instinct

EXTRACTO DE “INSTINCT”

Nick miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie más en el baño con ellos antes de que les dirigiera a casa de Caleb. Era el único lugar seguro en el cual podía curar a Caleb, donde ninguno de los enemigos de Caleb lo pudieran atrapar.

—¡Zavid!

El demonio Aamon Zavid, quien vivía con Caleb, apareció a su lado inmediatamente, luego dio un paso hacia atrás tan pronto como vio la debilitada condición de Caleb y escuchó sus balbuceos. Al igual que Caleb, Zavid tenía el pelo oscuro y el tipo de constitución y buena apariencia que dejaban a Nick sentirse inferior.

—¿Qué le hiciste Malachai?

—Nada. Se enfermó.

Eso no ayudó a la actitud de Zavid hacia Nick. En todo caso, sólo se volvió más suspicaz.

—No nos enfermamos.

Caleb comenzó a toser sangre mientras se tambaleaba lejos. Lo hizo solamente hasta las escaleras antes de que se sentara y se apoyara contra la pared.

Nick se encogió ante lo mal que veía y sonaba su amigo. Esas eran toses bronquiales profundas como Nick solía tener cuando él era un niño. No tenía ni idea de qué hacer por él. Dudaba seriamente que un inhalador lo ayudara.

—Siento como si debiera hacerte sopa de pollo o algo así.

Con su respiración dificultosa, Caleb lo miró fijamente.

—¿Cómo alguien puede resistir esto?

—¿Por lo general? Con una gran cantidad de lloriqueos y rogando para que mi mamá venga a mimarme.

Zavid frunció el ceño.

—¿Esto no es una broma? ¿Realmente está enfermo?

—Sí.

Zavid miró de Nick a Caleb y viceversa.

—¿No lesionado? ¿Enfermo?

—Enfermo.— Nick repitió.

Con los brazos en jarras, Zavid estaba en un estado de absoluta incredulidad mientras Caleb se sentaba en las escaleras con la cabeza entre las manos.

—¿Cómo es posible?

—No tengo ni idea. ¿No hay un médico demonio o algo donde me lo pueda llevar? ¿Qué es lo que hacen cuando se ponen enfermos?

—Nosotros. No. Ponernos. Enfermos. —Zavid pronunció cada palabra lentamente—. Nunca. Nos lesionamos. Nos cabreamos. Nos morimos. Nunca nos enfermamos.

Nick hizo un gesto hacia Caleb.

—Obviamente, has sido mal informado.

Zavid puso los ojos en blanco.

—¡Liv!— Ladró, dando por hecho de que era un demonio-lobo en su otra forma.

Vestida con un camisón fluído blanco y con el pelo largo y negro, Livia apareció al instante al lado de Zavid. Increíblemente hermosa, también era un demonio en general que era aún más sanguinaria que los chicos. Eso hizo que Nick estuviera contento de tenerla de su lado.

Bostezando, se frotó los ojos. Obviamente, había estado profundamente dormida cuando le gritó. —¿Qué?— Dijo con irritación.

—¿Has oído hablar de un demonio enfermo?— Preguntó Zavid.

Ella frunció los labios.

—¿De los humanos? Todo el tiempo. Es para lo que vivimos.

Zavid rió.

—No. De un resfriado.

—Oh…— Bostezando de nuevo, se frotó la cabeza. —No seas estúpido. Los demonios son inmunes a los gérmenes.

—Y estamos de nuevo donde empezamos. Estoy empezando a sentirme como si estuviera montado en una rueda de hámster.— Nick saltó lejos cuando Caleb comenzó un gorjeo como había hecho justo antes de que hubiera destrozado los zapatos de Richardson—. Probablemente debería mencionar que C no tiene sus poderes por lo que uno de vosotros que debería llevarlo más cerca de un cuarto de baño. Sólo en caso de que reviente.

Zavid volvió su atención a Livia.

Livia miró boquiabierta a Zavid, después a Nick.

—¿Qué? ¿Porque soy mujer soy una nodriza?

—Bueno, sí…tienes la anatomía que nos falta.— Dijo Zavid sarcásticamente.

Nick se encogió de hombros.

