Nuevos bocetos de Styxx

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Styxx y Bethany

Hay nuevos dibujos creados por Styxx, como el que encabeza éste post. ¿Conoces a Toiran o a Galen? Ambos muy importantes para Styxx tienen ya su boceto en su cuaderno de dibujos, visitalos en en la red social Pinterest de Sherri, aquí

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Extracto de “Styxx”: Bethany nos habla de su Hector

prepare for war
Sólo conoces la mitad de la historia…
PREPARATE PARA LA GUERRA

13 de septiembre, 9530 A.C.

Bethany jugaba con el anillo en su dedo mientras esperaba, un día mas, una visita que seguramente nunca volvería a presentarse. Lo sabía.

Si no por la guerra, por la masacre que casi había destruido a las tropas estigias del Príncipe Styxx. Y si bien su familia había celebrado y reido sobre la tración de los perros griegos, las noticias habían sido un golpe para ella.

Hector tenía que estar muerto o ya hubiera regresado con ella.

Enferma del estómago y mas entristecida de lo que había estado nunca, comenzó a levantarse cuando sintió una súbita presencia cerca de ella.

—¿Quién está ahí?

Durante varios latidos de su corazón, no escuchó nada.

Entonces, un profundo y grave susurro la respondió.

—Un soldado cansado temeroso de haber sido olvidado o reemplazado.

Las lágrimas anegaron sus ojos y la ahogaban.

—Mi Héctor no ha sido olvidado y nunca podría ser reemplazado.

Solo entonces se arrodillo y la atrajo hacia el. Estaba mucho más delgado que antes, y también mucho más musculado. Sus músculos eran incluso más grandes y duros que antes. Ella acunó su cabeza en sus manos, mientras el la mecía entre sus brazos.

—Viví solo por tener la oportunidad de poder regresar y abrazarte de nuevo.

Las lágrimas de ella resbalaron por sus mejillas.

—Te odio por el dolor que me causaste en tu ausencia. ¡Bestia! El temor de que estuvieses muerto o quemado…

Aspiró bruscamente mientras ella le tocaba la espalda.

—¿Hector?

—He vuelto, pero no de una sola pieza.

La apartó y se sentó con cuidado en el suelo junto a ella.

—¿Qué ocurrió? ¿Por qué te quitaste mi amuleto?

—Una vez que llegamos a Grecia, tontamente me lo quité para jugar con el. No tenía ni idea de que estábamos a punto de ser atacados por nuestros propios aliados. Pero no tuve miedo…

Puso la mano de ella en su muñeca para mostrarla que el amuleto estaba de nuevo en su lugar.

—¿Fuiste herido?

—Sin duda, yo no me apuñale mi propia espalda. Aunque dada mi gran incompetencia, estoy sorprendido de no haber encontrado la manera de hacer eso mismo.

Ella le beso en su mejilla.

—¿Es solo tu espalda?

—Tristemente, no. Recibí catorce puñaladas en mi espalda, mano, costado y pecho y una en mi mejilla izquierda, solo para asegurar que me portara bien y para ser humillado.

 Ella tocó su cara.

 —No esa mejilla, cariño. Esa no me hubiera importado tanto.

 A pesar de la gravedad, ella se rió. Eso explicaba la peculiar forma en la que estaba sentado, pero…

 —No eres gracioso… ¿Puedo hacer algo para reconfortarte?

Atrajo la mano de ella hacia sus labios y olió su piel antes de mordisquear sus dedos, entonces la tendió a su lado con la mejilla izquierda de el hacia arriba.

—Me confortaste en el momento en que te vi aquí. Te juro que te has hecho mas guapa en mi ausencia.

Se tumbó enfrente de el.

—Tengo miedo de tocarte por temor a causarte dolor.

Colocó la mano de ella sobre su corazón y la mantuvo allí para que pudiera sentir el rápido palpitar a través de su chitón.

