades conocía demasiado bien.

Con su corazón mas liviano, se dio vuelta, ignorando las reglas respecto a la cercanía entre estudiantes y abrazó a Nekoda para poder inhaler el suave aroma a vainilla que era único de ella. Su cabello castaño estaba atado en una trenza desprolija que servía de marco para un hermoso rostro. Un rostro que contenía un par de brillantes ojos verdes que nunca cesaban de prenderle fuego a su sangre, aunque inicialmente hubiera sido enviada para asesinarlo antes de que se cumpliera la profecía de su maldición, además Caleb aun tenía sus dudas respecto a confiar en su lealtad hacia ellos. Sin embargo Nick no podía evitar lo que sentía.

Ella era su primer amor.

Honestamente, no podia imaginar sentirse de esta forma con nadie más. Y si tenía que morir, preferiría que fuera por su mano y no por la del enemigo.

Su corazón siempre sería de ella y de nadie más.

La abrazó con fuerza

– Y aquí llega la parte más luminosa de mi día. Buenos días, cher.

Frunciendo el ceño,  Nekoda llevó su mano hasta su rostro y le quitó el cabello de la cara.

–  ¿Estás bien?

Brynna sonrió mientras abría su casillero.

– Chica, está de un humor muy pero muy extraño. Me pregunto si Madaug estuvo programando juegos otra vez.

Nekoda se rio nerviosa ante el recuerdo del video juego Zombie Hunter, que Madaug St. James había creado y accidentalmente convirtió a todo el equipo de futbol americano en zombies y causó que el anterior entrenador se comiera al director.

–  ¿No lo hizo, verdad?

 – No, definitivamente no. Ni siquiera juega al solitario en su computadora desde esa noche. –Nick tomó la mochila de Kody de su mano para llevarla por ella–. Estoy vivo, en New Orleans, donde se supone que debo estar.  Aquí, contigo, la chica más hermosa de todo el universo. –Besó su mejilla antes de señalar a Caleb con la barbilla–. Y aquí tenemos al rey del mal humor frunciendo el ceño y planeando mi muerte y desmembramiento. Todo está bien en el mundo y estoy muy feliz e la escuela, en este tiempo l que pertenezco, con todos ustedes que piensan que perdí completamente la cabeza.

Caleb se mofó.

–Por el amor del Dios ¿podrías dejar de decir esa basura? –gruñó apretando los dientes–. Personalmente, no tentaría a los Destinos, niño. Tienes una manera espantosa de aplastar esos pensamientos felices y metértelos por la garganta haciéndote llorar por tenerlos.

Nick consideró la idea por unos momentos. Entonces, cerrando la distancia entre él y Caleb no pudo resistir decirle en voz baja la pregunta que su comentario había inspirado en su cabeza.

–En una pelea entre el Malachai y los Destinos ¿quién ganaría?

Puso una mano en el hombro de Nick, para empujarlo.

– Cuídate de la arrogancia, Gautier. Es una cosa espantosa y fatal.

– Solo hice una pregunta.

La mirada en el rostro de Caleb era intense y escalofriante. –

Reza para que nunca sepas la respuesta. El precio de una guerra siempre es mucho más alto de lo que piensas que serás cuando te metes en la primera batalla.

Bueno, entonces…

De repente, un escalofrío le bajó por la espalda. Algo que no podía identificar. De momento ya no estaba en el pasillo de su escuela. Mas bien, se estaba mirando a sí mismo mientras estaba parado sobre las ruinas de un templo griego. Uno que recordaba haber visitado solo una vez, cuando había salvado la vida de Nekoda, luego de que casi muriera en un ataque contra él.

El hogar de la enigmática Artemisa, diosa de la caza.

Solo que la diosa griega no se encontraba allí en ese momento. Sabía, sin que nadie se lo dijera, que era otro vistazo del horrible futuro que vendría.

El futuro post–apocalíptico donde destruía a todos y a todo. Donde él y su ejército dejaban al mundo entero en ruinas.

Todo el Olimpo estaba en llamas a su alrededor, y todos los templos habían sido destruidos. Nick, en su forma de demonio, con su piel roja y negra y sus ojos brillantes, se erguía fuerte y desafiante, con sus alas plegadas a su espalda. Su ejército estaba en las cercanías, esperando sus órdenes. La sangre de los antiguos dioses goteaba de su armadura.

Al igual que la suya.

El tiempo se fue deteniendo mientras se veía a si mismo buscar enre las ruinas algo que parecía haber perdido. El sonido se detuvo. Solo podia escuchar su corazón latiendo. Fiero y fuerte.

