born of defiance

CAPÍTULO 3 DE “BORN OF DEFIANCE”

Talyn se detuvo cuando pasó junto al mostrador de la joyería en el BX. Después de su llamada con Felicia, había ido de camino a los cuarteles para reemplazar las botas de vuelo que estaban empezando a rozar sus talones y a recoger un nuevo kit de latón, y la carga para sus blasters.

Mientras que él sabía que la sección de joyería estaba aquí, nunca le había prestado atención antes.

Pero la pequeña caja frente a él era una colección de amorosos anillos con un corazón que eran un popular regalo que los pilotos compraban para sus parejas. Un corazón de plata grande estaba enrollado alrededor de uno más pequeño de oro como si lo abrazara o lo protegiera. Uno en particular estaba hecho de oro color rosa pálido y con incrustaciones de diamantes. Por alguna razón, pensó que Felicia le gustaría. Parecía suave y cálido. Pequeño.

Al igual que ella.

–Comandante. –Le saludó la dependienta mientras se acercaba desde el otro lado del mostrador–. ¿Necesita ayuda?

Talyn comenzó a caminar, pero él no quería hacerlo.

–Estaba mirando los anillos.

Ella sonrió brillantemente.

–Ah, sí. El anillo Recuérdame. Sabe usted, dicen que da buena suerte. Es por eso que son los más vendidos.

–¿Y eso?

Metió la mano en la caja para sacar el expositor.

–Usted le da uno a su mujer especial para guardarlo y, siempre y cuando ella lo lleve, te traerá a salvo a casa entre sus brazos.

Talyn sonrió ante la idea mientras buscaba el que le había llamado la atención. De cerca, parecía más bien grande. Felicia tenía unas diminutas y gráciles manos.

–No sé qué tamaño tiene.

–Te puedo dar un vale y ella puede llevarlo a cualquier joyería para la talla.

Él se lo dio a ella.

–Me gustaría éste, entonces.

–Muy bien. Sólo tengo que ver su identificación.

Sacó su billetera, la abrió y sostuvo su placa ante ella.

La dependienta se quedó sin aliento al momento en que su mirada se posaba en la tarjeta negra que estaba atravesada en diagonal por una raya de Borgoña. Retrocedió ante su placa como si fuera venenosa.

–Lo siento, Comandante Batur. No puedo venderle esto a usted. –Ella inmediatamente devolvió el anillo al expositor y cerró la caja.

Confundido, él frunció el ceño.

–No entiendo.

Ella hizo un gesto en dirección a su tarjeta.

–Es un bastardo de Vest. Su clase no puede comprar un anillo, para nadie. Si se lo vendiera a usted, ambos seríamos arrestados.

Herido y aturdido, él la miró con incredulidad.

–Tengo un contrato legal con mi mujer.

Su boca se abrió como si ella no lo pudiera creer. Rápidamente chasqueó los labios.

–No importa. Esta en contra de la ley permitir que los Vest compren un anillo. Para nadie. –Repitió ella con dureza.

Sintiéndose abofeteado y humillado, Talyn la observó mientras ella rápidamente se acercaba a otro mostrador para ayudar a unos atolondrados, hombre y mujer que estaban allí para recoger los anillos de compromiso.

Algo que él nunca sería capaz de hacer legalmente. Esa realidad lo golpeó como una patada en la entrepierna.

Mientras se alejaba, la ira quemaba cada molécula de su ser. Siempre había odiado mostrar su identificación. Desde que fueron codificados por colores, lo único que tenía que hacer era ver que el suyo era negro y al instante sabían su linaje. Ahora esa misma tarjeta maldita le impedía comprar a Felicia un simple regalo.

¡Esto es una mierda!

–¿Comandante?

Talyn vaciló al oír la llamada de un hombre mayor mientras se movía para cortar el camino de Talyn para el registro. Él sólo miró al hombre mayor.

–Te escuché con Vyra, y lo siento mucho acerca de la ley.

Realmente no queria volver a vivir eso. Él ya fue humillado lo suficiente.

–Disculpe. –Talyn comenzó a rodear al hombre.

Este le cortó el camino de nuevo y le lanzo una sonrisa paternal.

–Soy un gran admirador suyo, Comandante. Y ya que no podemos permitir que usted compre un anillo, yo quería hacer esto por usted. Si usted lo quiere, le descontaré el precio a la mitad.

Todavía molesto, Talyn miró hacia abajo para ver un bonito collar en forma de corazón que hacía juego con el anillo que él había querido comprar.

–Incluso puedo renunciar a la tarifa de mensajería para su entrega. Si su mujer vive aquí en Eris, puede conseguirlo para ella esta noche.

Presionando los labios, Talyn recogió el collar para verlo mejor.

–Tiene la misma leyenda de traer la buena suerte. Una gran cantidad de pilotos envían ésto a sus madres y esposas, en lugar de los anillos.

Talyn quería tirarlo al suelo y pisarlo. Pero este hombre no tenia culpa de las leyes. Y no era necesario privar a Felicia de algo que le gustaría porque sus propios sentimientos habían sido heridos.

