Extracto de “Styxx”: Primera Batalla

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Mensaje de Sherrilyn Kenyon: Por favor tened en cuenta que este extracto contiene un lenguaje muy fuerte, así como situaciones para adultos y spoilers.

ANTES DE LA BATALLA

25 de Octubre del 9532 A. C.

Styxx dejó escapar un largo suspiro. Mañana, estarían en la batalla. En las últimas horas, había trabajado con Galen en el discurso que iba a pronunciar ante sus hombres para alentarlos, unirlos e inspirarlos para la guerra.

Mientras cabalgaba al frente para pronunciarlo, los pensamientos hostiles hacia el ejército de Didymos le asaltaron como flechas de fuego rápido.

¿Tenemos que seguir a ese maricón a la batalla? ¿En serio?

¿El rey nos insulta enviándonos a un muchacho cuando necesitamos un hombre al timón?

¿Cuándo se convirtió Dídymos en una broma? Los otros griegos se burlan de nosotros ¿y por qué no habrían de hacerlo? Estamos guiados por un niño imberbe que aún debe chupar de la teta de su madre.

Pero lo que realmente hería era que aquellos pensamientos reflejaban los suyos propios. Por lo menos los que no eran de naturaleza sexual.

(AQUÍ SE BORRO UN GRAN SPOILER)

Era extremadamente desconcertante saber que ellos estarían a su espalda mañana…

Fuertemente armados.

Styxx tiró de las riendas de Troya para poder dirigirse a ellos con Galen, a su lado montado a caballo. Su estómago se contrajo cuando se enfrentó a su desprecio y al absoluto y evidente desdén. Aunque estaba acostumbrado a ello, por alguna razón, eso hoy le incomodaba más.

Debido a que estás a punto de pedirles que mueran por ti y te van a odiar por ello.

Miró el pergamino en sus manos temblorosas y las palabras que con tanto cuidado habían escrito. No puedo leer esto. A ellos les sonaría poco sincero y estaban bastante cabreados. Con su suerte, pensarían que se estaba burlando de ellos y le atacarían.

Es mejor abordar sus verdaderas preocupaciones.

—Mira al maricón real. Está demasiado asustado para hablar. ¿Cómo se supone que nos va a guiar en la batalla está niña asustada?

—¿Ese va a ser nuestro futuro rey? Los dioses nos ayuden.

—¿Es demasiado tarde para desertar al ejército tracio?

Levantando el mentón, Styxx se obligó a enfrentarlos. Se aclaró la garganta y luego arrugó el pergamino de su mano. Por favor, no dejes que me tiemble la voz.

—Sé lo que estáis pensando todos vosotros…

—¿Qué patético maricón nos guía?

Aquellas palabras fueron desagradables, pero Styxx apretó los dientes con el único pensamiento que sonaba en su cabeza más alto que los demás:

—Venimos a luchar por un rey que manda a su inútil hijo para que se quede detrás y vernos morir… lo menos que podrías hacer es compartir tu dulce culito antes de pedirnos que muramos por él.

La animosidad y las críticas aumentaron hasta que Styxx no pudo hablar. Ellos estaban en lo cierto. Él no tenía nada que hacer aquí. Tal vez ese era el plan de su padre. Que le matara su propio pueblo.

—¡Basta! —Rugió Galen.

Sólo entonces Styxx se dio cuenta de que no sólo ellos habían estado pensando en sus hostilidades, muchos también las habían estado gritando.

El veterano al que ellos respetaban les fulminó con la mirada.

—Deberíais avergonzaros de vosotros mismos. El príncipe, él mismo, vino aquí a agradeceros personalmente vuestro servicio. Sin embargo, una gran cantidad de vosotros os burlasteis y le hablasteis con desprecio. Humilláis a un guerrero que tiene más valor que toda la caballería griega. Cualquier otro Strategos (comandante en jefe supremo de un cuerpo militar terrestre) os hubiera golpeado por este atrevimiento. Y no voy a verlo tan degradado e insultado cuando no conocéis ninguna de sus tremendas habilidades o de su propio carácter noble. Juré después de nuestra guerra contra Phthia que nunca volvería a sangrar en la batalla para cualquier rey o causa. Tampoco voy a luchar por cualquier bandera. Sin embargo, aquí estoy el día de hoy. ¿Por qué? —Galen puso su mano sobre el hombro de Styxx—. Porque he visto, a pesar de su corta edad, la sabiduría y el coraje de nuestro Strategos. Y es un honor para mí luchar bajo su bandera. ¿Cuántos hombres de la edad de nuestro príncipe vendrían a la batalla con su ejército sin una sola palabra de protesta? El Príncipe Styxx podría estar en casa, en estos momentos, con una chica en su regazo y vino en la mano. En cambio, ha dejado a un lado sus propias comodidades y la seguridad para estar con todos vosotros mientras lucháis por su padre. No se merece el desprecio, sino más bien vuestro respeto.