Desafiante.

– Ambrose.

Se encogió ante la voz desconocida en su cabeza.

Ah, que mierda. Las voces desconocidas en su cabeza no era una buena señal. Especialmente cuando querían su completa atención y usaban un nombre que se suponía nadie conocía. Y terminó tan pronto como empezó.

Como un video en cámara rápida, todo volvió a la normalidad. Estaba nuevamente en la escuela, en el pasillo con Caleb, Brynna, Kody y LaShonda mirándolo fijamente.

–¿Nick?

Abrió la boca para responder a Kody pero no pudo. Nuevamente tuvo ese sentimiento irreal y escalofriante de que todo en el pasillo volvía a cámara lenta.

De repente, escuchó  un extraño sonido de cascos que venían en su dirección. El relinchar de un caballo ahogó todos los otros sonidos en la escuela.

Contra su voluntad, Nick se dio vuelta para ver a un jinete con una túnica blanca ondulando que montaba un caballo negro al galope, a través de los estudiantes y profesores. Largando fuego por la nariz, el caballo tenía ojos rojos color sangre, que quemaban con su odio.

El jinete tenia una antigua balanza en sus manos.

– ¡Ambrose! – la voz no era ni masculina ni femenina. Era completamente fría y demoníaca. Terrorífica. Sin parar, se dirigió hacia él a puro galope.

Sin poder moverse, Nick se quedó congelado mientras el jinete lo atravesó y lo dejó sin aliento y helado.

– ¡Nick!

Parpadeando ante Kody, movió su cabeza para aclarar su visión mientras el jinete que solo él podia ver, abría la puerta principal. Ni siquiera Kody o Caleb lo habían detectado. Lo miraron con ceños fruncidos idénticos mientras los maestro corrían a cerrar las puertas pensado que el viento las había abierto.

¿Cómo era posible? Siempre habían podido ver cosas como esta cuando él las veía. Generalmente antes de que las viera.

Abrió la boca para contestarle a Kody al mismo tiempo que sonó la campana.

¿Qué mierda…?

Nick parpadeó mientras miraba a todos en el pasillo que ahora se apuraban para llegar a sus salones. Un momento atrás había tenido quince minutos para llegar a tiempo.

¿o no?

Miró de reojo al reloj en el pasillo que confirmó que era hora de que comenzaran las clases. No podía ser.

– ¿Gautier? –Caleb gruñó desde la puerta del salón. ¿Cómo había llegado tan rápido hasta allá? Seguramente no se habría teletransportado frente a los humanos.

– ¿Quierés que vuelvan a amonestarte por llegar tarde?

La respuesta era un gran no. Había pasado suficiente tiempo de su adolescencia en este edificio. Lo último que quería era sumar tiempo adicional, especialmente cuando no había obligación. Desestimando lo que había visto como una ilusión atribuida a alguna clase de flash inducido por su Nintendo, Nick se dirigió al salón donde Nekoda, Brynna y Calen estaban ubicándose en sus asientos.

Aun así, algo parecía fuera de lugar. Como si estuviera caminando a través de una densa y pesada niebla. Se inclinó hacia donde estaba Nekoda para susurrarle.

– ¿Estoy donde debo estar, cierto?

Su ceño fruncido era idéntico al suyo.

– ¿Eres mi Nick?

Dioses, eso esperaba. Sino por qué estaría vestido con esta espantosa camisa hawaiana naranja. La última vez que había estado en otra dimensión y cuerpo, su vestuario había sido mucho mejor. También era mucho más petiso que su yo de un metro ochenta, desgarbado y que se golpeaba las rodillas con todas las cosas.

Dudó.

– ¿Eres mi Kody? – le preguntó.

– Si –ella estiró la sílaba–. ¿Por qué lo preguntas?

Nick se rascó la nuca.

– No lo sé. Tuve un presentimiento extraño, de repente.

– Se llama detención, Sr. Gautier – Richardson arrancó el papel para él .

Genial. Épico

Nick no estaba seguro qué le molestaba mas. La detención o el hecho de que la troll no todavía no pudiera pronunciar su nombre correctamente.  Siempre decía  “Gah-tee-ay” cuando sabía que se pronunciaba “Go-shay.”

– No digas una palabra.

Nick puso mala cara al escuchar la voz de Caleb en su cabeza. Normalmente no lo hubiera escuchado. Pero por una vez, estaba agradecido de tener esta suerte, y decidió escuchar el bueno consejo de Caleb. No hacía falta contrariar al establecimiento.

