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Capítulo 1 de “Illusion” en Español

Adelanto de Illusion (Chrónicles of Nick 5) – CAPÍTULO 1

−¿Nick? ¿Cariño? Levántate. Vas a llegar tarde a la escuela.

Gimiendo, Nick abrió los ojos para ver las cortinas azul marino que su madre le había comprado el año pasado cuando se mudaron a su apartamento de la calle Bourbon.

Sólo había sido una pesadilla, después de todo. ¡Gracias a Dios!

Ese era su pensamiento, hasta que se dio cuenta de que la ventana no era la misma. En lugar de ser una gran ventana única, eran dos ventanas con una división entre ellas.

Oh, mierda. Otra vez no. ¿No he sufrido ya bastantes humillaciones y horrores? ¿De verdad?

Su corazón martilleaba. Con su mirada, hizo un lento reconocimiento de la habitación que no conocía para nada.

Su estómago se encogió hasta el punto en que temió estar enfermo.

−¿Nick? −Su madre llamó a la puerta suavemente antes de abrirla y le sonrió−. Así que estás despierto, dormilón. Date prisa, o te pondrán otra falta.

Aún más inquieto que antes, Nick se quedó boquiabierto, al verla vestida con un caro traje azul oscuro y el corto pelo rubio cuya forma enmarcaba su hermoso rostro. Ese no era su uniforme de camarera.

−¿Mamá?

Con el ceño fruncido, se acercó a la cama y puso la mano en su frente.

−¿Estás bien? Estás pálido.

Aturdido, no pudo hablar mientras la miraba como a una extraña con el cuerpo de su madre.

−¿Cherise? Te llaman de Londres. Necesitan hablar contigo. Dijo que no puede esperar.

Abrió mucho los ojos ante el sonido de ese familiar, profundo y espeso acento sureño de Tennessee. ¿Bubba? ¿Qué diablos estaba haciendo Bubba en su casa a las siete y media de la mañana? Ya había sido bastante malo llegar del baile de promoción y encontrarle allí a él. Pero lo había atribuido a alguna cita.

No, espera. Eso no era cierto. Alguien le había dicho en el baile que Bubba ahora era su padre. ¿Caleb?

Por alguna razón, No podía recordarlo.

¿Y por qué alguien en Londres llamaba a su mamá? ¿Quizás Londres era un nombre?

No. No es posible. Esto era malo, malo. Su madre no conocía a nadie llamado Londres….

−Ya voy, Michael. −Apretó la mejilla de Nick−. No tienes fiebre. ¿Te quedaste despierto hasta muy tarde?

¿La verdad? Le daba miedo tener algún tipo de daño cerebral. ¿Cómo de fuerte le había arrojado al suelo aquel demonio la noche anterior, mientras luchaban para recuperar a su madre?

La puerta se abrió de nuevo para mostrar a “Bubba” vestido con un traje negro de Armani. Nick solo conocía aquella marca de diseñador porque era una de las favoritas de su inmortal jefe Kyrian y a Nick le había dado un ataque la primera vez que había ido a recoger uno y había visto su precio. ¿Quién vestía esas cosas y por qué?

Enorme como siempre. Bubba había cambiado su barba por unas mejillas suaves y llevaba su pelo corto, con un corte moderno. Si, ese no era definitivamente, el intolerante corpulento que cazaba zombis en el bayou con su lunático mejor amigo. El que estaba paranoico por todo y armado hasta el punto en que la ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos) le tenía en una lista de vigilados. Como si se hubiese transformado en algún horripilante hombre de negocios, Bubba entró y le entregó un teléfono inalámbrico a su madre.

Se quitó el caro pendiente y puso la mano sobre el altavoz para susurrar a Bubba.

−Creo que nuestro Boo está enfermo. Dime qué te parece−. Ella, salió de la habitación para atender la llamada.

Bubba arrodilló su gigantesco cuerpo junto a la cama y le rozó la parte posterior del pelo de la frente de Nick.

−¿Estás bien, amigo? −Había ahora un cariñoso tono que Bubba nunca antes había usado con él. Era incluso más aterrador que tener a un demonio Charonte intentando comerle.