—Eso no importa. De todos modos, estará muerto en la batalla de mañana.

—O follado en el culo por un héroe de la Atlántida, mientras se ahoga con los testículos de otro.

Su ejército se echó a reír mientras empezaban a hacer apuestas sobre quién sería el primero que jodiera con su príncipe.

Galen se dirigió a los soldados.

Styxx lo mantuvo a su lado.

—No tenemos que luchar entre nosotros mientras tenemos al enemigo en nuestras costas.

Con un tic golpeando furiosamente en su mandíbula, Galen le saludó y golpeó con las rodillas a su caballo.

Styxx miró a sus hombres y a continuación comenzó a hablar y se dio cuenta de que no había nada que pudiese decir que ellos no convirtieran en insulto o en ofensa. Se habían propuesto odiarle y, al igual que su madre y su hermana, no había manera de ganárselos. La única cosa que había aprendido de su bendita familia fue cuando dejar pasar algo y no tratar con una causa perdida.

Suspirando, le dio una palmada en el hombro a Galen y luego tiró de las riendas de su caballo para poder regresar a su tienda.

—¡Eso es lo correcto… regresa a tu cuna, muchacho, y deja a los hombres hacer su trabajo!-

Manteniendo su cabeza alta, Styxx ignoró sus risas. Por lo menos no era tan malo como la reunión de strategos.

Aunque sus soldados fueron crueles, los comandantes de noble origen, que se habían sentido insultados por su mera presencia y a los que no se había atrevido a dirigirles una sola palabra, le habían azotado más duro con su lengua que todas las reprimendas al servicio de su padre. Su piel estaba aun áspera y sangrante por los insultos feroces de ayer. Todos ellos le habían dejado de lado en la reunión.

Que así sea.

Si tenía suerte, todos tendrían razón y alguien le cortaría la cabeza en la batalla de mañana.

DESPUÉS DE LA BATALLA

27 de Octubre del 9532 A.C.

—Alteza, los hombres están deseando.. —la voz de Galen se interrumpió al ver a Styxx tendido en el suelo de su tienda.

Styxx no podía moverse. Apenas podía respirar. Cada parte de él se sentía como si hubiera sido pulverizado. Sólo podía imaginarse lo que debía parecer.

Completamente desnudo, se quedó mirando a su brazo, que estaba cubierto de moretones y sangre. Sin duda, parecía que todo estaría así.

A excepción de la cara. El dios había puesto todo su empeño en dejar su rostro intacto…

—¿Styxx? —Galen suspiró mientras le puso de espaldas.

Con su respiración dificultosa, se encontró con la mirada de su antiguo tutor.

—No digas… por favor.

Los ojos de Galen se llenaron de lágrimas mientras tiraba de él suavemente hacia su regazo, lo cubrió con su manto, y lo abrazó como nadie lo había hecho desde la noche en que su padre le había abierto un corte en el brazo.

Debo parecer una mierda total. No sabía que Galen pudiese tener cualquier tipo de tierna emoción.

Galen acunó la cabeza de Styxx en su pecho y lo meció como un niño.

—Nunca te traicionaría, mi príncipe.

Sólo entonces Styxx se relajó. Mientras que nadie lo supiera, encontraría una manera de vivir con esto, al igual que había vivido con todo lo demás que le habían hecho.

—Nunca debí haberte dejado sin protección. Supuse que te quedarías con los demás a celebrar tu victoria, pero debería haberte conocido mejor. —Galen le dio un beso paternal en la frente—. He oído a los hombres que derribaste al nieto de un dios y ya he visto antes sus represalias. Debería haberte avisado, mi señor. Lo siento mucho.

Styxx le palmeó el brazo.

—Está bien… Puedo aprender.

Galen le dio una sonrisa amarga.

—Tú eres el mejor alumno que he tenido.

Y te quiero como a un hijo, muchacho…

Los labios de Styxx se estremecieron al oír los pensamientos de Galeno.

—Sé que tenemos que irnos. Estoy seguro de que están listos para empaquetar la tienda.

—No puedes cabalgar en tu estado, Alteza.

—Sólo necesito un poco de agua para bañarme. Me las arreglaré para cabalgar.

—Styxx…

—Galen… No voy a mantenerlos aquí a ellos o a ti. Vámonos a casa.

Pero a casa no era donde realmente deseaba volver.

Por otra parte, lo único que deseaba en ese momento era una sola cosa, respirar sin dificultad.

                                                          

Fuente y traducción: Dark Hunters Spain

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