Solo por hoy. Solo quería tomarse el resto del dia para calmarse y volver a la normalidad. No mas fantasmas mutantes en el pasillo. No mas voces desconocidas en su cabeza.

Normalidad.

Por favor, por el amor de dios, dejen que mi día sea normal por una vez…

– ¿Qué? – gruñó Richardson. – ¿No hay una respuesta sagaz, Sr. Gautier? ¿El ratón le comió la lengua?

Nick le dedicó una sonrisa encantadora que no sentía.

– No Señora. Un cocodrilo llamado sentido, antes conocido como Común.

Con un gesto de desprecio hacia Nick, se dirigió a su escritorio para poder insultar a alguien mas y arruinar su día.

Caleb suspiró irritado.

Genial – le proyectó a Nick – ahora también tengo que lograr que me manden a detención. Realmente te odio, Gautier.

Nick batió sus pestañas en su dirección.

– Pero si te amodoro, Caliboo.

Eso logró un quejido por parte de Caleb.

– ¿Qué dijo, Sr. Malphas? – le preguntó Richardson.

– Tengo un mal intestinal severo causado por una hemorroide externa que parece estar creciendo a mi derecha. –Miró fijamente a Nick.

La clase explotó en risas mientras Richardson se puso de pie.

– ¡Suficiente! –dijo golpeando el escritorio con sus manos–. Por eso, Sr. Malphas, puede acompañar al Sr. Gautier en detención después de clases.

Caleb suspiró irritado.

– Más tiempo de calidad con mi hemorroide. Justo lo que quería para Navidad. Yippee ki-yay.

Nick se forzó a no reaccionar ante el sarcasmo que solo él podia escuchar. Si no fuera por el hecho de que conocía la verdad sobre cómo se sentía Caleb con respecto a él, lo habría lastimado su animosidad. Pero mientras había estado atrapado en otra dimensión, había visto por si mismo lo que Caleb pensaba de él.

Eran familia.

Hermanos en armas.

Si, peleaban y se burlaban. Pero al final del día, matarían o morirían el uno por el otro. Era algo que ambos habían probado. De eso no cabía duda.

Así que digirió la mordacidad del demonio con calma y trató de tener en mente lo dura que debió ser la vida para Caleb.

Él había perdido a todos lo que alguna vez le importaron. Vio como sus enemigos asesinaron brutalmente a su esposa y había pasado siglos esclavizado a un amo demoníaco y  cruel que había odiado sus tripas.Uno que no había dudado en abusar y burlarse de él con cada oportunidad que tuviera. Si, el padre de Nick había sido horrible con todos a su alrededor.

Caleb tenía cada razón en el universo para odiar a Nick, y por el contrario,  era el mejor amigo que jamás había tenido.

Oye imbécil – Nick proyectó mentalmente a Caleb–.  Gracias.

Caleb frunció el ceño

¿Por qué?

Nick sonrió  mientras Caleb respondía en voz alta.

—Por no dejarme morir, por pelear a mi lado cada vez que te necesité, y por despertarte esta mañana cuando sé que duermes hasta el medio día o la tarde.

Su ceño fruncido se profundizó.

—Eres tan raro.

Dado el hecho de que Nick era el hijo odiado de un demonio cuyo único propósito era un día acabar el mundo, y había nacido para convertirse en el peor jinete del apocalipsis, esclavista, para ser específicos y estaba saliendo con el fantasma de una guerrera que podría  asesinar en el futuro, raro era un eufemismo colosal.

Para eso, si existiera un ticket de vuelta a la normalidad, Nick sería el primero en la línea para comprarlo.

Su vida era un caso extremo de estudio de la ley de Murphy, todo lo que podía ir mal, iba mal, de la peor manera posible y en el peor momento posible.

Sí, eso era un buen resumen de su día a día.

Lo triste era, que estaba acostumbrándose a eso.

Justo cuando sonó la campana Caleb estornudó. Y luego estornudó otra vez y una vez más. Nick se congeló ante el sorprendente sonido que jamás había escuchado antes. Nunca. Especialmente teniendo en cuenta que las facciones de Caleb se pusieron pálidas instantáneamente.

— ¿Estás bien amigo?

Caleb se pasó la mano por la frente como diciendo que no era un buen día para ser Malphas.

— De repente no me siento bien.

—Tampoco luces bien.

—¡Dioses, Nick eres tan directo!

Kody refunfuño mientras caminaba a su alrededor para revisar a Caleb, y puso la palma de su mano en su frente

—Cielos, cariño. Estás ardiendo por la fiebre

Caleb sacudió su cabeza.

—Es imposible, yo no me enfermo. —Empezó a toser, fuerte.