Completamente atónito por todo aquello, la mirada de Nick cayó sobre el enorme anillo, de campeonato de fútbol, en la mano de Bubba. Los diamantes en la parte frontal forman un patrón que recuerda a una flor de lis. Enmarcaban las palabras “Forty” en un lado y en el otro “Niners”. El nombre Burdette estaba en el lado de “Forty” y “Super Bowl XXIV 55-10” en el lado “Niners”. Jadeante, le tocó el anillo al recordar a la madre de Bubba contándole como el podría haber sido jugador profesional después de la universidad. Pero había decidido quedarse en casa con su esposa e hijo.

–Parece tan real.

Bubba resopló.

–Es real, lo sabes. −Repitió el gesto del ceño de Nick−. ¿Qué pasa contigo, mocoso? ¿Estas tratando de evitar hacer un examen?

-No. Yo… si… no, estoy bien. No soy madrugador.

Riendo, Bubba se puso de pie y tiró de las mantas.

−Vamos. Mamá hizo tortitas para el desayuno y se están enfriando.

Salió de la habitación.

Aún desorientado y confundido, Nick salió de la cama. Estaba tan jodido. Rastrillando su mano por el pelo, miró boquiabierto la foto de su escritorio de un Bubba sudoroso con el uniforme de los 49ers que lo sostenía a él de niño. Vestido con un jersey a juego con los 49ers con la palabra “Burdette” en la parte posterior. Al menos, Nick pensó que era él. La cara y el pelo pertenecían al desconocido que seguía viendo en el espejo. Era una foto de un periódico donde los 49ers habían ganado el Super Bowl, 28 de enero de 1990.

¿Qué diablos?

En 1990, Nick habría tenido seis años. El “Nick” de la foto no podía tener más de tres o cuatro.

−Estoy en otro coma. −Al menos eso tendría sentido en su cabeza.

Sí, definitivamente podría tratar con eso, en lugar de ser enviado al Reino de las Tinieblas, en el que se encontraba atrapado. Dondequiera que fuese. Caleb y Kody le despertarían en cualquier momento y todo volvería a la normalidad. Sólo tenía que asegurarse de no dejarse atrapar en un reino infernal y comido por un demonio o por un zombi hasta que ellos se dieran cuenta y realizaran otra misión de rescate.

Vamos chicos, deprisa. No estaba seguro de cuánto tiempo podría mantener la cordura.

Frunció los labios, indignado por lo que vio en el espejo del baño. Era tan extraño ver a alguien mirándolo fijamente. Si bien nunca había sido vanidoso, echaba de menos su apariencia. El pelo oscuro, la altura. Realmente extrañaba ser alto. Ser bajo apestaba ¿Cómo lo soportaban los chicos bajos?

Dame dolores de crecimiento cualquier día de estos.

Encendido de la ducha, se tomó un momento para volver a reproducir los últimos acontecimientos que recordaba a través de su mente. Había estado en “Le Monde au Del du Voile” El mundo detrás del velo donde se habían llevado a su madre después de que la secuestraran los demonios. Él, junto con Kody y Caleb, había luchado contra el enorme y demoniaco hombre lobo, Zavid, y demonios, para liberarla a ella y a su padre. Su padre había muerto en la lucha y le había dado a Nick todos sus poderes de Malachai. Poderes que, Caleb y Kody, habían atado a cal y canto hasta que Nick aprendiera a manejarlos y para protegerlo mejor de los depredadores sobrenaturales que querían matarlo y tomar dichos poderes para sí mismos.

Nick se congeló cuando le atravesó otro temor. Sus poderes siempre funcionaron mal. ¿Podría la poción vinculante de anoche ser la razón de todo esto? ¿Había sido contraproducente y había cambiado todo? Tenía sentido. En una ocasión había convertido, por error, a su amigo Madaug en una cabra. Tal vez la poción de anoche había convertido Madaug en un maton…

Y a mí en un perdedor bajito.

Al salir de la ducha, él hizo una mueca ante su reflejo.