—No me mires a mí para esto. Como ha dicho, me falta el equipo femenino necesario. Y una vez maté a un cactus y unos peces de colores de Bubba que cuidaba. Sin ánimo de ofender, no quiero matar a Malphas o encontrar un baño lo suficientemente grande como para limpiarlo. Ni siquiera estoy seguro de cómo darle de beber o de comer. Ahora que lo pienso, no recuerdo verle comer cualquier cosa a mí alrededor. Nunca. La última vez, me dijo que necesitaba sangre para curarse, y sólo se puede obtener en la Cruz Roja.

Caleb miró a Nick con el labio curvado, pero no hizo ningún comentario al respecto. —¿Puede alguien por favor llevarme a la cama? No creo que pueda hacerlo por las escaleras. Y tú debes estar agradecido, Gautier. Si tuviera la energía suficiente, probablemente te estrangularía. O tomaría una donación de sangre involuntaria de tu yugular.

Se desvaneció al instante.

Zavid se acercó a Nick.

—Le envié a su cama. Pero en realidad, ¿qué está pasando? ¿Cómo puede Malphas estar enfermo y sin sus poderes?

—No lo sé. ¿Hay algún tipo de demonio que nos cace?

—Muchos.— Dijeron al unísono.

Nick gimió.

—Genial. Es bueno saberlo.— Caleb había estado en lo cierto. Nunca debería haber dicho que el día iba bien. Todo se había descarrilado de los carriles hasta la salida de mierda a la Villa del Embrujo.

—Pero.— Zavid interrumpió su angustia mental—. Nunca he oído hablar de algo como esto.— Miró a Livia. —¿Tú?

Ella negó con la cabeza.

—No con un demonio tan poderoso y antiguo como Malphas. Si tenían esa clase de capacidad de despojarlo de sus poderes, habrían atacado al Malachai después de él.

—Sí, pero por una vez, nada me golpeó.

Caleb dejó escapar un misterioso y doloroso aullido. Aterrorizado debido a que algún nuevo enemigo estuviera tratando de matar o comerse a su mejor amigo, Nick subió corriendo las escaleras y hacia el dormitorio para encontrarse a Caleb inmóvil entre las sábanas negras.

Su corazón se detuvo. Caleb parecía muy muerto. Su tez oliva normalmente oscuro tenía un tono gris azulado.

Por favor. Por favor, que no haya muerto. En realidad no estaba listo para decirle adiós a su amigo.

No así.

Nick se acercó a la cama lentamente y con cautela. Era imposible saber lo que podría estar pasando. Aterrorizado, extendió la mano para comprobar la respiración de Caleb. Era débil, pero todavía estaba allí.

Abrumado por el alivio, Nick se puso de rodillas junto a la cama y le susurró una agradecida oración. —Aguanta ahí, amigo. Voy a encontrar una respuesta para esto. Y voy a conseguir que estés bien de nuevo. Te lo prometo.

Él no tenía ni idea de cómo, pero tenía que haber alguna manera de curarlo. Alguna manera de restaurar a Caleb. Tenía que haber un hechizo, una maldición o el pelo de un perro rabioso, o algo extraño que estuviera causando esto. Y si lo había, entonces se podría deshacer.

Prometedor, regresó con Livia y Zavid que esperaban en la puerta del dormitorio. —Mírenlo y asegúrese de que ninguna otra cosa le suceda.

Zavid cogió el brazo de Nick.

—¿Adónde vas?

—A encontrar una cura.

—¿Y si no puedes conseguirla? —Preguntó Livia.

Nick miró a Caleb y en su mente vio el futuro en el que perdía a todo el mundo que él amaba. Se vio a sí mismo solo, rodeado de llamas y destrucción. Era un futuro que se negaba a aceptar.

Su genética, familia y nacimiento nunca definirían su destino. Él sólo controlaría su destino. No los dioses y no una profecía de mierda.

Se encontró con la mirada de Livia y respondió a su pregunta con cada pedacito de terquedad Cajún que poseía. —Le salvaré de esto. Cueste lo que cueste. Caleb ha luchado muchas batallas por mí para que le dé la espalda ahora.

Zavid inclinó la cabeza respetuosamente a Nick.

—Lo protegeré con todo lo que tengo.

—Gracias. Estaré de vuelta tan pronto como pueda.