—Aunque me hicieras daño, lo disfrutaría.

—Eres masoquista.

—En efecto, lo soy. —Suspirando, puso su cabeza sobre su brazo, cerca de la cabeza de ella y la puso su mano en su mejilla para que pudiera sentir las expresiones en su cara.

—Lo que mas me duele después de todos estos meses es que no puedo hacerte el amor como lo he estado soñando cada noche.

Ella movio su mano para jugar con los rizos de el que se enroscaban alrededor de sus dedos. Su pelo era ahora mas corto que cuando se marchó, pero aun era lo bastante largo como para juguetear con el.

—¿Te han dicho alguna vez que tu voz es muy parecida a la del príncipe Styxx?

—¿Y cuando has escuchado su voz, mi señora?

—Muchas veces cuando él aparece en público. Pero no eres como él.

 —¿Cómo somos de diferentes?

Ella besó su nariz.

—Tu eres dulce y querido. Y no hay una pizca de arrogancia en todo tu cuerpo.

—Quizás el príncipe no es tan malo como supones.

Arqueó una ceja ante eso.

—¿Le defiendes?

—He sufrido y sangrado por él durante los muchos meses que han pasado. Tendría que ser un bastardo real para no defenderlo ahora.

Ella le puso mala cara.

—No discutamos sobre mi opinión acerca de tu despreciable príncipe. Tu eres el único hombre en el que deseo pensar ahora mismo.

Le besó suavemente en los labios.

—Te he echado tanto de menos.

Styxx cerró sus ojos mientras ella le lamia y jugaba con su barbilla. Solo por esto valía la pena haber regresado.

Sin embargo, ese pensamiento le hizo sonreír, el miedo hizo que le doliera el estómago. El había oído el mismo menos precio en su voz cuando habló del príncipe al igual que lo hacía su familia. ¿Cómo reaccionaría ella si supiera quien era él realmente?

No importaba el hecho de que la hubiera mentido durante casi tres años.

Ella le odiaría mucho más de lo que nadie lo hubiera hecho y lo peor es que nunca le perdonaría. Pensaría que se había estado riendo de ella, como Ryssa, acusándole de cosas horribles que nunca había pensado, hecho o intentado. Y si alguna vez ella supiera del trato miserable y degradante al que le había obligado Apolo…

Sentía ganas de vomitar mientras el miedo y el odio se mezclaban en el interior de su corazón.

¿Por qué no puedo encontrar a alguien que pueda aceptar lo que soy? El único que lo hizo fue Galen. Sólo él vio el corazón de Styxx y entendió sus verdaderas intenciones y acciones.

—¿Por qué estás tan triste? ¿He dicho algo malo?

—No —Era mentira y verdad a la vez. No quería censurar sus palabras a cerca de el. Ni siquiera cuando le dieron una patada en la entrepierna y lo dejaron sangrando—. No soy como el chico que te dejó, Beth. Temo que la guerra me haya cambiado.

—¿Cómo es eso?

—En una manera que es difícil de determinar. Pasé casi dos años con sangre, y partes del cuerpo, hasta los tobillos. He sostenido las manos de ancianos y niños pequeños hasta su último aliento. He visto chicos que eran demasiado jóvenes, e incluso no lo suficientemente mayores como para afeitarse todavía, diezmados por enfermedades que no podíamos tratar. Quemábamos a los muertos, día y noche hasta que el hedor se alojó permanentemente en mi garganta y en mi nariz. Había días en que la lucha era tan fuerte que las flechas y las lanzas enemigas bloqueaban el sol.

A Bethany se le encogió el corazón al escuchar el dolor en su voz. Conocía cada una de las batallas de las que hablaba y de los horrores. Pero esta era la primera vez que lo había visto a través de los ojos del hombre que había luchado en ellas. Hombres que no sabían si vivirían o si perderían una parte de su cuerpo…

Nunca antes había comprendido el temor de las familias dejadas atrás y lo difícil que era esperar a un ser querido al que tal vez nunca volvería a ver. Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras deseaba poder borrarle esos recuerdos.