-Y pensaba que antes estaba flaco…

Pero, estaba horrible. Sus brazos eran tan frágiles que se sorprendió de que no se partieran al pasarse la toalla. No es la imagen que quería para el resto de su vida. Al secarse el pelo, ahora rubio, con una toalla, trató de no pensar en ello, como al vestirse y dirigirse escaleras abajo. La única cosa buena de esta extraña vida era la falta de horteras camisas hawaianas en su armario. Al parecer, su madre finalmente había dejado su Magnum, PI fetiche y había ido de compras a otro lugar distinto de Goodwill.

Se detuvo en las escaleras para mirar boquiabierto, las fotos de su madre, de él y de Bubba, desde que nació, hasta la escuela secundaria. Maldición ¿No hay una encarnación de mi vida, en cualquier universo alternativo, donde mamá no me saque fotos, desnudo en la bañera con un pato de goma? ¿En serio? No sabía qué era más sorprendente, si esas extrañas fotos no trucadas o el enorme tamaño de aquella imponente casa.

Es más, Le llevó minutos encontrar la cocina. Esto es peor que moverse por la mansión de Kyrian. Al menos allí, tenía a Rosa para preguntarla cuando se perdía.

Con los ojos bien abiertos, Nick vaciló en la puerta cuando vio a Bubba en la mesa, leyendo The Wall Street Journal, mientras que su madre limpiaba la plancha del enorme horno de gas. Solo aquello parecía algo sacado de una película de aliens.

Nunca había visto una escena matinal, tan normal, en su vida. Y ese miedo hizo que se le pusieran de corbata.

Ella le miró y sonrió.

−Ahí está mi Boo favorito. ¿Te sientes mejor, cariño?

No lo creo…

−Claro, mamá.

Bubba miró su reloj.

−Será mejor que te vayas. No quiero tener que hablar de nuevo con el señor Hutchins de tus retrasos.

Nick frunció el ceño al oír aquel desconocido nombre.

−¿El señor Hutchins?

−El director. −Bubba dobló el periódico y lo colocó encima de la mesa.

Nick aún estaba más confundido que antes.

−¿Cuando vino otro director al St. Richard? ¿Qué pasó con el Sr. Head? ¿También se lo comieron los zombis?

−¿Quién es el señor Head? −Le preguntó su madre.

Nick se detuvo y se volvió para atrás, al ver la fecha en el periódico que Bubba tenía en su mano. Su corazón se detuvo. De ninguna jodida manera. Tenía que estar equivocado.

−¿22 de abril de2002 ? ¿Es un periódico falso? −Bubba frunció el ceño.

−Tal vez deberíamos llevarte a un médico.

Eso era todo lo que necesitaba. Una visita a una sala de psiquiatría.

−No, estoy bien. De verdad.

Discretamente, Nick sacó su permiso de conducir y comprobó su fecha de nacimiento. Su estómago se cayó al suelo. Si eso era cierto, aún tenía dieciséis años, pero esa no era su fecha de nacimiento correcta. Todo aquí estaba mal.

¿Cómo es esto posible? ¿CÓMO?

−Mejor me voy a la escuela. −Nick respiró−. ¿Dónde está mi mochila?

Su madre le revolvió el pelo.

−Creo que la dejaste en el coche.

−¿El Jag?

Bubba se echó a reír.

−Ya quisieras, pero no voy a dejar que conduzcas el Jaguar hasta que tengas dieciocho años, amigo. Está en tu Jeep.

Está bien, déjalo. No reacciones.

Todo está bien en mi mundo.

Sí, claro. Nada de todo esto era correcto o normal. Lo cual, dada su régia y jodida vida, decía mucho. Quería gritar hasta que todo volviera a ser como se suponía que era.

Su madre le trajo las llaves y le puso la mano en la frente de nuevo.

−¿Seguro que estás bien?

Mejor una mentira que un chaleco de fuerza.

−Estoy bien.

−Michael… Estoy pensando que podríamos necesitar llevarlo al médico.

−Cariño, tienes que dejar de mimarle así. Es un hombre con un empleo. Si dice que está bien, está bien.