Con los ojos entrecerrados Nick dio un paso hacia atrás.

—Bueno, no soy un enfermero ni un médico, pero eso suena como si estuvieras bastante enfermo para mí, y no de la mejor manera, sino del tipo Llama-mi-madre-necesito-sopa-y-Kleenex.

Kody palmeó la espalda de Caleb

—¿Estás bien Corazón?

Negando con la cabeza respiró con dificultad y comenzó a toser de nuevo. Richardson vino hasta ellos y habló con un tono irritante.

— ¿Hay algún problema?

Nick intercambió una mirada preocupada con Kody antes de responder.

—Creo que Caleb se está enfermando.

Burlándose, Richardson torció su labio

—Me parece que está b…  –sus palabras se cortaron mientras Caleb vomitaba sobre sus pies, gritando ella dio un salto hacia atrás, pero no antes de que el vomito alcanzaa us horribles zapatos marrones. Nick arrugó la nariz.

—Amigo, eso es tan asqueroso – y genial al mismo tiempo. Era bueno saber que Caleb tenía una puntería excepcional para todo–. Hombre ¿qué comiste en el desayuno? Eso no se ve bien. Parecen pedacitos de comida para gato o algo.

Richardson se puso verde y comenzó con arcadas, y luego los maldijo de una manera que hubiera logrado que los suspendieran si el director los escuchaba decirlo.

– ¡Llévenlo ahora a la enfermeria!

– Si, Señora. –Nick mantuvo los labios pegados para no reírse por el asqueroso karma,  mientras pasaba el brazo de Cale alrededor de sus hombros y lo guiaba hasta el frente de la escuela. Kody los siguió.

Tan pronto como salieron del salón, Nick se detuvo para susurrar.

– ¿Quieres que te lleve al baño para que puedas transportarte a casa?

Caleb respiró con dificultad.

– Yo-yo.yo no puedo teletransportarme.

Nick se quedó helado del horror.

– ¿Cómo?

El terror absoluto se reflejó en los ojos oscuros de Caleb.

– Perdí mis poders, Nick. Soy humano.

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

Pequeño extracto “Born of Fury” (The League)

Hauk fulminó con la mirada a Fain.

-Diría que te sintieras como en tu casa, pero veo que ya lo has hecho. Necesito de veras tirar de códigos de acceso algún día.

Cogió la mano de Sumi y la llevó hasta la sala de estar que tenía una pared de cristal con unas impresionantes vistas de la ciudad.

Ella se soltó de su mano para poder ponerse más cerca y poder mirar las brillantes luces que la hacían parecer estrellas caídas del cielo.

-Es increíble.

-Sí. Me encantaba quedarme aquí cuando era pequeño. Me echaba a llorar con todas mis fuerzas cada vez que mis padres hacían que me marchase.

-Ya veo el por qué. –Ella se detuvo cuando vio el retrato al óleo encima de la chimenea.  boquiabierta, lo miró asombrada-. ¿Quién es?

-El primer Dancer y fundador del Warring Blood Clan de Hauk. Mi abuela lo dejó en la casa cuando se mudó. Como me llamo así por él, pensó que tenía derecho a heredarlo.

Sumi estudió la imagen del guerrero, cuya hermoso rostro estaba protegido casi en su totalidad por un oscuro manto de color borgoña. Llevaba unos brazales parecidos a los que tenía Dancer, y sostenía una espada con alas y ojos de un brillante rojo que concordaban con el ojo que le había pintado el artista. Tenía un semblante adusto, y el porte de un orgulloso centinela preparado para defender a su familia, su hogar y su planeta.

-Se dice que solo vivió noventa y dos minutos después de que su mujer fuera enterrada. Que no podía ni siquiera soportar la idea de vivir sin ella, así que su corazón explotó en el momento que volvió a casa sin ella.

Ella frunció el ceño.

-Los Andarions tienen las leyendas más hermosas y terroríficas.

Él se encogió de hombros con aire despreocupado.

-Es la marca de nuestra raza.

(Editado por spoilers)

-¿De verdad? ¿Es digno de batalla? –preguntó Sumi.

-Oh, sí –dijo con una risa sarcástica-. Andarion hyriallium. No hay metal como ese en ningún mundo. Nunca se rompe, se oxida ni se desafila. Su espada solía estar en los bordes del retrato. Cuando éramos pequeños, Fain y yo solíamos retarnos el uno al otro a intentar tocarla sin que nos pillaran o nos cortásemos.

Ella sonrío ante la imagen de Fain y él intentando escalar para alcanzarla.