Decidido, Nick regresó a la escuela. Salió del baño para encontrarse a Kody esperándolo en el pasillo.

Miró sobre el hombro de Nick, hacia la puerta.

—¿Lo dejaste ahí?

—Lo llevé a casa.

Ella dejó escapar un suspiro de alivio.

—¿Cómo está?

—No es bueno. Está en coma o algo así.

Boquiabierta con incredulidad, palideció.

—¿Qué? ¿Cómo es eso posible?

Nick se encogió de hombros.

—No lo sé. ¿Qué hacemos, Kody? Ni siquiera tengo una idea de cómo empezar a hacer lo mejor.

—Yo tampoco. Nunca he oído hablar de esto. ¿Qué dijeron Zavid y Liv?

—Los demonios no se enferman.

—Tienen razón.

Nick miró hacia la puerta donde el jinete se había desvanecido antes de clase.

—¿Viste o sentiste algo antes?

—¿Qué quieres decir?

—¿Antes de que la clase comenzase? ¿Cuándo estabas tratando de llamar mi atención? Vi el jinete sobre un caballo negro con escamas destrozando el pasillo. Cabalgó directamente a través de mí y de la puerta.

Ella arqueó una ceja ante lo que estaba diciendo.

—¿Yrre? ¿Viste a Yrre? ¿Aquí, en el pasillo?

Se encogió de hombros.

—Supongo. ¿Era eso Yrre?

—¿Vestida todo de blanco?

—Sí.

Ella asintió con la cabeza lentamente.

—Pero Yrre no es un hombre. Es una mujer.

—Oh. No lo sé. No pude verle el rostro o el cuerpo. Todo lo que vi fue el caballo y la toga y las escamas… ¿Crees que ella tuvo algo que ver con esto?

Ella se tomó un minuto para considerarlo antes de contestar.

—Tú y Caleb cerraron la puerta, ¿no? ¿Sellaste todo?

—Caleb dijo que lo hicieramos.

—Entonces no hay manera de que Yrre esté libre. El ušumgallu no puede reunir ni montar sin el Malachai para guiarlos. Tú eres su líder y necesitan tu sangre para hacerlo…Creo que ha sido otra de tus visiones. Es probablemente por qué no sabías que era una mujer y no pudiste ver su rostro. ¿Tal vez estaba tratando de llegar a ti para que la liberes?

Eso, entonces, tenía sentido. Ella tenía razón. En el pasado, Nick siempre había visto a los jinetes en sus verdaderas formas. Bane, Laguerre y él conocían al Grim en persona. Habían llegado hasta él como seres de carne y hueso, no como el Jinete Fantasma de St. Richard de Antes de la Campana.

Pero algo estaba atacando a Caleb. Algo que había salido para perjudicarlos a todos.

—¿Crees que podría ser una enfermedad que el Arelim ha enviado para debilitarlo y vengarse de mí? —Como antigua sociedad de protectores divinos para los seres humanos, los Arelim eran los encargados de mantener el orden y garantizar que el demonio Malachai se mantuviera inactivo. Por desgracia, algunos de ellos habían decidido que la mejor manera de hacerlo era matar a Nick antes de que él tuviera sus plenos poderes de Malachai. Eran los únicos que habían resucitado en un principio a Nekoda después de su muerte en una batalla futura, y la enviaron atrás en el tiempo para matarlo antes de que madurara.

Ahora que habia heredado los poderes de su padre, deseaban verle muerto antes que dominara mas sobre ellos. Y porque Kody se había negado descaradamente a llevar a cabo las órdenes de asesinato, no estaria en buenos términos con ellos nunca mas.

Su secta rebelled deseaba verla muerta tanto como a él.

Kody movió su cabeza.

—Si fueron capaces de hacerle eso a Caleb, irán tras de ti después.

Todo se reducia a ese hecho básico que encogía el estomago. Mientras que el Arelim estaba en medio de una sangrienta guerra civil, Nick era el objetivo número uno para los rebeldes. Darían cualquier cosa para ponerle la manos encima.

Kody tenía razón. Si hubieran tenido algo lo suficientemente poderoso como para derribar a Caleb, no lo habrían usado sobre el protector de Nick.