Nick arqueó una ceja ante eso. ¿Podría estar aun trabajando para Kyrian o Liza en este lugar? Si Kyrian estaba cerca, podría ayudarle. Sin duda, un guerrero inmortal de dos mil años de edad, que había vendido su alma a una diosa, sabría algo acerca de realidades alternativas. Para el caso, Nick podría pedir prestado el anillo de Kyrian y convocar él mismo a la diosa griega Artemisa para obtener algunas tardías respuestas.

Su madre se mordió el labio inferior mientras pasaba su mano por el cabello de Nick.

−Sigue siendo mi bebé. Agradecía que eso no hubiera cambiado.

Nick le dio un rápido abrazo, antes de dirigirse a la parte delantera de la casa.

Bubba se aclaró la garganta.

−¿A dónde vas, hijo?

−A la acera.

−¿Por qué? Tu Jeep está en el garaje.

¿Tenían garaje?

Nick miró a la ornamentada moldura de corona de aquella lujosa casa. Por supuesto que tenía un garaje…

−Oh. Está bien.

Iba en dirección opuesta. Con una ligera vacilación, abrió la puerta de lo que él supuso, era el garaje y se encontró con la despensa. Mierda.

−Um… Cojo algunos Pop-Tarts para el camino, −dijo Nick, encubriendo su error. Aún así, los dos lo miraron como si hubiera escapado del Asilo Arkham. Ofreciéndoles una falsa sonrisa, tomó los pasteles, se persignó, y esperó que la puerta de al lado fuese la correcta.

No. El cuarto de baño.

Con un doloroso gemido por su estupidez desenfrenada, Nick fingió que lo utilizaba antes de intentarlo de nuevo. Al menos, solo le quedaban dos puertas.

Una probabilidad de un cincuenta por ciento.

Afortunadamente, a la tercera fue la vencida. Dejó escapar un suspiro de alivio mientras se alejaba y veía en el garaje de tres plazas, un Jeep rojo, un SUV negro y el plateado Jaguar. Hombre, eso era tan injusto. Ese Jag era el mismo coche que Acheron le había regalado, al obtener el carnet, cuando le acercó a su apartamento.

Quiero que la vida regrese a cuando lo conducía sin tener a Bubba a mi alrededor.

Entonces de nuevo…

Esta era una vida normal. Realmente normal, al igual que las vidas de otras personas. Nadie estaba tratando de matarlo, o de comérselo. No tenía un director que pensaba que era el mayor perdedor del planeta. La mitad del equipo de fútbol no se había convertido en zombis o en hombres lobo. No había ningún entrenador psico-demonio amenazándole si no le ayudaba a matar a sus compañeros de equipo. Bubba y Mark no eran unos lunáticos esgrimiendo una picana eléctrica.

Sabes, esto tenía posibilidades. Tal vez, ser normal no fuera tan malo. No le había ido tan bien siendo raro y pobre. Rico y bien vestido podría ser otra historia.

Sintiéndose mejor por todo aquello, Nick decidió dejar de quejarse por todo e intentar esta vida por un tiempo. Podría venirle bien.

Después de subir al jeep, se encaminó hacia la escuela, donde nadie lo miraba como si acabara de atropellar a su perro. De hecho, era preocupante la poca atención que atraía. A nadie parecía importarle, en absoluto, que estuviera allí.

Podría acostumbrarme a esto.

−Hola, Nick.

Le costó un segundo darse cuenta de que era Caleb… Fingerman, no Malphas, que se dirigía hacia él por el pasillo.

−Hola, Caleb.

−¿Te sientes mejor?

Frunció el ceño ante la pregunta de Caleb.

−¿Perdón?

−Llamé para ver como estabas y tu padre me dijo que no te sentías bien. Que te fuiste a la cama tan pronto como llegaste a casa, sin decir una palabra a nadie.

Sí, lo había hecho. Después de ir dando tumbos por la mansión hasta encontrar su habitación, había esperado que todo aquello fuese un mal sueño y despertara en casa.