-¿Por qué se llevó la espada y dejó el retrato?

(Editado por spoilers)

-Es la espada de la guerra de Hauk de los ancestros y de nuestro fuerte clan. Nunca ha conocido derrota ni desgracia. Solamente el mejor guerrero o guerrera de su generación puede poseerla, y solo puede pasarla la matriarca cuando considera que se la han ganado…

                                                       

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

Capítulo 2 de “Illusion” en Español

Adelanto de Illusion (Chronicles of Nick 5) – CAPÍTULO 2

Frunciendo los labios en compasión, Selena le dio unas palmaditas a Nick en el hombro.

−Claro, chico. ¿Dónde vives?

Nick negó con la cabeza.

−No de esa forma. Dijiste que creías que realidades alternativas, ¿verdad?

−Sí.

Se preparó para sonar como el maldito, estúpido lunático que era. No llames a la policía. No tenía ganas de repetir esa pesadilla.

−No soy de aquí, ¿vale? Me fui a la cama en mi mundo, o dimensión, o como quiera que se llame, y me desperté este. Y sin ánimo de ofender, este es… −Se mordió la lengua para no decir raro, porque no era raro. Era normal. Pero para él normal era la forma más extraña de raro que podía imaginar−. No pertenezco a este lugar y quiero irme a mi casa. Por favor, ayúdame a volver a mi mundo.

Ella dio un paso atrás. No la culpaba. Si alguien le hubiera dicho lo mismo a él, habría huido en la dirección opuesta después de la tercera palabra que hubiera salido de su boca.

Nick empezó a estrechar el espacio que había entre ellos, y luego se detuvo. Si hiciera eso, ella podría echar a correr.

−Mira. Sé que parece que estoy loco, ¿vale? Pero en mi mundo, tu hermana Tabitha tiene un novio llamado Eric St. James. Se graduó en St. Mary, y tu tía Ana es propietaria de una tienda de vudú llamada Erzulie’s en la esquina de Royal con St. Ann. Tu hermana, Tiyana, que tiene el mismo nombre que ella, también trabaja allí. −Dio una palmada al recordar otro detalle que esperaba que aún fuese cierto−. Y Tabitha tiene una gemela llamada Amanda, y eh… cómo se llamaba… tu otra hermana es una comadrona que fue interna de una mujer llamada Menyara Chartier: mi madrina. Y tu tía Kalila, que no es en realidad tu tía sino la mejor amiga de la infania de tu madre, hace la histora vampírica encantada y tours de vudú en el Quarter. He repartido panfletos para ella y Sid. Y tienes otra tía de sangre que es propietaria de la Caja de Pandora en la calle Bourbon. Tabitha trabaja allí a veces, y en la joyería de tu tía Zenobia en Royal.

Selena estalló en carcajadas y después se puso seria.

−Espera un minuto… No estás mintiendo. De verdad crees en todo lo que acabas de decirme.

−Es la verdad… Al menos lo es de donde provengo.

Ella se acercó y le puso la mano en la mejilla antes de tirar de él y darle un fuerte apretón. Nick no estaba seguro de por qué estaba acosándolo sexualmente, pero no protestó por su abrazo. En lugar de eso, contuvo la respiración rezando por que le hubiera creído.

Después de varios largos e incómodos minutos, le soltó. Acariciando sus mejillas con un ademán maternal, asintió.

−Bien. Necesitamos buscar información sobre tu hogar y ver cómo podemos devolverte allí.

¿De verdad? ¿Eso era todo? Al menos él esperaba un poco más de espectáculo o discusión.

−¿Me crees?

Ella se encogió de hombros.

−¿Sinceramente? No estoy segura. Pero o eres un acosador de cuidado para saberte todos los nombres de los miembros de mi familia o… Te diré lo que vamos a hacer. Déjame dejar mis cosas con mi amiga, que tiene un puesto en la plaza justo al lado del mío. Camina conmigo y…

Nick la interrumpió como si todo cobrara sentido para él.

−Eres Madame Selena, ¿no? He visto tu puesto millones de veces mientras pasaba por la plaza, pero nunca me di cuenta de que eras la hermana de Tabitha. –En parte porque nunca había mirado a ninguno de los psíquicos de allí.

Que él recordara, su madre siempre había opuesto rotundamente a ellos, llamándolos falsos y fraudes, y desde que él se había enterado de lo que realmente era, había tenido demasiado miedo de acercarse a ellos en casa de que no fueran todos unos charlatanes. Con un precio paranormal sobre su cabeza, había que ser cauto. Lo último que necesitaba era un médium intentando cobrar la recompensa como todos los demás.