Lo habrían desatado sobre Nick y llevado su cabeza como trofeo.

—Este día no podía ser mas extraño—. Tan pronto como pronunció aquellas palabras, las luces se apagaron en la escuela y el edificio se sacudió mientras un fuerte trueno sonó justo antes de que cayera granizo.

Duro.

—Nick. . . tienes que dejar de decir esas cosas

—Sí. Si…

Kody cubrió la boca de él con las manos antes de que pudiera decir una palabra más. —No estoy bromeando. Eres uno de los pocos seres que puede invocar un Armagedón y por el aspecto de las cosas, lo hiciste. Felicidades. Ahora hasta que tengamos más información, debería permanecer mudo.

Ese era un buen consejo.

Por una vez, lo tendría en cuenta.

Al principio, Nick sólo pensaba que la tormenta que había visto antes había llegado. Pero había algo inquietante en aquello. Algo pesado en el ambiente que no estaba del todo bien. Cada parte de él lo sentia. Y no estaba solo. De repente, todos en la escuela parecían estar con los nervios de punta.

A medida que la tormenta cogía fuerza y el granizo comenzaba a golpear el viejo edificio de ladrillo, con la fuerza suficiente como para romper las ventanas, los maestros llevaron a los estudiantes hacia el pasillo como en los ejercicios en caso de tornado.

Nick desvió su mirada hacia Kody.

—¿Sabes? He pasado una buena parte entre huracanes y tornados… Nunca he oído nada como esto. ¿Qué pasa contigo?

—Suena apocalíptico.

Y desde que había pasado por uno o dos de ellos, ella lo sabía.

Le dirigió una dura mirada.

—Cuando Caleb y tu cerrasteis la puerta del infierno y liberasteis los poderes de tu padre ¿Estás seguro de que lo sellasteis correctamente? ¿Verdad? —Preguntó de nuevo.

Él le dirigió una mirada divertida.

—¿Me estás preguntando seriamente si dije todas las palabras? Porque sí, básicamente las dije. Sí. Casi en el orden correcto. Con todas las sílabas correctas.

Ella puso los ojos en blanco como en una de sus películas favoritas, Ejército de las Tinieblas que él había hecho que la viera las suficientes veces como para que ahora gimiera ante la mera sugerencia de ella. —Sí, fue sin duda una palabra con N …necktie . . . níquel. . . néctar.

—Nekoda.

—No es gracioso. . . Nick

—Sí, lo sé. Sueno como un novio come mierdaS.

Kody resopló.

—No. No, no lo haces. En otros aspectos…— Ella sacudió su mano en él.

—Gracias.

Esbozó una sonrisa atractiva y le guiñó un ojo.

—En cualquier momento, bebé, en cualquier momento. Salve a la Reina —

De repente, Stone comenzó a hacer un ruido aullando desde donde se encontraba con su clase, alineados contra la pared opuesta. Y él no era el único. Mason. Alex. Justin.

Cada uno de los cambiaformas. Estaban casi gimiendo y ladrando.

Bueno, eso no podía ser bueno. Especialmente cuando se añadía a todo lo sucedido. Era como si estuvieran reaccionando a algo que sólo sus sentidos animales pudieran detectar. Al igual que los animales huían o eran presas del pánico ante los desastres naturales.

Esto se pone cada vez mejor y mejor.

Los maestros y personal que se ocultaban como Escuderos, sabían acerca de los estudiantes sobrenaturales, empezaron a ponerse nerviosos debido a que los cambiaformas estaban a punto de exponerse a los —baretos— o seres humanos normales que no sabían nada sobre el mundo sobrenatural que convivía con ellos y asistía a St . Richard. Los Escuderos eran los encargados de proteger y ocultar la identidad y existencia de los Were-Hunters.

—¡Atención, estudiantes!—, Dijo el Sr. Head por el megáfono mientras caminaba por el pasillo. —Vuestros profesores os dividirán en grupos, hacia la cafetería o el gimnasio hasta que hayamos restaurado la electricidad. Por favor, moveros con rapidez y en silencio hacia el área asignada.

Bien. Buena manera de dividir el alumnado sin los baretos, era lo más prudente. De esta manera si algo hacía que los cambiantes se transformaran en su forma original, no se asustarían o pondrían en peligro a los no iniciados. O traicionar la existencia de los Were-Hunters.