Se quebró ese pensamiento.

−Si. Creo que fue sólo un virus. −Nick se dirigió a su taquilla. Cuando trató de abrirla, Madaug más grande y más mocoso, lo agarró y tiró de él para atrás.

−¿Qué estás haciendo, gilipollas? ¿Estas tratando de meter una carta de amor en mi taquilla o algo así?

Nick se deshizo de su agarre.

–Iba a mi taquilla.

Madaug lo empujó a través del pasillo.

−La tuya está por allí, imbécil. ¿Cuántos trozos de pintura comiste en el desayuno?

Con el ceño fruncido, Nick se encontró con la mirada preocupada de Caleb.

−¿Seguro que estás bien? Nick se volvió a colocar la mochila en el hombro.

−¿Sabes guardar un secreto?

−Siempre.

−Creo que tengo amnesia.

Los ojos de Caleb se agrandaron.

−¿De qué?

−Por ser golpeado contra las taquillas por los Neandertales esnifadores de mierda. −Nick le dirigió una mirada malvada a Madaug, al pasar junto a ellos−. Me parece que no puedo recordar nada. Como, ¿dónde está mi primera clase?

−¿Se lo dijiste a tus padres?

Nick negó con la cabeza.

−Ya sabes cómo es mi madre. No quiero ir a la Clínica Mayo para un padrastro. Me siento bien. Solo que no puedo recordar nada.

−Eso no es estar bien, Nick. Eso es un gran problema.

Sí, lo era. Pero no por las razones que Caleb pensaba.

−Por favor, no se lo digas a nadie, Caleb.

−Muy bien. Te ayudaré, pero si no mejoras, necesitas que te lo miren.

−Lo haré.

Caleb le mostró su taquilla y la abrió después de que Nick no fuera capaz de hacerlo.

–La combinación es el número del jersey de tu padre, el año de nacimiento de tu madre y el año en que el equipo de tu padre ganó el Super Bowl.

Él arqueó una ceja ante la disertación de Caleb.

−¿Cómo sabes eso?

Caleb se encogió de hombros.

−Hemos sido buenos amigos desde que nacimos. No hay nada acerca de ti que yo no sepa.

Sí, claro. No sabía que Nick no pertenecía a aquello y que en otra vida Caleb era un semidiós demonspawn gilipollas y que Nick era un mestizo demonkyn a su cargo y que le buscaban la mayoría de los seres no humanos.

No pienses en ello…

Agarrando su libro de química, Nick se puso de pie, cerró su taquilla y, a continuación, golpeó sus talones, uno contra el otro, tres veces.

Caleb le dirigió una mirada extraña

−¿Qué estás haciendo?

Nick suspiró profundamente.

−Ver si lo que le funcionó a Dorothy y a las brujas, funciona también para los demonspawn.

Él frunció el ceño.

−¿Dorothy? ¿Demonspawn? En nombre de la cordura ¿De que estás hablando?

−Nada. −Nick exploró el pasillo mientras metía su libro en su mochila−. ¿Y dónde está Kody?

−¿Qué Kody?

−Kennedy. Mi novia…más o menos. –Al menos lo era cuando no estaba tratando de matarle o de confundirle.

−¿Olvidaste también eso? Casey es tu novia.

Es lo que le había parecido en el baile, pero dados los bipolares asuntos del corazón de Casey, Nick no estaba deseoso de que renovaran su “amistad”. Honestamente, quería mantenerse apartado de ella por un tiempo.

Sólo para estar seguro.

−Sí, pero ¿dónde está Kody? −Caleb continuó mirándole como si le hubiera crecido otra cabeza.

−¿A qué escuela va?

¿Hablaba en serio?

−Aquí. Con nosotros.

Él negó con la cabeza.

−No tenemos una Kody en esta escuela, Nick.

Esa enferma y horrible sensación regresó a su estómago. ¿Ninguna Kody? ¿Cómo era eso posible? Si ella existía en su realidad, no tendría que estar también aquí?

Y si se había ido ¿Eso era bueno o algo verdaderamente malo?