—¿Cómo lo soportaste?

—Pensaba en ti. Sabiendo que estabas aquí, contando con que regresaría… que llorarías si no lo hacía… No estoy seguro de lo que habría hecho en algunas de las batallas si no hubieras estado en mi corazón.

Frotó la mano de ella contra la línea de su mandíbula.

—Definitivamente no hubiera cabalgado hasta casa tan rápido.

Ella sonrió por su humor y le besó.

—No quiero estar de nuevo sin ti.

—Espero que no lo hagas. He oído que las ciudades-estado han pactado otra tregua que debería durar.

El estómago de Bethany se contrajo por sus palabras. Ella sabía exactamente cómo de temporal seria la tregua.

—Prométeme, si algo pasa y tenemos que ir a la guerra otra vez, que no pelearás.

—No puedo hacer eso, Beth.

—¿Por qué no?

Styxx apretó los dientes mientras buscaba una razón que pudiera darle y que no revelara su verdadera identidad.

—¿Cómo puedo estar en casa sabiendo que los hombres que han luchado a mi lado y que me han protegido, hombres que han sangrado para protegerme, van a morir? Por difícil que sea vivir con los recuerdos de la guerra, nunca soportaría verme a mi mismo como un cobarde –

Ella no tomó bien sus palabras, pero no dijo nada en contra de ellas.

Inclinándose hacia delante, Styxx mordisqueó los labios, deleitándose con el sabor de lo que mas había echado de menos.

—Estoy cansado de hablar y pensar sobre la guerra. Dime, ¿Cómo has estado? ¿Está tu tío aún enfadado contigo? ¿Tu madre ha matado finalmente a tu tía? ¿Cómo está tu hermana? ¿Tu abuelo consiguió que su hermano le devolviera su espada?

Bethany se sorprendió por sus palabras.

—No puedo creer que recuerdes todo eso.

—No hay nada de ti que haya olvidado.

                                    

Fuente y traducción: Dark Hunter España

Información jugosa sobre “Styxx” y nuevas imágenes

urian

Urian

Hay nuevas fotos en el cuaderno de dibujo en la red social Pinterest de Sherri, aquí.

Y el Staff ha dicho unas cuantas cosas:

Para responder a preguntas que estamos recibiendo, sí, Urian es un personaje importante en “Styxx” y también hay mucho de Savitar. Aprenderemos un secreto interesante de Sav. Veremos a Stryker antes de que fuera un Daimon. Ash es parte integral de la misma y aparece durante todo el libro. Apolo y Artemisa están en él con su propio secreto.

                                    

Fuente: Facebook de Sherrilyn Kenyon

Nuevo extracto de “Styxx”: Una escena, dos versiones

prepare for war

Sólo conoces la mitad de la historia…
PREPARATE PARA LA GUERRA

Sherri nos permite ver una increible escena que nos partio el corazon a mas de uno/a en el libro de Acheron, pero esta vez conoceremos la version de Styxx. Como siempre ha dicho Sherrilyn, siempre existen mas versiones de un mismo momento, de las que creemos. Aqui os dejamos a continuacion dos extractos de los libros de Acheron y Styxx, justo en la misma escena: Fecha 30 de Agosto de 9541 A.C.

AqueronExtracto “Acheron”

—¿Por qué me odian tanto, Ryssa?

Hice una pausa en mi telar para alzar la vista ante el tímido acercamiento de Acheron. A la edad de siete años, él era un muchacho increíblemente hermoso. Su pelo de oro brillaba en el cuarto como si hubiera sido tocado por los dioses que parecían haberlo abandonado.

—Nadie te odia, akribos.

Pero en mi corazón yo sabía la verdad.

Y él también.