Si la hacía sonreír, merecería la pena.

Devolvió la caja al vendedor.

–Gracias. Me lo llevo. Su apartamento está en Brooksyn, North Eris.

–Muy bien. Se lo enviaré en menos de dos horas.

Talyn asintió antes de que fuera a pagar por ello. Pero aun así, el fuego estaba en su sangre. Un calor latente que sólo aumentó una vez que regresó a sus cuarteles y vio que alguien había colocado un collar y una correa en su casillero con una tarjeta negra adjunta. Ja, ja. Jodidamente divertido. Uno pensaria ahora que aquella broma era para ellos tan vieja como lo era para él. No obstante, sabia mejor como alimentar aquella mierda juvenil.

Apretando los dientes, lo recogió sin comentarios y guardó sus compras.

Cogió una toalla y se dirigió a las duchas.

–No es la hora del mestizo, Batur. Hay un Vested en la letrina.

Reprimiendo una réplica desagradable, Talyn volvió a su litera a esperar mientras escuchaba a los otros hablando de sus planes de futuro.

Con nada más que hacer, sacó su enlace y empezó a buscar las estadísticas sobre su próximo rival en el Anillo.

–¿Estás bien, Pinara? –Uno de los capitanes preguntó.

Talyn echó un vistazo al capitan, que era un año mayor que él. El hombre era un primo de la piloto, Syndrome, que volaba en la escuadra de Talyn.

Inquieto, Pinara mantuvo su latón brillante, y mirando a su alrededor como si esperara que algo malo sucediera.

–Bien.

Sí, él estaba mintiendo como el culo. Pero como todo el mundo aquí, Talyn sabía lo que significaba esa palabra. Algo había ido mal con los de arriba y el capitan no estaba en libertad de hablar de ello.

Pinara echó un vistazo y atrapó la mirada de Talyn.

–¿Qué estas mirando tan fijamente, mestizo?

Sin decir una palabra, Talyn volvió su atención a su enlace. Mientras estaba conectando, cinco Provost entraron y rodearon a Pinara.

–Capitan, está detenido en custodia.

Pinara se puso pálido.

–¿Por qué?

Ellos no dijeron nada cuando lo esposaron y se lo llevaron fuera.

El silencio se hizo eco en los cuarteles mientras todo el mundo trataba de ocultar que estaban perturbados por algo que era mucho más habitual de lo que debería. Podría haber sido cualquiera de ellos, y lo sabían.

Normalmente, era Talyn quien era señalado por inventadas infracciones de mierda y castigado. Le hizo preguntarse cual de los altos linajes había hecho Pinara para conseguir ver el lado malo de Anatole.

–La justicia de la WAR…

–¡Joder!

Talyn frunció el ceño ante el intercambio silencioso entre dos de sus compañeros de litera. La WAR era una organización anti-gobierno que había surgido contra la reina Andarion y su familia. Desde hace años, habían estado tratando de derrocar a Eriadne.

Y cualquiera que se encontrara con la parafernalia de la WAR o con cualquier vínculo con su grupo era sumariamente detenido y ejecutado. Sin juicio.

–¡Batur!

Talyn hizo una mueca ante el fuerte ladrido. Poniéndose de pie, saludó al OOD.

–¿Señor?

–Cubre la mision de Pinara. Él iba a volar en quince minutos.

Talyn empezó a recordarle que él ya hizo sus diecisiete horas de cuota en la patrulla a lo largo de la semana, pero el OOD lo sabía incluso mejor que Talyn.

–Sí, señor.

Mientras se movía para alcanzar su traje de vuelo, oyó al copiloto de Pinara, Mannan Xu, maldecir.

–¿Por qué estoy siendo castigado? Yo no quiero volar con una perdedor Vest. ¿Sabes quiénes son mis padres?

El OOD miró al comandante.

–¿Insubordinación?

–No, señor.

–Entonces, parte. Con Batur.

Xu le echó una mirada a Talyn para hacerle saber lo mucho que odiaba ser asignado con él.

No es ninguna alegría para mí tampoco, giakon.

Tan pronto como se cambió, Talyn abandonó el cuartel y se dirigió al hangar para hacer el prevuelo. Cuando se acercaba a su caza, Xu lo acorraló.

–Será mejor que recuerdes tu lugar, perro. Detrás de mí, limpiando después a tus superiores.

Un tic empezó en la mandíbula de Talyn. Quería golpear al bastardo tanto que era lo único que podía hacer para abstenerse. Pero sabía por experiencia que si decia una palabra, él perdería el poco tiempo libre que tenía y este capullo no valía la pena.

Piensa en Felicia. Por fin tenía una razón ahora para permanecer fuera del problema y fuera de los informes. Ninguno de ellos merecía la pena el tiempo de patrulla adicional.

Ojo en el objetivo, Batur.

Y eso era una preciosa mujer que finalmente lo hacía sentirse como algo más que la tierra debajo de sus pies.

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

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