−¡Hey, chicos! ¿Adivináis lo que hice?

Nick se encogió de miedo ante la nueva encarnación de Acherón mientras se unía a ellos. Aún no podía acostumbrarse o aceptar a esa persona como su amigo. Su Ash no era normal en ningún sentido de la palabra. Acherón era el rey gótico, más alto que Nick y el resto del mundo con sus más de dos metros diez de altura. Un guerrero de once mil años, Acherón era el epitome de malote letal.

Y con ese pensamiento, Nick sintió esa rara fisura familiar de poderes sobrenaturales cargando el aire entre ellos.

Definitivamente era la esencia de Acherón.

Pero tan pronto como la sintió, se fue y volvió a la normalidad.

−¿Nick? –Ash le puso la mano en el hombro para tranquilizarlo−. ¿Estás bien?

No. La cabeza le daba vueltas brutalmente, y por un momento, pensó que iba a desplomarse. Todo a su alrededor estaba tambaleándose, como si viera el mundo a través del agua. El dolor irradiaba por todo su ser y se asentó en la boca del estómago. Se miró la mano, que ya no parecía para nada humana. Su piel borboteó y luego se volvió traslúcida.

Por miedo de que alguien lo viera, apretó con fuera el puño y lo escondió bajo el faldón de su camiseta. Genial. Todo lo que necesito es convertirme en una medusa humana en frente de todo el mundo. No sería una explicación muy divertida que dar. Preferiría volver a la planta de interior favorita de su madre.

Y todo seguía tambaleándose aún. Algo malo le pasaba, y necesitaba encontrar ayuda de verdad. Alguien que pudiera decirle qué estaba pasando y en qué realidad estaba su…

¿Su mundo? ¿O el que pensaba que conocía?

¿Qué pasaba si todo lo que había vivido hasta ahora había sido un sueño? O peor. ¿Y si no lo era?

Lamiéndose los labios, Nick enfrentó la mirada confusa de Ash.

−Yo, eh… me encuentro mal. Necesito… Necesito salir. Ir a ver al médico sobre el que me hablaste.

Le entregó la mochila a Caleb y se encaminó a la puerta.

−¡No puedes abandonar el campus! –siseó Caleb.

Nick gruñó por el pánico de Caleb.

−Detenme.

Abrió la puerta y fue directo a la calle. Sí, quizá se metiera en problemas luego, pero ahora mismo no le importaba. Olvida la mierda normal. Necesitaba respuestas. De alguien.

Corriendo por Royal, fue a la tienda de Bubba, la Triple B. Pero en lugar de la tienda de ordenadores y armas de Bubba, estaba en un salón de belleza…

Todo el interior era rosa y blanco. De chica. Bubba se moriría al verlo. Su precioso santuario había sido profanado por rulos y lociones para las manos. Por peluquines.

Había harapos de diseñadores famosos en lugar de clases de supervivencia zombi.

No había rastro de la tienda donde Nick había pasado los últimos años aprendiendo sobre ordenadores, teorías de conspiración lunáticas, y estando pendiente de ataques zombis sancionados por el gobierno.

Aprendiendo cómo protegerse de los no-muertos, los indeseables, y lo desconocido. Era extraño, pero echaba de menos a Bubba y Mark. Demonios, incluso echaba de menos el hedor del desodorante anti-zombis de orina de pato que usaba Mark.

Apesadumbrado y desorientado, Nick se dirigió a la calle donde la tienda de muñecas de Liza llevaba en marcha desde antes de que naciera. Igual que la tienda de Bubba, no estaba. En lugar de unas estanterías de cristal llenas de muñecas de porcelana y vinilo hechas a mano, algunas de ellas también valían como armas, estaba otra ubicua tienda antigua.

Esto no está bien. Quería llorar por la ausencia de la gente que conocía y de la que se preocupaba.

Por muy locos y excéntricos que fueran, eran su familia. No podía soportar el pensamiento de no volverles a ver.

¿Qué le habría pasado a Liza?

Con sus sentidos dando vueltas, Nick se abrió paso a Canal para coger el tranvía y poder llegar a casa de Kyrian en Garden District. Bubba dijo que Nik tenía un trabajo.