Se me acercó más y vi la roja y colérica huella de una mano en su rostro. No había lágrimas en sus arremolinantes ojos de plata. Había crecido tan acostumbrado a ser golpeado que ya no parecía molestarlo.

Al menos, en ninguna otra parte, que en su corazón.

—¿Qué sucedió? —pregunté.

Apartó la mirada.

Dejé mi telar y atravesé la corta distancia hasta su lado. Me arrodillé frente a él y suavemente le quité el pelo rubio de su mejilla inflamada.

—Cuéntamelo.

—Ella abrazó a Styxx.

Yo sabía sin preguntar quién era ella. Él había estado con nuestra madre. Yo nunca había entendido como ella podía amarnos tanto a Styxx y a mí y, aún así, ser tan cruel con Acheron.

—¿Y?

—Yo también quería un abrazo.

Entonces lo vi. Las delatoras señales de un muchacho que no quería nada más que el amor de su madre. El superficial temblor de sus labios, el leve lagrimeo de sus ojos.

—¿Por qué me parezco tanto a Styxx y aún así soy anormal, mientras que él no lo es? No entiendo por qué soy un monstruo. No me siento como uno.

No podía explicárselo, ya que yo, a diferencia de los demás, nunca había visto la diferencia. Cómo lamentaba que Aqueron no conociera a madre como yo lo hacía.

Pero todos ellos lo llamaban monstruo.

Yo sólo veía a un chiquillo. Un pequeño niño que no quería nada más que ser aceptado por una familia que quería desposeerlo. ¿Por qué no podían mis padres mirarlo y ver el alma amable y suave que él era? Tranquilo y respetuoso, procuraba no dañar jamás a alguien o algo. Jugábamos juntos y nos reíamos. Sobre todo, lo sostenía mientras él lloraba.

Tomé su pequeña mano en la mía. Una mano suave. La mano de un niño. No había malicia en ella. Ningún crimen.

Acheron siempre fue un niño sensible. Mientras que Styxx procuraba lloriquear y quejarse sobre cada mínima cosa, cogía mis juguetes y aquellos de cualquier otro niño cerca de él, Acheron sólo había procurado hacer la paz. Consolar a aquellos a su alrededor.

Él parecía más mayor que un niño de siete años. Había momentos en que parecía incluso más mayor que yo.

Sus ojos eran extraños. Su arremolinado color plateado, traicionaba el derecho de nacimiento que lo vinculaba a los dioses. Pero con toda seguridad esto debería hacerlo especial no horrendo.

Le ofrecí una sonrisa que esperaba aliviara un poco su dolor.

—Un día, Acheron, el mundo sabrá exactamente el niño tan especial que eres. Llegará el día en que nadie te temerá. Ya lo verás.

Me moví para abrazarlo, pero él se retiró. Estaba acostumbrado a que la gente le hiciera daño y aunque él supiera que yo no lo haría, todavía estaba poco dispuesto a aceptar mi consuelo.

Cuando me puse de pie, se abrió la puerta a mi sala de estar. Un gran número de guardias entró en ella.

Asustada ante la visión, retrocedí sin saber lo que querían. Acheron aferró sus pequeños puños a la falda de mi vestido azul mientras se acurrucaba detrás de mi pierna derecha.

Mi padre y mi tío caminaron por entre los hombres hasta que se plantaron ante mí. Los dos eran prácticamente idénticos en aspecto físico. Tenían los mismos ojos azules, el mismo pelo rubio ondulado y la piel blanca. Aunque mi tío era tres años más joven que mi padre, uno nunca lo adivinaría al mirarlos. Podrían pasar fácilmente como gemelos.

—Te dije que estaría con ella —le dijo mi padre al tío Estes— Está corrompiéndola de nuevo.

—No te preocupes —dijo Estes— Me encargaré del asunto. Nunca más tendrás que preocuparte de él.

