Extracto de “Styxx”: Bethany nos habla de su Hector

prepare for war
Sólo conoces la mitad de la historia…
PREPARATE PARA LA GUERRA

13 de septiembre, 9530 A.C.

Bethany jugaba con el anillo en su dedo mientras esperaba, un día mas, una visita que seguramente nunca volvería a presentarse. Lo sabía.

Si no por la guerra, por la masacre que casi había destruido a las tropas estigias del Príncipe Styxx. Y si bien su familia había celebrado y reido sobre la tración de los perros griegos, las noticias habían sido un golpe para ella.

Hector tenía que estar muerto o ya hubiera regresado con ella.

Enferma del estómago y mas entristecida de lo que había estado nunca, comenzó a levantarse cuando sintió una súbita presencia cerca de ella.

—¿Quién está ahí?

Durante varios latidos de su corazón, no escuchó nada.

Entonces, un profundo y grave susurro la respondió.

—Un soldado cansado temeroso de haber sido olvidado o reemplazado.

Las lágrimas anegaron sus ojos y la ahogaban.

—Mi Héctor no ha sido olvidado y nunca podría ser reemplazado.

Solo entonces se arrodillo y la atrajo hacia el. Estaba mucho más delgado que antes, y también mucho más musculado. Sus músculos eran incluso más grandes y duros que antes. Ella acunó su cabeza en sus manos, mientras el la mecía entre sus brazos.

—Viví solo por tener la oportunidad de poder regresar y abrazarte de nuevo.

Las lágrimas de ella resbalaron por sus mejillas.

—Te odio por el dolor que me causaste en tu ausencia. ¡Bestia! El temor de que estuvieses muerto o quemado…

Aspiró bruscamente mientras ella le tocaba la espalda.

—¿Hector?

—He vuelto, pero no de una sola pieza.

La apartó y se sentó con cuidado en el suelo junto a ella.

—¿Qué ocurrió? ¿Por qué te quitaste mi amuleto?

—Una vez que llegamos a Grecia, tontamente me lo quité para jugar con el. No tenía ni idea de que estábamos a punto de ser atacados por nuestros propios aliados. Pero no tuve miedo…

Puso la mano de ella en su muñeca para mostrarla que el amuleto estaba de nuevo en su lugar.

—¿Fuiste herido?

—Sin duda, yo no me apuñale mi propia espalda. Aunque dada mi gran incompetencia, estoy sorprendido de no haber encontrado la manera de hacer eso mismo.

Ella le beso en su mejilla.

—¿Es solo tu espalda?

—Tristemente, no. Recibí catorce puñaladas en mi espalda, mano, costado y pecho y una en mi mejilla izquierda, solo para asegurar que me portara bien y para ser humillado.

 Ella tocó su cara.

 —No esa mejilla, cariño. Esa no me hubiera importado tanto.

 A pesar de la gravedad, ella se rió. Eso explicaba la peculiar forma en la que estaba sentado, pero…

 —No eres gracioso… ¿Puedo hacer algo para reconfortarte?

Atrajo la mano de ella hacia sus labios y olió su piel antes de mordisquear sus dedos, entonces la tendió a su lado con la mejilla izquierda de el hacia arriba.

—Me confortaste en el momento en que te vi aquí. Te juro que te has hecho mas guapa en mi ausencia.

Se tumbó enfrente de el.

—Tengo miedo de tocarte por temor a causarte dolor.

Colocó la mano de ella sobre su corazón y la mantuvo allí para que pudiera sentir el rápido palpitar a través de su chitón.

—Aunque me hicieras daño, lo disfrutaría.

—Eres masoquista.

—En efecto, lo soy. —Suspirando, puso su cabeza sobre su brazo, cerca de la cabeza de ella y la puso su mano en su mejilla para que pudiera sentir las expresiones en su cara.

—Lo que mas me duele después de todos estos meses es que no puedo hacerte el amor como lo he estado soñando cada noche.

Ella movio su mano para jugar con los rizos de el que se enroscaban alrededor de sus dedos. Su pelo era ahora mas corto que cuando se marchó, pero aun era lo bastante largo como para juguetear con el.

—¿Te han dicho alguna vez que tu voz es muy parecida a la del príncipe Styxx?

—¿Y cuando has escuchado su voz, mi señora?

—Muchas veces cuando él aparece en público. Pero no eres como él.

 —¿Cómo somos de diferentes?

Ella besó su nariz.

—Tu eres dulce y querido. Y no hay una pizca de arrogancia en todo tu cuerpo.

—Quizás el príncipe no es tan malo como supones.

Arqueó una ceja ante eso.

—¿Le defiendes?

—He sufrido y sangrado por él durante los muchos meses que han pasado. Tendría que ser un bastardo real para no defenderlo ahora.

