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Capítulo 2 de “Illusion” en Español

Adelanto de Illusion (Chronicles of Nick 5) – CAPÍTULO 2

Frunciendo los labios en compasión, Selena le dio unas palmaditas a Nick en el hombro.

−Claro, chico. ¿Dónde vives?

Nick negó con la cabeza.

−No de esa forma. Dijiste que creías que realidades alternativas, ¿verdad?

−Sí.

Se preparó para sonar como el maldito, estúpido lunático que era. No llames a la policía. No tenía ganas de repetir esa pesadilla.

−No soy de aquí, ¿vale? Me fui a la cama en mi mundo, o dimensión, o como quiera que se llame, y me desperté este. Y sin ánimo de ofender, este es… −Se mordió la lengua para no decir raro, porque no era raro. Era normal. Pero para él normal era la forma más extraña de raro que podía imaginar−. No pertenezco a este lugar y quiero irme a mi casa. Por favor, ayúdame a volver a mi mundo.

Ella dio un paso atrás. No la culpaba. Si alguien le hubiera dicho lo mismo a él, habría huido en la dirección opuesta después de la tercera palabra que hubiera salido de su boca.

Nick empezó a estrechar el espacio que había entre ellos, y luego se detuvo. Si hiciera eso, ella podría echar a correr.

−Mira. Sé que parece que estoy loco, ¿vale? Pero en mi mundo, tu hermana Tabitha tiene un novio llamado Eric St. James. Se graduó en St. Mary, y tu tía Ana es propietaria de una tienda de vudú llamada Erzulie’s en la esquina de Royal con St. Ann. Tu hermana, Tiyana, que tiene el mismo nombre que ella, también trabaja allí. −Dio una palmada al recordar otro detalle que esperaba que aún fuese cierto−. Y Tabitha tiene una gemela llamada Amanda, y eh… cómo se llamaba… tu otra hermana es una comadrona que fue interna de una mujer llamada Menyara Chartier: mi madrina. Y tu tía Kalila, que no es en realidad tu tía sino la mejor amiga de la infania de tu madre, hace la histora vampírica encantada y tours de vudú en el Quarter. He repartido panfletos para ella y Sid. Y tienes otra tía de sangre que es propietaria de la Caja de Pandora en la calle Bourbon. Tabitha trabaja allí a veces, y en la joyería de tu tía Zenobia en Royal.

Selena estalló en carcajadas y después se puso seria.

−Espera un minuto… No estás mintiendo. De verdad crees en todo lo que acabas de decirme.

−Es la verdad… Al menos lo es de donde provengo.

Ella se acercó y le puso la mano en la mejilla antes de tirar de él y darle un fuerte apretón. Nick no estaba seguro de por qué estaba acosándolo sexualmente, pero no protestó por su abrazo. En lugar de eso, contuvo la respiración rezando por que le hubiera creído.

Después de varios largos e incómodos minutos, le soltó. Acariciando sus mejillas con un ademán maternal, asintió.

−Bien. Necesitamos buscar información sobre tu hogar y ver cómo podemos devolverte allí.

¿De verdad? ¿Eso era todo? Al menos él esperaba un poco más de espectáculo o discusión.

−¿Me crees?

Ella se encogió de hombros.

−¿Sinceramente? No estoy segura. Pero o eres un acosador de cuidado para saberte todos los nombres de los miembros de mi familia o… Te diré lo que vamos a hacer. Déjame dejar mis cosas con mi amiga, que tiene un puesto en la plaza justo al lado del mío. Camina conmigo y…

Nick la interrumpió como si todo cobrara sentido para él.

−Eres Madame Selena, ¿no? He visto tu puesto millones de veces mientras pasaba por la plaza, pero nunca me di cuenta de que eras la hermana de Tabitha. –En parte porque nunca había mirado a ninguno de los psíquicos de allí.

Que él recordara, su madre siempre había opuesto rotundamente a ellos, llamándolos falsos y fraudes, y desde que él se había enterado de lo que realmente era, había tenido demasiado miedo de acercarse a ellos en casa de que no fueran todos unos charlatanes. Con un precio paranormal sobre su cabeza, había que ser cauto. Lo último que necesitaba era un médium intentando cobrar la recompensa como todos los demás.

O peor, sus poderes de Malachai.

Pero esta… su elaborado puesto era difícil de pasar por alto, incluso desde la distancia.

−Tú eres la médium que tiene el puesto de cartas justo delante del Centro de Visitantes, al lado de la artista con todos esos óleos de paisajes… Sunshine Artworks.