—¿Qué quieres decir? —pregunté, espantada por su tono terrible. ¿Acaso tenían la intención de matar a Acheron?

—No te importa —me contestó bruscamente mi padre. Nunca había oído un tono tan áspero viniendo de él antes. Hizo que se me helara la sangre.

Él agarró a Acheron y lo empujó hacia mi tío.

Acheron parecía aterrado. Alargó su mano hacia mí, pero mi tío lo cogió bruscamente por el brazo y lo apartó de un tirón.

—¡Ryssa! —me llamó Aqueron.

—¡No! —grité, tratando de ayudarle.

Mi padre me retiró y sujetó.

—Él va a un lugar mejor.

—¿A dónde?

—A la Atlántida.

Vi con horror como se llevaban a Acheron gritando por que yo lo salvara.

La Atlántida estaba a un largo camino de aquí. Demasiado lejos, y hasta hacía muy poco tiempo, habíamos estado en guerra con ellos. Yo sólo había oído cosas terribles sobre aquel lugar y sobre todos lo que allí vivían.

Alcé la vista a mi padre, sollozando:

—Estará asustado.

—Los de su clase nunca tienen miedo.

Los gritos de Acheron y las súplicas negaban aquellas palabras.

Mi padre podría ser un rey poderoso, pero estaba equivocado. Yo conocía el miedo dentro del corazón de Acheron.

Y conocía el miedo en el mío propio.

¿Volvería a ver a mi hermano algún día?

                                                                

styxxExtracto “Styxx”

Styxx apenas había acabado de vestirse unos minutos antes, cuando escuchó a Acheron y a Ryssa gritando.

En nombre del Olimpo, ¿qué pasa?

Generalmente, él era el único que gritaba con Ryssa. No era como si Acheron le reprochara algo a ella.

Pero cuando Styxx dejó su habitación, se dio cuenta de que era algo mucho peor que una pelea entre hermanos.

Los soldados estaban arrastrando a su hermano escaleras abajo. Aterrorizado, Styxx corrió detrás de ellos. No los alcanzó hasta que salieron fuera. Intentó alcanzar a su hermano, pero su padre le detuvo mientras Estes se llevaba a Acheron en brazos.

Styxx miró a su padre:

—¿Qué está pasando?

—Estes le lleva a vivir a la Atlántida.

Eso fue un golpe más duro que el que aun escocía en su cara.

—¿Qué? ¡No…! ¡No!

Styxx trató de soltarse del agarre de su padre para alcanzar a su hermano que estaba peleando con Estes tan fuerte como podía.

—Es lo mejor. Es un peligro para todos nosotros, especialmente para ti.

¿Cómo podían ser tan estúpidos? Su hermano era el único que nunca le haría daño intencionadamente.

—¡Acheron! ¡Por favor, padre! ¡No separes a mi hermano de mí! ¡Por favor!

—¡Styxx! —Aqueron tendió sus manos hacia él, mientras Styxx hacía lo que podía para alcanzarle.

Nadie les escuchó. Ni sintió pena ni compasión por los niños.

Con el corazón roto, Styxx lucho contra la sujeción de su padre y vio cómo su tío y su hermano se alejaban de su vista. Y cuando se fueron, supo que Estes no solo se había llevado a su hermano de su lado.

Se lo había llevado todo…

Completamente desolado por la pérdida de la compañía de Acheron, Styxx empujó la puerta abierta de la habitación de Ryssa. Sus sollozos habían sido incesantes. Durante horas, la había escuchado las palabras que describían sus mismos sentimientos azotándole. Pero si el gritaba como ella lo hacía por Acheron, su padre le golpearía por ello.

La devastadora soledad era horrible. Era como si alguien le hubiera cortado un brazo y le golpease con el.

Se sentía afligido y traicionado. Sin Acheron no tenía a nadie a quien acudir. Nadie con quien hablar. Nadie que le abrazara o que le asegurara que todo estaba bien cuando se hacía daño.