Ella le puso mala cara.

—No discutamos sobre mi opinión acerca de tu despreciable príncipe. Tu eres el único hombre en el que deseo pensar ahora mismo.

Le besó suavemente en los labios.

—Te he echado tanto de menos.

Styxx cerró sus ojos mientras ella le lamia y jugaba con su barbilla. Solo por esto valía la pena haber regresado.

Sin embargo, ese pensamiento le hizo sonreír, el miedo hizo que le doliera el estómago. El había oído el mismo menos precio en su voz cuando habló del príncipe al igual que lo hacía su familia. ¿Cómo reaccionaría ella si supiera quien era él realmente?

No importaba el hecho de que la hubiera mentido durante casi tres años.

Ella le odiaría mucho más de lo que nadie lo hubiera hecho y lo peor es que nunca le perdonaría. Pensaría que se había estado riendo de ella, como Ryssa, acusándole de cosas horribles que nunca había pensado, hecho o intentado. Y si alguna vez ella supiera del trato miserable y degradante al que le había obligado Apolo…

Sentía ganas de vomitar mientras el miedo y el odio se mezclaban en el interior de su corazón.

¿Por qué no puedo encontrar a alguien que pueda aceptar lo que soy? El único que lo hizo fue Galen. Sólo él vio el corazón de Styxx y entendió sus verdaderas intenciones y acciones.

—¿Por qué estás tan triste? ¿He dicho algo malo?

—No —Era mentira y verdad a la vez. No quería censurar sus palabras a cerca de el. Ni siquiera cuando le dieron una patada en la entrepierna y lo dejaron sangrando—. No soy como el chico que te dejó, Beth. Temo que la guerra me haya cambiado.

—¿Cómo es eso?

—En una manera que es difícil de determinar. Pasé casi dos años con sangre, y partes del cuerpo, hasta los tobillos. He sostenido las manos de ancianos y niños pequeños hasta su último aliento. He visto chicos que eran demasiado jóvenes, e incluso no lo suficientemente mayores como para afeitarse todavía, diezmados por enfermedades que no podíamos tratar. Quemábamos a los muertos, día y noche hasta que el hedor se alojó permanentemente en mi garganta y en mi nariz. Había días en que la lucha era tan fuerte que las flechas y las lanzas enemigas bloqueaban el sol.

A Bethany se le encogió el corazón al escuchar el dolor en su voz. Conocía cada una de las batallas de las que hablaba y de los horrores. Pero esta era la primera vez que lo había visto a través de los ojos del hombre que había luchado en ellas. Hombres que no sabían si vivirían o si perderían una parte de su cuerpo…

Nunca antes había comprendido el temor de las familias dejadas atrás y lo difícil que era esperar a un ser querido al que tal vez nunca volvería a ver. Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras deseaba poder borrarle esos recuerdos.

—¿Cómo lo soportaste?

—Pensaba en ti. Sabiendo que estabas aquí, contando con que regresaría… que llorarías si no lo hacía… No estoy seguro de lo que habría hecho en algunas de las batallas si no hubieras estado en mi corazón.

Frotó la mano de ella contra la línea de su mandíbula.

—Definitivamente no hubiera cabalgado hasta casa tan rápido.

Ella sonrió por su humor y le besó.

—No quiero estar de nuevo sin ti.

—Espero que no lo hagas. He oído que las ciudades-estado han pactado otra tregua que debería durar.

El estómago de Bethany se contrajo por sus palabras. Ella sabía exactamente cómo de temporal seria la tregua.

—Prométeme, si algo pasa y tenemos que ir a la guerra otra vez, que no pelearás.

—No puedo hacer eso, Beth.

—¿Por qué no?

Styxx apretó los dientes mientras buscaba una razón que pudiera darle y que no revelara su verdadera identidad.

—¿Cómo puedo estar en casa sabiendo que los hombres que han luchado a mi lado y que me han protegido, hombres que han sangrado para protegerme, van a morir? Por difícil que sea vivir con los recuerdos de la guerra, nunca soportaría verme a mi mismo como un cobarde –

Ella no tomó bien sus palabras, pero no dijo nada en contra de ellas.

Inclinándose hacia delante, Styxx mordisqueó los labios, deleitándose con el sabor de lo que mas había echado de menos.

—Estoy cansado de hablar y pensar sobre la guerra. Dime, ¿Cómo has estado? ¿Está tu tío aún enfadado contigo? ¿Tu madre ha matado finalmente a tu tía? ¿Cómo está tu hermana? ¿Tu abuelo consiguió que su hermano le devolviera su espada?

Bethany se sorprendió por sus palabras.

—No puedo creer que recuerdes todo eso.

—No hay nada de ti que haya olvidado.

                                    

Fuente y traducción: Dark Hunter España

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