O peor, sus poderes de Malachai.

Pero esta… su elaborado puesto era difícil de pasar por alto, incluso desde la distancia.

−Tú eres la médium que tiene el puesto de cartas justo delante del Centro de Visitantes, al lado de la artista con todos esos óleos de paisajes… Sunshine Artworks.

Ella pareció impresionada.

−¿Quién es tu madre, chico?

−Cherise Gautier –se golpeó en la frente mientras recordaba que era diferente ahora−. En mi tiempo. Aquí se llama Cherise Burdette, neé Gautier.

Boquiabierta, Selena se rió.

−¿Burdette Triple Amenaza? ¿La mujer del enorme jugador de fútbol?

Triple Amenaza… Sí, definitivamente describía al hombre que Nick conocía tan bien. Mucho más apropiado que el Triple B que Bubba usaba en su mundo.

−¿Conoces a Bubba?

−Conozco a Cherise y a Michael. Cherise y yo solíamos trabajar juntas en el Café Pontalba cuando estábamos en la facultad. Así fue como se conocieron. Michael estaba en la ciudad por un partido. Pero no hablo con ella desde hace años.

−Sí, bueno, yo hablé con ella esta mañana, y si oye una palabra de eso, hará que me encierren.

Selena se rió.

−Chico, cualquier persona cuerda te encerraría. Tienes suerte de que esté loca y acepte lo imposible como cotidiano.

Ella le cogió del brazo y lo llevó en dirección al tranvía.

Mientras caminaban, hubo algo acerca de ella que le confundió más aún que despertarse en ese extraño lugar.

−¿Por qué tú eres exactamente igual cuando nadie más lo es?

−Yo no diría nadie. Tabitha no parece que sea tan diferente. Tiyana tampoco. Mi teoría sería que algunos somos endiabladamente cabezotas como para ser otra persona. Nuestra personalidad es tan fuerte o intensa que no importa dónde nos pongas, seguiremos siendo nosotros. O podrías decir que es la voluntad del universo. ¿De verdad importa?

−A mí sí, especialmente ahora.

−¿Por qué?

−Porque algunos de los cambios en la gente que conozco no tienen ningún sentido, sobre todo con lo que acabas de decir. Confía en mí, nadie tiene una personalidad más fuerte que la suya.

Paró poco antes de mencionar que Caleb y Simi eran demonios en su mundo o que Acheron era inmoral… Algo con mucho poder. ¿Cómo podían ser esas cosas en su mundo y ser humanos corrientes ahí, mientras Selena y probablemente Tabitha eran iguales en ambos sitios?

No tenía ningún sentido para él.

Selena le dio una palmadita en el brazo.

−Bueno, no te preocupes por eso. Vamos a arreglar tu situación y a averiguar que está pasando.

Él notó la nota subyacente en su voz que hizo que un escalofrío recorriera su espalda.

−¿A qué te refieres?

−Bueno, si tú estás aquí y no es donde deberías estar, y aun así había otro Nick viviendo aquí antes de que llegaras, eso lleva a la pregunta de dónde ha ido el otro Nick, ¿no?

Oh, mierda. No había pensado en eso. La úlcera que le acababa de salir le dolió con solo pensarlo.

−¿Estás diciéndome que hay otro tío en mi pellejo en casa?

−Esa es mi hipótesis.

Genial. Simplemente genial. Era todo lo que necesitaba. Alguien jodiendo su ya jodida vida. Como si no hubiera hecho él bastante por su cuenta. Pero era peor… El otro Nick, si era de este mundo, no sabría que era parte demonio, ni tendrían las habilidades para luchar contra aquellos que querían esclavizarlo.

O matarlo.

Y eso solo eran su madre y su novia. Qué más daban las amenazas reales a su vida.

−Tienes que conseguir que vuelva. Ese Nick… Podría echarlo todo a perder.

Podría desbloquear los poderes de Malachai de Nick y desbaratar el universo entero.

Con un nudo en el estómago, permitió que Selena le guiara hasta su Mustang rojo, y le llevara hasta la plaza. Pero en lugar de ir hacia su puesto como había dicho, ella giró bruscamente en la esquina de Roya con St. Ann, donde estaba situada la tienda de vudú Arzulie.

Nick frunció el ceño ante el edificio rosa que era imposible de pasar por alto en ambos mundos.

−¿Tu tía aún dirige esto?

Selena aparcó el coche.

−Algo así. Tabby y Tia son técnicamente las dueñas ahora. Le están pagando por ello.

−¿Y qué pasa con la Caja de Pandora?