Quizá, solo quizá, aún trabajaba para Kyrian.

Quizá esa parte de su vida no había cambiado. Por favor, dame algo a lo que agarrarme.

Desesperadamente, se aferró a esa esperanza. Algo tenía que tener sentido. Algo tenía que ser igual. ¿Verdad?

Saliendo del tranvía, Nick no estaba seguro de qué esperar, especialmente por lo que todo había sido hasta el momento. Pero Kyrian aún estaba en esta realidad, tenía que ser un Dark-Hunter… ¿no?

No seas un abogado. O algo igual de banal. No como lo que le habían hecho a Acherón. Nick no estaba seguro de que pudiera manejar ese tipo de shock otra vez.

Caminó más despacio mientras atravesaba una mansión anterior a la Guerra Civil de color azul apagado. Las ventanas estaban abiertas y alguien tocaba el piano. Aunque él era católico, conocía el popular himno baptista que era común entre los músicos callejeros que cantaban en el Quarter. Era uno que la abuela de Tyree tarareaba a menudo cuando desvainaba judías en el porche cuando era un niño.

Y cuando la desconocida voz de mujer empezó el compás de “Will the Circle Be Unbroken”, sintió que un escalofrío recorrió su columna.

«Hay un hogar mejor esperando. En el cielo, Señor, en el cielo.»

En el mundo de Nick, la versión demoníaca de Caleb le había dicho que escuchara las señales que el universo le enviaba. Eran advertencias y guías.

¿Sería esta una de ellas?

¿Significaría que este era su nuevo hogar y que se quedaría atrapado aquí para siempre?

Demasiado asustado para considerar qué significaría para él, cruzó la calle y se abrió paso a casa de Kyrian. No recordó hasta que llegó a la entrada que no tenía por qué haber cogido el tranvía después de todo. Podría haber ido en su Jeep. Pero se las había apañado sin carnet todo este tiempo… Era difícil recordar que ya no tenía por qué caminar más.

Y quizá también era una señal. Su vida, y su cuerpo, estaban cambiando más rápido de lo que podía controlar.

Nick se paró a mitad de la entrada cuando se dio cuenta de otra cosa: No había ninguna puerta cerrada que previniera que alguien entrara en la propiedad. No era un buen presagio. Kyrian no serían tan lánguido. No con su seguridad, y definitivamente no con todas las cosas que iban tras él. Mierda.

Frío y lleno de miedo, Nick subió las blancas escaleras y se aproximó a la familiar puerta. Por favor, que responda Rosa… por favor.

Las lágrimas emborronaron su visión mientras todos sus instintos le decían que corriera. Que no descubriera lo que había al otro lado de la puerta.

Pero tenía que saberlo. De una forma u otra. Y los Gautiers no eran cobardes en ningún sentido de la palabra. Cualquier cosa que les deparara el destino, ellos lo encaraban con la cabeza alta. Preparados para lo peor. Nick se forzó a picar a la puerta.

Una mujer anciana en una especie de mono morado, que llevaba un pequeño Pomeranian dorado, respondió.

−¿Sí?

−Em… −Nick tragó saliva con fuerza, esperando que esa fuera la forma alternativa de Rosa en este mundo. Acherón y Caleb ahora eran bichos raros. Madaug era guay. También podía pasarle a Rosa−. ¿Está el señor Hunter en casa?

Ella frunció el ceño.

−Lo siento. No hay nadie aquí con ese nombre.

Sus palabras le golpearon como un puño mientras sentía que su esperanza se desvanecía. No se había dado cuenta hasta ese momento que había estado aguantando la respiración, rezando por ver un indicio de su antigua vida en frente de él.

Maldita sea.

−Perdone que le haya molestado, señora. Me han debido dar mal la dirección.

Sintiéndose aún peor que antes, Nick se dio la vuelta. Sólo había llegado hasta los escalones cuando la voz de la mujer le detuvo.

−Ahora que lo dices… Creo que he comprado esta casa a alguien llamado Hunter.