Estaba tan solo y tan completamente desesperado por que alguien le sostuviera.

—¿Ryssa?

Se alejó de su niñera que la había estado abrazando intentando reconfortarla en su dolor. Respirando hondo y de forma irregular, le miró como si fuese su culpa que Acheron se hubiese marchado.

—¿Qué quieres pequeña bestia?

Styxx se mordió el labio indeciso. Su carácter era extremadamente volátil. ¿Pero ahora que tenía que perder?

—Podría ser tu hermano pequeño, también… como Acheron.

Frunció los labios mientras más lagrimas se deslizaban por sus mejillas.

—¿Tú? Tú eres la razón por la que han apartado a mi hermano de mi lado. Solo porque te pareces a el, no te hace ser lo que es él. Nunca podrás ser mi Acheron. Eres solo una pobre copia de segunda clase de él. Apártate de mi vista. Me enfermas. —Gimiendo, enterró su cabeza contra el hombro de su niñera que la acariciaba tiernamente.

— Pero también puedo quererte hermana. Si me dejas.

Chillando saltó disparada de su niñera y le agarró del brazo con un doloroso pellizco.

—No quiero tu amor, mocoso. No sabes nada de como amar a los demás. Solo a ti mismo. —Le empujó hasta la puerta y se la cerró en la cara.

Los labios de Styxx temblaron mientras miraba fijamente la puerta con lágrimas en sus ojos.

—Podría aprender a amar si solo uno de vosotros me enseñara como. —Susurró.

Pero ninguno de ellos deseaba amarle y lo sabía. La única persona que le había amado se había ido ahora.
Arrancado de su lado.

No tengo a nadie.

Y él odiaba estar solo. Los gemelos no han nacido para estar separados. Él era solo la mitad de un todo.

Hermanos por siempre y para siempre.

Ese había sido su pacto.

Styxx se limpió las lágrimas de los ojos y se fue a la habitación de Acheron. Pero allí no había nada. Como su corazón y su alma, estaba vacía. La única pertenencia que quedaba en la habitación de Acheron era una gastada almohada.

Con lágrimas corriendo por sus mejillas, fue hacia la cama y agarró la almohada entre sus brazos y se fue a su habitación. Apretó su puño con su boca para reprimir sus sollozos mientras colocaba la almohada de Acheron en el suelo cerca de la pared. Se tumbó en ella y presionó la columna y los pies contra la pared intentando simular que era su hermano quien estaba detrás. Pero la pared estaba muy fría y aunque la almohada olía a Acheron no era lo mismo.

No podía sujetarle las manos o decirle reconfortantes palabras. Era solo una almohada.

Su hermano se había ido de su mundo. La pena y la agonía eran tan fuertes que no podía soportarlo. Se sentía como si alguien rebuscara en su pecho y le arrancase el corazón.

—¿Qué voy a hacer?

Styxx miró a sus caballos de madera y vio el que antes le trajo Estes ese día. La rabia nubló su visión. ¿Cómo se atrevía Estes a darle eso y después coger a Acheron? ¿Pensaba que un estúpido caballo podría reemplazar el amor de su hermano? ¿De verdad?

Incapaz de entenderlo, corrió hacia el baúl e hizo añicos los caballos. Los lanzó contra el suelo hasta que no quedó nada. No quería verlos nunca mas. ¡Nunca!

Cuando llegó al último de ellos, se paró. Era el caballo que Ryssa le había dado a Acheron por su cumpleaños dos años atrás.

—¿Lo guardarás por mi? Lloraría si lo perdiese.

Atrayéndolo hacia si, lo acunó entre sus brazos.

—No permitiré que le dañe nada. Acheron. Estará aquí hasta que regreses te lo prometo.

No importa donde vivieran o lo apartados que estuviesen. Aun eran hermanos.

Por siempre y para siempre.

                                    

Fuente y traducción: Dark Hunter España