Nuevo Extracto de “Styxx”: Escena inédita entre Styxx y Acheron

prepare for war

Sólo conoces la mitad de la historia…
PREPARATE PARA LA GUERRA

—¿Aqueron? —Susurró Styxx, zarandeando a su hermano dormido para que despertara.

Poco a poco, Aqueron parpadeó abriendo los ojos, se los frotó con el puño y se sentó en la cama. Styxx empujó una rebanada de pan dulce a su rostro haciendo que Aqueron sonriera al verlo.

—Lo siento, no traje miel. Pero… —Styxx, abrió su pequeña bolsa de tela para mostrarle los dulces higos que traía—. Logré robar tus favoritos.

Los ojos plateados de Aqueron se iluminaron,

—¡Gracias! Pero no deberías haberlo hecho, te podrían haber atrapado.

Styxx se encogió de hombros.

—No me habrían herido por esto. —Al menos no físicamente, las palizas estaban reservadas para otros delitos. Aunque había lagunas veces que prefería ser golpeado a que le llamaran inútil o alguna otra cosa.

Contento de haber ayudado a su hermano, Styxx observó como Aqueron partía el pan.  Ya que ambos habían sido enviados a la cama sin cenar, Aqueron se estaba muriendo de hambre. Como de costumbre, Styxx no había sido capaz de dormirse, y una vez que el palacio estuvo en calma, se coló en la despensa.

—¿Qué comiste? —Preguntó Aqueron.

—El pan con tu miel. —Sonrió con un gesto de culpa.

Aqueron se hecho a reír.

—Eso estuvo mal por tu parte.

Styxx señaló la pequeña bolsa.

—Pensé que preferirías los higos.

—Podrías haberme dejado elegir.

—Y yo no tendría calambres en la tripa. Olía tan bien que no pude soportarlo. Tuve que comer un poco de camino aquí. Lo siento.

—Entonces  te perdonaré. —Aqueron le ofreció pan—. ¿Quieres más?

Sacudió la cabeza ante el ofrecimiento. A pesar de que estaba hambriento, sabía que Aqueron lo estaban aún mas.

Frunció el ceño mientras comía e inclinó la cabeza.

—¿No podías dormir otra vez?

—Lo intenté. —Morfeo le guardaba un rencor por razones que solo los dioses sabían. No importaba lo mucho que lo intentara, el sueño siempre le eludía.

Aqueron se echó para atrás en su pallet, haciendo mas espacio.

Agradecido de forma desmesurada, Styxx aceptó su tácita invitación y se acostó al lado de Aqueron.

A los pocos minutos estaba profundamente dormido.

Aqueron terminó su comida y después metió la bolsa en la túnica de Styxx. Lamiendo los restos de azúcar de sus dedos, se acurrucó detrás de Styxx, espalda con espalda, y colocó la planta de los pies en el borde de los de su hermano. Hasta donde podía recordar, habían dormido así cada vez que podían. A ninguno de los dos le gustaba estar solo o separado y, sin embargo, su familia estaba decidida a que así fuera. Era algo que ninguno de los dos entendía.

Cuanto deseaban ambos que les dejaran juntos y en paz.

Al que más quería era a Styxx.

Su hermano era el único que lo trataba como si fuera normal. Styxx no lo odiaba como lo hacían sus padres, o como Ryssa, que era propensa a adularle como si fuera la encarnación de un dios.

Eran hermanos. Jugaban, se reían y peleaban por lo que valía la pena. Pero cuando terminaba la pelea, se quitaban el polvo y volvían a ser amigos de nuevo.

Siempre y para siempre.

Cerrando los ojos, Aqueron oyó las voces que siempre estaban en su cabeza. Styxx las oía también. Pero mientras que Aqueron solo escuchaba la de los dioses, Styxx escuchaba esas y muchas, muchas mas. Esa era una de las razones por las que su hermano tenía dificultades para dormir. Cuando estaban juntos, las voces en la cabeza de Styxx dejaban de gritar y le devolvía la libertad para descansar. Entonces, Styxx solo escuchaba los pensamientos de Aqueron y éste tenía mucho cuidado con ellos.

En el momento en que estaban separados, las voces volvían a Styxx en venganza. La constante falta de sueño hacia que su gemelo estuviese irritable casi todos los días y le provocaban unos terribles dolores de cabeza. A veces eran unos dolores tan feroces que hacían que le sangrara la nariz y a menudo le hacía sentir nauseas.

Nadie entendía eso. Acusaron a Styxx de fingir el dolor. Ambos estaban aterrorizados de contar a los demás lo que escuchaban. Excepto Styxx, todo el mundo le odiaba lo suficiente como para desear darles alguna otra excusa para hacerlo.

Cuando Styxx había tratado de contarles a otros lo de las voces, había sido ridiculizado y castigado por mentir. Incluso Ryssa lo había acusado de hacerlo para llamar la atención. Así que, los dos, habían aprendido a guardar el secreto y no decírselo a nadie. Nunca.

Había muchos secretos que los dos compartían.

Y se habían prometido el uno al otro, que cuando crecieran y nadie pudiera detenerlos, dejarían ese lugar y se marcharían a otro donde la gente no los tratase tan mal.

Al igual que su hermano gemelo, Aqueron no podía esperar a que ese día llegase.

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