Desafortunadamente, debido a que los miembros del personal no la conocían bien y no tenían ni idea de que ella era en realidad un fantasma corpóreo, Kody se coló en el grupo de baretos. Nick, que trabajaba a tiempo parcial como escudero para un guerrero inmortal, fue enviado al gimnasio con los cambiaformas y los seres humanos que sabían de ellos. Era tan molesto guardar secretos. Pero por mucho que los humanos pensaran que sabían, había mucho más en este mundo que ni siquiera sospechaban.

Y nadie podría saber quién o qué era Nick realmente. No con la recompensa por su cabeza. Incluso un Escudero podría verse tentado a dispararle. Había muy pocos en los que podía confiar con ese conocimiento.

Cuando Nick entró en el gimnasio, Brynna, cuya familia entera había sido Escuderos durante generaciones, se acercó a él.

—Aterrador ¿No?

—Muy inquietante.— Nick miró a Stone que parecía estar luchando por aferrarse a su forma humana. Estaba sudando y temblando. Pálido. Pese a que ambos nunca se habían llevado bien, Nick casi sintió lástima por el hombre lobo.

No, en realidad no. Stone era demasiado matón y como un animal de carga para eso. Disfrutaba usando su fuerza sobrehumana y poderes psíquicos para empujar a otros alrededor.

Como si fuera una señal, Stone empujó a su novia Casey cuando se acercó a él para cómo estaba, y le lanzó un feroz gruñido.

Casey arrugó la cara mientras retorcía su brazo para desasirse de su feroz agarre —¡Uf! Espero que mueras de la rabia que padeces, Stone.

Stone siseó, y luego hizo una mueca a Nick.

—¿Qué estás mirando, chico de caravana?.

—No mucho.

Pero eso hizo que Nick sintiera curiosidad por una cosa.

—Hey, Bryn. . . si los Were-Hunters se transforman en sus formas alternativas, ¿Cuánto de humanos queda en ellos?

Ella miró por encima de Stone.

—En teoría, sobre todo en el caso de Stone, los que tienen corazón humano seguirían siendo conscientes de su comportamiento y control de sí mismos.— Su mirada fue hacia Alex Peltier. —Los que son Katagaria. . . —Ellos son los que tienen corazones de animal y no son tan humanos como sus primos Arcadios.

—Déjame adivinar ¿Estaríamos en su menú?

—Como Brian sobre Scott,— dijo ella, utilizando el nombre del jugador de fútbol que había dado un mordisco a su mejor amigo después de haber jugado al juego endemoniado de Cazador de Zombies de Madaug. —Sin embargo, tenemos suficientes Escuderos que deberían ser capaces de calmarlos antes que eso suceda.

—El deberían, de esa frase no me inspira mucha confianza.

Ella se rió y luego se volvió hacia LaShonda para hablar de los deberes.

El sentido demoniaco de Nick detectó algo. No estaba seguro de qué. Pero él había aprendido de encuentros pasados, el prestar atención a aquella sensación de vértigo. Era peor que el sentido arácnido.

Especialmente mientras lo sentía junto con el tiempo tan antinatural que hacia afuera. Era sólo un estado como aquel que había anunciado la llegada de Zavid cuando enviaron al Aamon tras él. Y no para jugar Parchís y ver vídeos.

Una vez más, sintió una desaceleración rara en el tiempo antes de que todo se acelerara como una especie de juego de ordenador.

¿Qué diablos?

Su visión se oscureció de esa manera tan peculiar que le hacía saber que ya no veía el mundo a su alrededor como un ser humano. Ahora estaba viendo el mundo con su perspicacia.

Eso no era inusual.

Nah. Lo que le asustó fue la visión de las extrañas criaturas que se movían a través de sus compañeros de clase y a su alrededor como buscando algo muy específico. Enormes y con aspecto de pájaro, que le recordaban a los doctores de las plagas momificadas que fueron armados con hoces diamantinas y llevando negros sombreros de cavalier llenos de sangre.

Invisible para el resto de su clase y profesores, se detuvieron y se volvieron en su dirección. Al instante siguiente, se dirigieron directamente hacia él.

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

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