Ella pareció impresionada.

−¿Quién es tu madre, chico?

−Cherise Gautier –se golpeó en la frente mientras recordaba que era diferente ahora−. En mi tiempo. Aquí se llama Cherise Burdette, neé Gautier.

Boquiabierta, Selena se rió.

−¿Burdette Triple Amenaza? ¿La mujer del enorme jugador de fútbol?

Triple Amenaza… Sí, definitivamente describía al hombre que Nick conocía tan bien. Mucho más apropiado que el Triple B que Bubba usaba en su mundo.

−¿Conoces a Bubba?

−Conozco a Cherise y a Michael. Cherise y yo solíamos trabajar juntas en el Café Pontalba cuando estábamos en la facultad. Así fue como se conocieron. Michael estaba en la ciudad por un partido. Pero no hablo con ella desde hace años.

−Sí, bueno, yo hablé con ella esta mañana, y si oye una palabra de eso, hará que me encierren.

Selena se rió.

−Chico, cualquier persona cuerda te encerraría. Tienes suerte de que esté loca y acepte lo imposible como cotidiano.

Ella le cogió del brazo y lo llevó en dirección al tranvía.

Mientras caminaban, hubo algo acerca de ella que le confundió más aún que despertarse en ese extraño lugar.

−¿Por qué tú eres exactamente igual cuando nadie más lo es?

−Yo no diría nadie. Tabitha no parece que sea tan diferente. Tiyana tampoco. Mi teoría sería que algunos somos endiabladamente cabezotas como para ser otra persona. Nuestra personalidad es tan fuerte o intensa que no importa dónde nos pongas, seguiremos siendo nosotros. O podrías decir que es la voluntad del universo. ¿De verdad importa?

−A mí sí, especialmente ahora.

−¿Por qué?

−Porque algunos de los cambios en la gente que conozco no tienen ningún sentido, sobre todo con lo que acabas de decir. Confía en mí, nadie tiene una personalidad más fuerte que la suya.

Paró poco antes de mencionar que Caleb y Simi eran demonios en su mundo o que Acheron era inmoral… Algo con mucho poder. ¿Cómo podían ser esas cosas en su mundo y ser humanos corrientes ahí, mientras Selena y probablemente Tabitha eran iguales en ambos sitios?

No tenía ningún sentido para él.

Selena le dio una palmadita en el brazo.

−Bueno, no te preocupes por eso. Vamos a arreglar tu situación y a averiguar que está pasando.

Él notó la nota subyacente en su voz que hizo que un escalofrío recorriera su espalda.

−¿A qué te refieres?

−Bueno, si tú estás aquí y no es donde deberías estar, y aun así había otro Nick viviendo aquí antes de que llegaras, eso lleva a la pregunta de dónde ha ido el otro Nick, ¿no?

Oh, mierda. No había pensado en eso. La úlcera que le acababa de salir le dolió con solo pensarlo.

−¿Estás diciéndome que hay otro tío en mi pellejo en casa?

−Esa es mi hipótesis.

Genial. Simplemente genial. Era todo lo que necesitaba. Alguien jodiendo su ya jodida vida. Como si no hubiera hecho él bastante por su cuenta. Pero era peor… El otro Nick, si era de este mundo, no sabría que era parte demonio, ni tendrían las habilidades para luchar contra aquellos que querían esclavizarlo.

O matarlo.

Y eso solo eran su madre y su novia. Qué más daban las amenazas reales a su vida.

−Tienes que conseguir que vuelva. Ese Nick… Podría echarlo todo a perder.

Podría desbloquear los poderes de Malachai de Nick y desbaratar el universo entero.

Con un nudo en el estómago, permitió que Selena le guiara hasta su Mustang rojo, y le llevara hasta la plaza. Pero en lugar de ir hacia su puesto como había dicho, ella giró bruscamente en la esquina de Roya con St. Ann, donde estaba situada la tienda de vudú Arzulie.

Nick frunció el ceño ante el edificio rosa que era imposible de pasar por alto en ambos mundos.

−¿Tu tía aún dirige esto?

Selena aparcó el coche.

−Algo así. Tabby y Tia son técnicamente las dueñas ahora. Le están pagando por ello.

−¿Y qué pasa con la Caja de Pandora?

Ella apagó el motor y se desabrochó el cinturón.

−Ha dejado de ser parte de la familia desde que mi tía fue asesinada en su tienda hace diez años.

Nick soltó un suspiro compasivo.