Lleno de esperanza, se volvió para mirarla.

−¿Kyrian?

−¡Sí! Eso es. Lo recuerdo porque no es muy frecuente.

Kyrian había vivido aquí. Era una buena señal.

−¿Sabe dónde fue?

La pena oscureció sus ojos mientras acariciaba con fuerza la cabeza del perro.

−Está con Jesús, cielo. Lo siento. Compramos la casa como parte de una venta estatal después de que ese pobre hombre fuera asesinado en el Quarter… Pero eso fue hace… cielos… veinticinco o treinta años. Mucho antes de que tú nacieras. ¿Cómo le conoces?

Nick pestañeó para contener las lágrimas que de repente atascaron su garganta.

−Era como de la familia para mí.

−Oh cielo, lo siento mucho. ¿Necesitas que llame a tu madre? ¿O a alguien? ¿Estás bien?

Nick asintió.

−Sí, señora. Estoy bien. Mi madre no necesita saber que estuve aquí. Perdone que la haya molestado.

Completamente aturdido, volvió a la calle mientras sus palabras se hundían en su corazón como garras. Kyrian estaba muerto.

¿Significaba eso que Kyrian había sido un Dark-Hunter? ¿Qué había muerto en acción mientras intentaba proteger a los humanos? ¿O que había sido normal y también vivió durante este periodo de tiempo?

Bah, intentar resolverlo hizo que sintiera que su cabeza estaba a punto de explotar.

Soy demasiado joven para esto. Debería estar en casa jugando infames cantidades de juegos de la Nintendo. Saliendo con sus amigos, hablando sobre chicas y manga. O haciendo cualquier cosa que hicieran los chicos normales.

−¡Ay! ¡Oye! ¿Hola? Estoy aquí.

Se sobresaltó con el rabioso grito mientras se daba cuenta de que había estado tan centrado en sus pensamientos que había chocado sin querer con alguien en la esquina.

−Lo siento.

Miró a un par de familiares ojos azules y una cara que conocía muy bien, aunque su pelo era castaño y un lío de rizos encrespados en lugar del negro oscuro al que estaba acostumbrado.

−¿Tabitha?

Con un sonido exasperado, ella puso los ojos en blanco.

−Por favor, no me digas que eres uno de la banda del zoo de Tabitha. Aunque para ser honesta, normalmente ellos nunca nos confunden−. Le tendió la mano−. Soy su hermana Selena. ¿Y tú eres?

−Nick –Le dio la mano mientras la esperanza surgía de nuevo en su interior. Por favor, Dios. Déjame este pedacito…−. ¿Tabby sigue persiguiendo a los no-muertos?

−Oh dios… Sí que la conoces.

Riendo por el alivio de algo conocido, se percató de la apariencia poco ortodoxa de Selena. Llevaba una falda bordada morada y un top blanco con una chaqueta de cuero marrón con flecos. Por no mencionar el poster morado y rosa con la lista de precios de Lectora de Cartas de Tarot que llevaba bajo el brazo.

−¿Eres psíquica?

Ella arqueó una ceja.

−Obviamente, tú no lo eres. Y, ahora que lo pienso, observador tampoco. Segundo strike para ti.

Por una vez, él ignoró su sarcasmo. Estaba demasiado agradecido por tener a alguien “normal” y familiar a su alrededor. Y ahora mismo, conseguir respuestas era mucho más importante que responderle con una réplica igual de desagradable.

−¿Crees en las vidas pasadas, los universos alternativos y todo eso?

−Por supuesto que sí. Es lo que me paga el alquiler.

Estaba haciendo cada vez más difícil retener su pedantería.

−No, lo digo en serio.

Selena le miró fijamente con el ceño fruncido.

−Y yo también. No soy uno de esos farsantes que hay por la calle. Creo de verdad en lo que hago. Y sé a ciencia cierta que es real.

−Entonces, ¿puedes ayudarme?

−¿Ayudarte a qué?

−A encontrar mi camino a casa.

                                    

Fuente y traducción: Fans Sherrilyn Kenyon Spain

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