Ella apagó el motor y se desabrochó el cinturón.

−Ha dejado de ser parte de la familia desde que mi tía fue asesinada en su tienda hace diez años.

Nick soltó un suspiro compasivo.

−Lo siento.

−Gracias.

Ella salió del coche.

Antes de acompañarla, Nick se tomó un momento para sintetizar lo que había dicho y rendirse ante lo que Ambrose le había contado sobre el futuro de Nick. Nada tenía sentido. ¿Por qué estarían unas cosas tan cambiadas mientras otras no?

Era un lío.

Por ahora, sin embargo, seguiría la corriente. No tenía otra opción.

Salió del coche y espero en el bordillo a que Selena abriera las puertas. Mientras doblaban la esquina y se acercaban a la entrada de la tienda, Nick tuvo una especie de déjà vu. Muy fuerte.

Una de las últimas cosas que habían hecho antes de sacarlo de su mundo fue ir allí y comprar lo que Caleb necesitaba para el hechizo cegador que usaron para los poderes de Nick.

El momento en el que Nick entró en la tienda se convirtió en una de las noches más largas de su vida. Ahora, parecía que había pasado una eternidad.

¿Cómo podían pasar tantas cosas en tan poco tiempo? Pero eso era la vida.

Los golpes seguían viniendo…

Selena abrió la marcha hacia la tienda de color rosa y morado que era idéntica a la que había en su mundo. Hasta en las persianas verdes y las oscuras estanterías que sostenían las muñecas de vudú, hechizos, aceites, perfumes, jabones, wangas, y todo tipo de cosas.

−¡Ey, Tab! –gritó Selena, tan alto que hizo que Nick pegara un salto. Ella frunció el ceño ante su reacción−. Necesitas ver a un médico por tu desorden nervioso, colega. Con reflejos como ese, debiste ser un gato en otra vida. Enhorabuena por evolucionar.

Él no contesto mientras observaba el gran altar vudú de su izquierda que había sido montado para la diosa Erzulie, de la que cogía el nombre la tienda. La noche anterior, la tía de Selena había amenazado sus partes si tocaba alguna de las ofrendas y el suelo que las rodeaba.

Tabitha seguramente no le advertiría. Le caparía directamente.

Y hablando del diablo, salió de la parte trasera. Solo que estaba mucho más tranquila. La mujer de lo maldito y lo emo había desaparecido, y en su lugar había una mujer con un jersey azul apagado y vaqueros.

Se pasó una mano por su oscuro pelo de color caoba.

−Tabby no está aquí. Ella y Tia han salido corriendo a la tienda de rock para una nueva remesa que –hizo el gesto de comillas con los dedos- tenían que ver. –Puso los ojos en blanco−. Solo es otra caja de discos de rock. De verdad. ¿Qué les pasa a estos locos?

−Tú debes de ser Amanda –dijo Nick sin pensar.

Ella le miró de forma sospechosa.

−Sí. ¿Y tú eres…?

−Un amigo de los locos –contestó Selena antes de que él pudiera hablar−. Ignora al chico delante del altar.

−Sin problema. Tengo mucho trabajo que hacer atrás. Estoy aprendiendo a hacer una muñeca vudú de Tabby que pueda apuñalar con alfileres.

Selena se mofó de ella.

−No va a funcionar.

−Eso no me va a impedir que lo intente. Obviamente adoro la inutilidad. He intentado inculcaros cordura a muchos de vosotros durante casi treinta años −Amanda volvió a la parte trasera−. No toqueis nada u os maldigáis mientras no estoy delante para deteneros.

Extrañamente encantado con la gemela de Tabitha, Nick se encontró con el semblante preocupado de Selena.

−¿Ahora qué?

Ella no contestó mientras empezaba a coger cosas de las estanterías y a meterlas en una cestita de mimbre que había cogido de la pila de la caja registradora.

−¿Estás preparando una poción?

Selena sostuvo un paquete envuelto para olerlo y después añadirlo al montón.

−No, me falta jabón y perfume en casa. Mi tía se asegura de tener los mejores ingredientes y de que sean naturales.

Ah…

Nick miró a la puerta y las ventanas, y recordó a Mark y a Bubba cazando demonios y al Sabueso del Infierno de la noche anterior.

Uf, era tan extraño estar allí, donde nadie conocía su verdadera vida. Donde nadie sabía por lo que había pasado.

Quizá estoy loco. Quizá esta era mi verdadera vida y la otra una ilusión. Parecido al Mago de Oz. Quizá el Caleb demoníaco era solo una manifestación del chico con el que había crecido y el subconsciente de Nick lo había demonizado por haberse comido el trozo de pizza de Nick o algo parecido.