−Lo siento.

−Gracias.

Ella salió del coche.

Antes de acompañarla, Nick se tomó un momento para sintetizar lo que había dicho y rendirse ante lo que Ambrose le había contado sobre el futuro de Nick. Nada tenía sentido. ¿Por qué estarían unas cosas tan cambiadas mientras otras no?

Era un lío.

Por ahora, sin embargo, seguiría la corriente. No tenía otra opción.

Salió del coche y espero en el bordillo a que Selena abriera las puertas. Mientras doblaban la esquina y se acercaban a la entrada de la tienda, Nick tuvo una especie de déjà vu. Muy fuerte.

Una de las últimas cosas que habían hecho antes de sacarlo de su mundo fue ir allí y comprar lo que Caleb necesitaba para el hechizo cegador que usaron para los poderes de Nick.

El momento en el que Nick entró en la tienda se convirtió en una de las noches más largas de su vida. Ahora, parecía que había pasado una eternidad.

¿Cómo podían pasar tantas cosas en tan poco tiempo? Pero eso era la vida.

Los golpes seguían viniendo…

Selena abrió la marcha hacia la tienda de color rosa y morado que era idéntica a la que había en su mundo. Hasta en las persianas verdes y las oscuras estanterías que sostenían las muñecas de vudú, hechizos, aceites, perfumes, jabones, wangas, y todo tipo de cosas.

−¡Ey, Tab! –gritó Selena, tan alto que hizo que Nick pegara un salto. Ella frunció el ceño ante su reacción−. Necesitas ver a un médico por tu desorden nervioso, colega. Con reflejos como ese, debiste ser un gato en otra vida. Enhorabuena por evolucionar.

Él no contesto mientras observaba el gran altar vudú de su izquierda que había sido montado para la diosa Erzulie, de la que cogía el nombre la tienda. La noche anterior, la tía de Selena había amenazado sus partes si tocaba alguna de las ofrendas y el suelo que las rodeaba.

Tabitha seguramente no le advertiría. Le caparía directamente.

Y hablando del diablo, salió de la parte trasera. Solo que estaba mucho más tranquila. La mujer de lo maldito y lo emo había desaparecido, y en su lugar había una mujer con un jersey azul apagado y vaqueros.

Se pasó una mano por su oscuro pelo de color caoba.

−Tabby no está aquí. Ella y Tia han salido corriendo a la tienda de rock para una nueva remesa que –hizo el gesto de comillas con los dedos- tenían que ver. –Puso los ojos en blanco−. Solo es otra caja de discos de rock. De verdad. ¿Qué les pasa a estos locos?

−Tú debes de ser Amanda –dijo Nick sin pensar.

Ella le miró de forma sospechosa.

−Sí. ¿Y tú eres…?

−Un amigo de los locos –contestó Selena antes de que él pudiera hablar−. Ignora al chico delante del altar.

−Sin problema. Tengo mucho trabajo que hacer atrás. Estoy aprendiendo a hacer una muñeca vudú de Tabby que pueda apuñalar con alfileres.

Selena se mofó de ella.

−No va a funcionar.

−Eso no me va a impedir que lo intente. Obviamente adoro la inutilidad. He intentado inculcaros cordura a muchos de vosotros durante casi treinta años −Amanda volvió a la parte trasera−. No toqueis nada u os maldigáis mientras no estoy delante para deteneros.

Extrañamente encantado con la gemela de Tabitha, Nick se encontró con el semblante preocupado de Selena.

−¿Ahora qué?

Ella no contestó mientras empezaba a coger cosas de las estanterías y a meterlas en una cestita de mimbre que había cogido de la pila de la caja registradora.

−¿Estás preparando una poción?

Selena sostuvo un paquete envuelto para olerlo y después añadirlo al montón.

−No, me falta jabón y perfume en casa. Mi tía se asegura de tener los mejores ingredientes y de que sean naturales.

Ah…

Nick miró a la puerta y las ventanas, y recordó a Mark y a Bubba cazando demonios y al Sabueso del Infierno de la noche anterior.

Uf, era tan extraño estar allí, donde nadie conocía su verdadera vida. Donde nadie sabía por lo que había pasado.

Quizá estoy loco. Quizá esta era mi verdadera vida y la otra una ilusión. Parecido al Mago de Oz. Quizá el Caleb demoníaco era solo una manifestación del chico con el que había crecido y el subconsciente de Nick lo había demonizado por haberse comido el trozo de pizza de Nick o algo parecido.

Podría pasar.

De hecho tenía mucho más sentido que Nick hubiera cambiado de realidad sin razón aparente mientras dormía.

¿Qué es la realidad, de todas formas? ¿Era lo que conocía o lo que creía conocer?

Tío, alguien podría perder la cabeza intentando encontrarle un sentido a todo esto. Cerró los ojos e intentó una vez más llegar a alguno de los poderes que Grim Reaper le había enseñado.

Nada.

Ni siquiera un eructo o un hipo.

Tenía tantos poderes como el día en que nació.

Irritado, Nick fue hacia el mostrador, donde había un expositor de péndulos. No eran muy diferentes del que Grim le había enseñado a usar. Sin pensar, se acercó al del surtidor. Debería protegerle de cualquier mal que estuviera jodiéndole.

Pero en el momento que lo tocó, su pecho empezó a arder como si alguien le hubiera prendido fuego a su ropa. Aferrándose el corazón, Nick cayó de rodillas.

Mierda, dolía. Mucho.

Su respiración era irregular, pero intentó centrarse. Para enterrar el dolor y poder funcionar. Pero como antes en la escuela, no pudo. Sintió como si algo intentara llevárselo de allí.

O apoderarse de él.

 Y lo peor, sus manos se volvieron translúcidas de nuevo.

−¡Nick!

Oyó a Selena, aunque no encontró la forma de contestarla. No podía formar las palabras, sin importar cuánto lo intentara. Alguien se rio dentro de su cabeza. Aunque parecía más un rugido.

Empezaron a aparecer imágenes en su mente a la velocidad del rayo. Vio su propio pasado y un pasado que no conocía en absoluto. Bubba era el mismo lunático que conocía y al mismo tiempo era el hombre que era su padre allí.  En otro tiempo y lugar, estaba en un comando en la jungla, combatiendo zombis y otras cosas que Nick no pudo identificar. Vio a su madre morir, una y otra vez, mundo tras mundo.

Su ser demoníaco futuro arrasando…

Las llamas saltaron a su alrededor mientras volaba por una destruido paisaje de Nueva Orleans que estaba lleno de cuerpos y los retorcidos restos de coches, transportes militares y armas.

“Sicut erat in principio, et nunc, et Semper, et in saecula saeculorum…”

La voz de Kody llenó su mente. Igual que al principio, como había sido y será durante siglos. Cerrando los ojos, permitió que su calidez le diera algo en lo que centrarse.

“Pax tecum, hermanito”. La voz de Ash se unió a la de Kody en su cabeza.

Y después una tercera suave voz se unió a las demás. “Di tu nombre, demonio, y te daré lo que más quieres. La paz será tuya. Para siempre”.

Nick frunció el ceño. ¿Decir su nombre? No tenía sentido. ¿Por qué estaba en su cabeza esa voz si no la conocía?

Estoy loco.

−¡Nick!

Tragando saliva, miró los ojos cargados de pánico de Selena y vio lo que iba a por él en su mundo.

−Invocaste a Julian de Macedonia para Grace en su cumpleaños. Ella lo liberó. Y Kyrian…

En seis meses debería conocer a Amanda.

Nick podía verlo todo con claridad.

Por eso Ambrose, el futuro ser de Nick, le había dicho que evitara a Amanda y Tabitha. Ambrose sabía exactamente lo que iba detrás de ellas, y revolviendo en la línea temporal, Nick podría hacer que Kyrian no encontrase la felicidad ni se liberará de su pacto con Artemisa.

Nick podría detener el destino de Kyrian y así alterarlo todo.

Una vida toca miles. Por primera vez, Nick vio la verdad de la inmensidad de eso y lo comprendió por completo.

Todo hombre nace como mucho y muere como uno. Con cada decisión, una parte del futuro muere y una oportunidad se pierde. Reduces tus opciones y te diriges a un camino de tu vida.

Un camino que llevaba directamente a Nick a un destino que no quería. Había nacido para acabar con el mundo…

Para destruir todo lo que quería y valoraba.

¡Desafía tu destino!

−¡Nick!

La oscuridad le envolvió. Respiraba encima de él y presionaba su pecho hasta que temió morirse. No le dejaría liberarse. Estaba allí, y quería su vida. Sus poderes.

Su alma inmortal.

Nick sacudió la cabeza mientras luchaba contra la inconsciencia. Pero estaba perdiendo la batalla.

Se estaba perdiendo a si mismo.

¡Dime. Tu. Nombre!

                                                   

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

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