Podría pasar.

De hecho tenía mucho más sentido que Nick hubiera cambiado de realidad sin razón aparente mientras dormía.

¿Qué es la realidad, de todas formas? ¿Era lo que conocía o lo que creía conocer?

Tío, alguien podría perder la cabeza intentando encontrarle un sentido a todo esto. Cerró los ojos e intentó una vez más llegar a alguno de los poderes que Grim Reaper le había enseñado.

Nada.

Ni siquiera un eructo o un hipo.

Tenía tantos poderes como el día en que nació.

Irritado, Nick fue hacia el mostrador, donde había un expositor de péndulos. No eran muy diferentes del que Grim le había enseñado a usar. Sin pensar, se acercó al del surtidor. Debería protegerle de cualquier mal que estuviera jodiéndole.

Pero en el momento que lo tocó, su pecho empezó a arder como si alguien le hubiera prendido fuego a su ropa. Aferrándose el corazón, Nick cayó de rodillas.

Mierda, dolía. Mucho.

Su respiración era irregular, pero intentó centrarse. Para enterrar el dolor y poder funcionar. Pero como antes en la escuela, no pudo. Sintió como si algo intentara llevárselo de allí.

O apoderarse de él.

 Y lo peor, sus manos se volvieron translúcidas de nuevo.

−¡Nick!

Oyó a Selena, aunque no encontró la forma de contestarla. No podía formar las palabras, sin importar cuánto lo intentara. Alguien se rio dentro de su cabeza. Aunque parecía más un rugido.

Empezaron a aparecer imágenes en su mente a la velocidad del rayo. Vio su propio pasado y un pasado que no conocía en absoluto. Bubba era el mismo lunático que conocía y al mismo tiempo era el hombre que era su padre allí.  En otro tiempo y lugar, estaba en un comando en la jungla, combatiendo zombis y otras cosas que Nick no pudo identificar. Vio a su madre morir, una y otra vez, mundo tras mundo.

Su ser demoníaco futuro arrasando…

Las llamas saltaron a su alrededor mientras volaba por una destruido paisaje de Nueva Orleans que estaba lleno de cuerpos y los retorcidos restos de coches, transportes militares y armas.

“Sicut erat in principio, et nunc, et Semper, et in saecula saeculorum…”

La voz de Kody llenó su mente. Igual que al principio, como había sido y será durante siglos. Cerrando los ojos, permitió que su calidez le diera algo en lo que centrarse.

“Pax tecum, hermanito”. La voz de Ash se unió a la de Kody en su cabeza.

Y después una tercera suave voz se unió a las demás. “Di tu nombre, demonio, y te daré lo que más quieres. La paz será tuya. Para siempre”.

Nick frunció el ceño. ¿Decir su nombre? No tenía sentido. ¿Por qué estaba en su cabeza esa voz si no la conocía?

Estoy loco.

−¡Nick!

Tragando saliva, miró los ojos cargados de pánico de Selena y vio lo que iba a por él en su mundo.

−Invocaste a Julian de Macedonia para Grace en su cumpleaños. Ella lo liberó. Y Kyrian…

En seis meses debería conocer a Amanda.

Nick podía verlo todo con claridad.

Por eso Ambrose, el futuro ser de Nick, le había dicho que evitara a Amanda y Tabitha. Ambrose sabía exactamente lo que iba detrás de ellas, y revolviendo en la línea temporal, Nick podría hacer que Kyrian no encontrase la felicidad ni se liberará de su pacto con Artemisa.

Nick podría detener el destino de Kyrian y así alterarlo todo.

Una vida toca miles. Por primera vez, Nick vio la verdad de la inmensidad de eso y lo comprendió por completo.

Todo hombre nace como mucho y muere como uno. Con cada decisión, una parte del futuro muere y una oportunidad se pierde. Reduces tus opciones y te diriges a un camino de tu vida.

Un camino que llevaba directamente a Nick a un destino que no quería. Había nacido para acabar con el mundo…

Para destruir todo lo que quería y valoraba.

¡Desafía tu destino!

−¡Nick!

La oscuridad le envolvió. Respiraba encima de él y presionaba su pecho hasta que temió morirse. No le dejaría liberarse. Estaba allí, y quería su vida. Sus poderes.

Su alma inmortal.

Nick sacudió la cabeza mientras luchaba contra la inconsciencia. Pero estaba perdiendo la batalla.

Se estaba perdiendo a si mismo.

¡Dime. Tu. Nombre!

                                                   

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain